CHAVISTAMENTE | Desbordado el cinismo

Carola Chávez

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Vivimos unos tiempos donde la verdad no importa, donde ya no hay espacio, ni siquiera para el disimulo. El tiempo donde nos ven las caras de idiotas que no tenemos, tiempos de las caras de tabla, la era del cinismo desbordado.

Tiempos de redes sociales llenas de filtros que perfilan narices enormes, agrandan ojitos diminutos, los aclaran, porque claros siempre son más bonitos –dicen las revistas, las cuñas, las novelas, la Barbie–, tiempos donde todo puede y maquillado, filtrado, manipulado para que parezca lo que no es. Tiempos donde un neolenguaje desfachatado vacía de contenido a las palabras, las reemplaza, las arruma y las borra. Tiempos donde la mentira se llama postverdad.

Tiempos de inmediatez, de irreflexión, de un clic automático sin espacio para la duda. Tiempos de no tener tiempo para leer más allá de un titular. El campo más fértil para el engaño.

Engaños que sustentan guerras difusas donde las bombas son el último recurso. Guerras largas, dolorosas, mortíferas, criminales como ninguna. Guerras que por no llamarse guerras pueden ser las más crueles, porque hasta las guerras tienen sus reglas, pero estas guerras difusas no tienen ni reglas, ni límites y, muchas veces, ni modos de señalarlas.

Tiempos de guerra global, guerras de distintos tonos, tamaños y formas, regadas por todo el mundo. Un entretejido de guerras dirigidas desde un solo comando con flux y corbata. Guerra global contra los pueblos.

Con los medios como arma principalísima se siembra la duda, la idea torcida, la mentira. Entonces las víctimas son convertidos en los culpables de sus propios males, las víctimas son fotochopeadas en victimarios, su queja en agresión, en malvada amenaza que siempre es pobre, negra, marrón, amarilla, pero nunca blanca, nunca rica, nunca del civilizado norte…

En este mundo vivimos del lado de los calumniados. Venezuela, un país que se rebeló contra el asqueroso destino que desde el norte pretendieron imponernos, es hoy el país más criminalizado por ese sistema de cloacas disfrazado de prensa y entretenimiento. Así, con ese poderoso complejo de cloacas mediáticas que le lava la cara, es que se atreve la Unión Europea a sancionar a un grupo de venezolanos por promover elecciones en su propio país.

Ya encontrarán la forma de explicar que promover elecciones es malo y dar golpes de Estado es chic. Ya la revista Hola y el periódico El País maquillaron al psicópata, golpista Leopoldo López de luchador demócrata. Ya el Efecto Tuyuyo está preparando uno de sus cínicos #SepaQue. Lo malo –para ellos– es que las mentiras mediáticas, así como las sanciones, son tantas y tan locas que cada vez menos pueden evitar que se les note el plumero.

Desbordado el cinismo se abre paso la verdad. Y es que eso de que tanto puede ir el cántaro al agua hasta que se rompe aplica también al cinismo y a la mentira. La verdad se impone, las sanciones nos afectaron a todos, por mucho que publicaron que no sería así. Por mucho que saquen titulares y reportajes, nadie en Venezuela quiere a los mamarrachos que desde Washington y Europa nos quieren imponer. Allá se inventarán y se tragarán sus propias mentiras, aquí cada sanción y cada agresión han servido para acercarnos a la verdad, incluso a quienes se negaban a verla. Cada sanción ha servido para que lográramos algo que hace unos años era impensable, que termináramos encontrándonos en un gran núcleo nacional chavistas, opositores y ninis, unidos en un objetivo común: el rescate y la defensa de nuestro país.

¡Nosotros, juntos, venceremos!

Carola Chávez