La Caraqueñidad | Nos sacamos el gordo en la Lotería de Caracas

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Como base y principio en esta casa no se apuestan caballos ni se vende lotería, replicó con voz entrecortada Marisol Obelmejías a una llamada telefónica que en tono engolado e inquisidor le hiciera el compadre Luis Marichales, a manera de chanza, ya que por esos días las autoridades capitalinas le metieron la lupa al creciente juego ilegal de envite y azar que proliferó en esa Caracas de antier no más…

Luego de risas y aclaratorias ambos concluyeron que es muy difícil erradicar el espíritu apostador intrínseco de la cultura lúdica del citadino de ayer… y de hoy.

La vía legal fue y es a través del ente de beneficencia pública gubernamental representado en su marca –o su producto–, Lotería de Caracas, cuyo primer sorteo legal fue el 25 de febrero de 1812.

Origen ítalohispano

Según los anales de la apuesta, el envite y el azar, el 9 de marzo de 1771 el infante Diego López, miembro del coro del colegio San Ildefonso –institución encargada de obras de caridad a favor de la orfandad y los pobres, sobre todo en esos días donde la peste causó estragos– fue el primero en cantar oficialmente un resultado público del naciente juego de la lotería.

El entonces ministro de Hacienda de Carlos III –monarca español instaurado en Nápoles y Sicilia–, el marqués Esquilache, dio a luz aquel sistema lúdico, de azar, efectivo para la recaudación de dineros públicos que se reinvertían en salud, construcción y obras sociales.

Fernando VI es sucedido por su hermano Carlos III, quien comienza a ejercer el poder desde el seno de España donde sembró el efectivo sistema de recaudación.

Con la conquista los españoles diseminan sus costumbres y así como la religión el envite no escapó de sus inoculaciones invasivas en la híbrida cultura que desde entonces comenzó a moldearse en este lado del mundo.

Ya los chinos tenían millones de historias y de sorteos previos a este cuento latino, porque a punta de loterías a través de su método del billete de “Keno” –no Kino– instaurado como juego de azar durante la dinastía Han entre los años 205 y 187 previo a Jesucristo, recaudaron los fondos necesarios para construir la Gran Muralla China.

San Cono, el guía

Uno recuerda a las abuelas muy celosas con sus libritos: Principales Salmos de la Biblia y San Cono. Cada vez que tenían un sueño consultaban con el santo apostador y siempre había una respuesta.

Soñar con muerto que habla es el 48. Si no habla es el 13. Con dientes es un muerto que viene y con culebras es un lío que se aproxima, por eso hay que pararse, zapatear y salir corriendo a jugarse el 49.

Hubo un momento en este marasmo de búsqueda de suerte a través del juego –según la sociología moderna el aumento del factor lúdico es un sello de sociedades en crisis–, que no solo brindaba la Lotería de Caracas sino sus hermanas de otras regiones del país, que en vista del éxito inundaron de sorteos diarios la esperanza del jugador.

Se dice que el jugador compulsivo dormía bastante en procura de variados sueños y así más opciones de apuestas, según recomendara el guía San Cono, a quien se le agradecían los aciertos, pero los yerros que eran mayoría –ley de probabilidades–, se acompañaban con el grito de frustración: ¡Cono El Amable!

Relancinos y quinticos

La de Caracas no solo representa una lotería centenaria y de carácter filantrópico. Con lo recaudado equiparon hospitales, ambulancias, infraestructura, becas y asuntos de interés público. Desconocemos el estatus actual. Pero se mantiene la esperanza de sacarse el premio gordo, si no en esa, en cualquier otro tipo de apuestas.

Las abuelas protagonistas del cuento, Lourdes, materna y Rosa, paterna, fieles a San Cono. Por su parte, María era más apegada a sus instintos. Las tres apostaban. Al relancinero ambulante –oficio desaparecido de esta moderna metrópolis– que vendía sus quinticos, o en kioskos o quincallas donde apostaban “tostao” o fiao. Nunca dejaban pasar su suerte, porque “ahora sí…”. Estas eran tu abuela, mi abuela, nuestras abuelas caraqueñas.

Lourdes jugó en los negocitos de Las Lomas, Alta Vista y después en la avenida Sucre de Catia. Cuando llegaba diciembre no fallaba a los riferos porque “de ahí salen los regalos para los nietos”.

Una vez Rosa empeñó un pisacorbata de su hijo Luis y la sortija que un novio le había regalado a Yolma, su hija menor. Luis, a pesar de repudiar las apuestas, no fallaba el 28 y el 62. A inicios de los años 50 Rosa jugaba donde el Quebrao Enrique en San Agustín del Sur. También jugaba donde Jesús Pastrán, quien además era palafrenero en el Hipódromo de El Paraíso. La dateaba para sellar las mutuales, que por alguna razón cabalística ella siempre combinaba la 4-1 con la que fuere. Y jugaban cartas y “cachito” con los dados mientras esperaban los resultados diarios de la Lotería de Caracas.

María jugaba en su Zona E del 23 de Enero, casi siempre en el negocio de Memo, quien con el nuevo juego de los animalitos le apartaba el cupo de “La Paloma” correspondiente al 14, número más jugado de la doña porque coincide con la fecha de nacimiento de dos de sus hijas, Iris en noviembre y Rosaura en junio. Al 62 le pusieron El Llorón, porque una vez lo pegó con su comadre Aleja y lloraron de algarabía.

Desde el Cielo siguen con el azar y apostando para que la suerte se lleve al susodicho virus.

Ciudad Ccs / Por Luis Martín

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Mirada Política

32 AÑOS se cumplen este 27 y 28 de febrero de la implosión social que sacudió al país a finales del siglo pasado (1989) y que socavó las bases de la democracia puntofijista, ya derruida por la corrupción galopante y por los consecuentes engaños a los que había sido sometido el pueblo venezolano desde el instante que cayó la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez en 1958, que si bien es cierto fue un cruento dictador, fue un hombre que puso los intereses del país por delante, tanto así que el superávit y la fuerte moneda que dejó su gobierno de casi ocho años, fue carcomida por una clase política que traicionó a ese soberano que creyó en ese grupo de hombres y mujeres que prometieron la libertad y el progreso para todas y todos los venezolanos.

Y son muchos quienes pretenden hacer un paralelismo entre la crisis que vivíamos en 1989 y la que transitamos desde hace casi ocho años, cuando el Comandante Chávez falleció.

Sin embargo, las circunstancias que coexisten desde 2013 son muy distintas a nuestro parecer, y dejan claro el gran grado de madurez política del pueblo venezolano, aunque todavía hay quienes pretenden generar caos y desconcierto entre la ciudadanía, solicitando sanciones y bloqueo contra la patria que algún día los vio nacer.

¿QUE HAY MUCHOS CASOS de corrupción en estos 22 años de Revolución Bolivariana? Claro que sí, y un gran número de quienes han horadado el erario público han sido puestos tras las rejas, pero otros han logrado escabullirse de la mano de la justicia venezolana como el caso de Rafael Ramírez, expresidente de Pdvsa y exministro de Petróleos, quien está vinculado, según el Ministerio Público (MP), a una serie de tramas de corrupción dentro de la principal industria del país y se encuentra en Italia disfrutando de la fortuna mal habida, tras engañar y colocar unas gríngolas al Comandante Chávez y a toda la dirección política del PSUV, así como a la Contraloría General de la República; porque es inentendible que a este señor, a quien a nuestro entender se le otorgó mucho poder, nunca se le haya investigado su patrimonio declarado, y si alguna vez se inició ese proceso, entonces, por qué razones no se continuó o quién lo mandó a parar.

Por ello, hay que aplaudir la labor del MP, que desde hace tiempo viene ejecutando una cruzada contra la corrupción en la principal industria petrolera y en sus empresas filiales, y para muestra la trama que ha venido desmontando en Gas Comunal Pdvsa, ordenando la detención de su presidente y de tres gerentes de plantas de llenado, quienes estaban cobrando en dólares el llenado de los cilindros de gas a las empresas distribuidoras de este combustible para uso doméstico, y que es utilizado especialmente por personas de bajos recursos, que han de hacer magia para poder conseguir los verdes que piden por cada bombona, que por lo regular oscila entre 1 y 5 dólares, en el mejor de los casos.

Ahora bien, esperamos que, por el bien de la patria y de la Revolución Bolivariana, las investigaciones se sigan profundizando en este aspecto, y los peones de la degeneración y la perversión, así como sus reyes y reinas, continúen cayendo para execrar de la industria petrolera a toda esa podredumbre que no permite que una nueva sociedad siga emergiendo, es justo y necesario para las futuras generaciones.

Ciudad Ccs / Juan Carlos Pérez Durán