LETRA DESATADA | El canto de las guacharacas

Mercedes Chacín

0

Pudiera ser inspirador abrir los ojos y escuchar el canto de un pájaro. Venezuela tiene casi mil quinientas especies de aves. Una de ellas es la guacharaca. Un día cualquiera amanece, pero ese día te sientes especialmente tranquila. Hay una lluvia pertinaz, de gotas menuditas, el desayuno son frutas (hay varias en casa y hay que aprovechar esa inusual y feliz reunión), no hay apuro para ir a la oficina que queda en el casco histórico de Caracas. Es un privilegio inmenso trabajar allí, entre la Plaza Bolívar y la plaza El Venezolano. Frente a la casa en la que alguna vez María Teresa y Simón José se amaron. Lo cierto es que las guacharacas tienen un canto muy particular. Su nombre se debe a su canto: ¡guacharaca!, ¡guacharaca!, ¡guacharaca! Como el del cristofué. Es decir, cantan como su nombre lo indica. La guacharaca no está entre las 25 aves más bellas de Venezuela, y no se puede decir que su canto sea el más hermoso. Al menos al gusto de quien escribe. Y si ya ha pasado cerca de una hora y la guacharaca está en el mismo paisaje inspirador matutino es necesario hacer algo.

Cuando uno quiere incidir sobre alguna realidad por lo general evalúa varios escenarios. En el caso de las guacharacas de marras, a menos que uno tenga el horrible deporte de la cacería como diversión o hobby, no hay nada que hacer sino esperar con paciencia hasta que se cansen. Me imagino que cantan porque están inspiradas también. La paciencia es una herramienta necesaria para no sufrir en la vida. Un impaciente trataría de resolver de otra forma.

Cuando los venezolanos en el exterior se comportaron como fascistas persiguiendo a la familia de los “jerarcas del rrréegimen”, como unos desquiciados, la clase política española los aupaba. Y la oposición venezolana también porque precisamente aquí nació la “linda práctica”. Venezolanos contra venezolanos. Una belleza. La mayoría de las veces los agredidos hacían gala de una gran paciencia. Como cuando una escucha el canto de las guacharacas.

El “éxodo” logrado con una planificada guerra psicológica y las “técnicas financieras” para torcer brazos, desvió la atención y desaparecieron las agresiones de venezolanos contra venezolanos. El éxodo ya no era tan lindo. La aporofobia, que significa rechazo a inmigrantes por ser pobres, se alimentó. No es lo mismo que un venezolano clase media le grite a improperios a un venezolano clase media. Eso le encantaba a la godarria peruana. El éxodo en autobús empezó porque era más barato que un viaje por avión. En este caso al pasajero no se saca por la maleta si no por el modo de transporte usado.

Y es cuando empieza la aporofobia. Y los peruanos empezaron a odiar nuestro acento y a nosotros. Al canto de la guacharaca se le sumaron otros cantos y la paciencia que hemos tenido habla bien de nosotros. El trabajo de la oposición dio sus “frutos”. Son hermanos y hermanas que están siendo agredidos. Mucha alharaca inmerecida contra quienes se fueron. Tuvimos bastante paciencia con la Unión Europea. Hace pesas para ayudar a torcer brazos. La paciencia ya escasea. Es necesario hacer algo. La lluvia pertinaz sigue, las guacharacas se fueron y ya es hora de ir a trabajar. Si deciden regresar, aquí estaremos. Sigamos.

Mercedes Chacín