PUNTO Y SEGUIMOS | Terminado el carnaval, Biden se saca el disfraz

Mariel Carrillo García

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Solo 36 días demoró la administración de Joe Biden en ordenar un bombardeo. La “elegida” fue Siria cuya soberanía es violentada una y otra vez. El “blanco”, milicias proiraníes acusadas de herir a un soldado estadounidense en ataque previo. Como suele ocurrir en estos casos, las razones no son sino meras excusas, aunque bien pudieron haber dicho: bombardeamos porque nos dio la gana; pero más allá de los detalles de la compleja situación del Medio Oriente el hecho evidencia lo que todos sabíamos y que solo los ciegos o ingenuos dejan pasar por alto: Biden y compañía son más de lo mismo. Política demócrata pura y rancia.

Honrando la tradición del partido demócrata, es decir, “bombardeamos con una sonrisa”, el nuevo gobierno de Estados Unidos tendrá una política exterior de continuidad programática de la administración Obama – basta con ver a vuelo de pájaro el gabinete – caracterizada ésta por la imposición de sanciones y fuerte gasto en acciones militares, especialmente en Medio Oriente, donde ven menguado su “control” bien por la resistencia en esos territorios o por la presencia de otros actores extra zona como Rusia o China.

No será sorpresa entonces la disposición a la injerencia en lo que EEUU considera su espacio natural o “patio trasero”, América Latina no puede sino esperar mano dura con aquellos que no cooperen; en el estilo siglo XXI: golpes blandos, montajes de violación de derechos humanos, plata y propaganda en “salvadores” jóvenes y libertarios, promesas de progreso y diálogos por incumplir, uso de ejércitos, paramilitares, milicias o contratistas extranjeros para incursiones territoriales y, por supuesto, olvidarse de la eliminación de sanciones, a menos que algunos estados cedan en negociaciones de corte comercial o económico.

Preocupa que los gobiernos calificados de progresistas en el continente demuestren efusividad y entusiasmo ante la posibilidad de “dialogar” y tener “buenas y nuevas” relaciones con esta administración. Pareciera que la estrategia de no confrontación de estos progresismos light apunta a no tener que sufrir las sanciones económicas de Venezuela, de las cuales poco o nada mencionan en foros internacionales, siendo cómplices silenciosos de las mismas. En este sentido, las sanciones han sido una amenaza efectiva y neutralizadora de posiciones y políticas soberanas más duras en varios países de la región. De los aliados “naturales” de EEUU como la Colombia de Duque o el Chile de Piñera, solo se puede prever más sumisión y disposición a actuar no solo como agentes contra su propio pueblo, sino contra otras naciones.

La continuación de la historia de intervención e imperialismo por parte de los estadounidenses en todo el globo, se verá posiblemente agravada por el silencio de una gran parte de la población, que insiste en ver a la dupla Biden-Harris como referencia de progreso, respeto a las leyes, los DDHH y el espíritu libertario de la nación del norte. Si existía alguna esperanza de que la oposición republicana y trumpista generara algún tipo de debate interno tan fuerte como para relegar la tradición guerrerista en el exterior, esta se vio mermada después del aplauso a la orden de bombardeo – sin aprobación del Congreso – que los congresistas republicanos dedicaran a Biden, bajo aquel viejo y manoseado argumento de que cualquier ataque hecho para “proteger” vidas estadounidenses es correcto y necesario. Por el contrario, si hubo voces en contra, pero del partido demócrata, cuya nueva generación – joven y ávida de protagonismo – hace un llamado al uso de la vía diplomática. Congresistas como Ilhan Omar, Ro Khanna o el senador Bernie Sanders han expuesto sus críticas, pero es claro que poder real no tienen dentro del partido gobernante. Quizá sea mejor esperar que al interno de los demócratas algo cambie a esperar que los republicanos se opongan a la guerra.

En cualquier caso, para nosotros es lo mismo. A Venezuela, la presión de siempre. Si llegan a quitarnos las sanciones, sabremos que algo de nuestra soberanía fue dado a cambio. El imperialismo no tiene otra forma de negociar.

Mariel Carrillo García