Perfil | Lina, espada afilada y llama viviente

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«Lina encarna lo más puro del alma de un pueblo humilde, bravío y grande. Es parte del ejército de Manuela, la Libertadora del Libertador”, dijo el Comandante Hugo Chávez, muy conmovido, en marzo de 2011, en el velatorio que se hizo en la plaza a la que ya todos llamaban por el nombre de la dirigente popular.

Se profesaban un amor al que Chávez no dudó en calificar de radical. “A veces ella me regañaba a mí, y a veces yo la regañaba a ella”.

El periodista César Aponte Ron, sobrino de Lina, recuerda una de esas manifestaciones de amor: la vez que Chávez se ausentó por varios días del escenario público, incluso de su programa dominical Aló Presidente, y ella encabezó una manifestación –muy enérgica, como todas las suyas– ante Miraflores. “Habló con los edecanes y les dijo que si no le daban una fe de vida del Comandante, iba a tomar el Palacio. De hecho, lo tomó, movilizó a mucha gente en los alrededores y Chávez tuvo que llamar a Venezolana de Televisión y explicar que no estaba secuestrado, que estaba pasando unos días con la familia”.

El propio Chávez contó luego un detalle de esta anécdota: “Envié al vicepresidente a decirle que yo estaba bien, y ella no le creyó. La llamé y, como estaba un poco afónico, tampoco creyó que era yo. Tuve que agarrar un helicóptero, en contra de la opinión de los médicos y aparecerme aquí para que Lina se convenciera”.

Chávez fue más allá del regaño, luego de la manifestación ante la sede de la que entonces era la punta de lanza de los ataques mediáticos: Globovisión. En esa ocasión, el líder dijo que había sido un acto contrarrevolucionario, anárquico y contra la paz nacional. “Es un hecho que solo logra darle oxígeno a la burguesía porque agarran las imágenes, las ponen a dar vueltas por el mundo y dicen que fui yo quien mandó a hacer eso. Ustedes saben que no”.

Chávez, tan directo como ella, llegó a decir que “la compañera Lina Ron le hace daño a la Revolución porque se presta para un juego a favor del enemigo”. En descargo de la dirigente, expresó que quizá no se daba cuenta, pero reflexionó que “ella debe tener como la edad mía, no es ninguna muchachita”.

En esa oportunidad, aplaudió que Ron se hubiese presentado voluntariamente para ser detenida porque “violó la ley y debe ser castigada”.

“Tan convencida estaba ella de sus principios que se declaró en huelga de hambre en la Dirección de Inteligencia Militar (donde quedó recluida luego de una orden judicial) y fue tan en serio que perdió varios kilos. Chávez tuvo que llamar y pedir que se la comunicaran.

Hablaron y hablaron hasta que la convenció de comer de nuevo”, revela Aponte Ron.

Cuando salió en libertad, no bajó el tono en absoluto. Dijo que solo había estado preso su cuerpo, porque su alma andaba “como un potro cimarrón”. Denunció que su privación de libertad había sido injusta porque la asistía el derecho a protestar, no contra un medio de comunicación, sino contra un partido político, como era Globovisión, al que llamó “caja de resonancia del imperio norteamericano”.

José Vicente Rangel le dedicó un comentario en su programa dominical. “No estamos en presencia de una malandra política, como la califican sus enemigos, sino alguien que cometió un grave error, pero hay que reconocerle que no rehuyó sus responsabilidades, a diferencia de quienes incurrieron en actos mucho más graves contra el orden democrático y la economía del país”.

No fue la única vez que Chávez reprendió públicamente a Lina Ron. Por ejemplo, cuando tomó el Palacio Arzobispal, el Comandante dijo en VTV: “No entiendo a la camarada. Es un acto completamente absurdo. No dudo de ella, pero no me extrañaría que esté infiltrada.

Esas acciones se han vuelto recurrentes y tienen mucho riesgo. Puede ocurrir cualquier cosa. Yo le digo a Lina que si ella reconoce mi liderazgo, no es que yo le voy a decir todo lo que tiene que hacer, pero debe existir un mínimo de disciplina revolucionaria. El imperio no quiere que se asocie a Chávez con la paz y estos compañeros se la ponen fácil”.

Las biografías de Lina Ron dicen que pudo haber sido doctora, pues estudió hasta el octavo semestre en la Facultad de Medicina de la Universidad Central de Venezuela. Las razones de su deserción, cuando ya había logrado avanzar tanto, no están muy claras, pero todo parece indicar que en ella siempre pesó más la lucha política. Militó en los Comités de Luchas Populares (CLP), una de las caras de Bandera Roja (BR), células irredentas de una izquierda que había sido derrotada en la lucha armada, pero que seguía activa en los barrios y en los frentes obrero y estudiantil.

Cuando se consolidó la opción electoral de Hugo Chávez, con miras a las elecciones de 1998, Ron se puso del lado del carismático teniente coronel, mientras el grueso de la dirigencia de BR ha hecho, desde entonces, causa común con la derecha.

La clave de la enorme popularidad de Ron tal vez pueda encontrarse en una entrevista al cultor popular José Nicolás Agüero, hecha por la Red de Investigación Comunitaria en 2016. Agüero expresó que hablar de ella es hablar del proceso revolucionario bolivariano, duélale a quien le duela. “A Lina Ron nadie la hizo cuadro revolucionario. Se hizo ella misma. No llegó a ser concejal ni diputada ni ministra, pero a la hora de solucionar algo, lo solucionaba. Si lo asumía, se movía hasta resolver el problema. Tenía esa chispa por dentro. Si el PSUV tuviera diez Lina Ron, las cosas cambiarían”.

Luego de tantas controversias, el día de su funeral, Chávez evocó las palabras de Clara Zetkin ante el féretro de Rosa Luxemburgo. Parafraseándola, expresó: “Ella es espada afilada y llama viviente de la Revolución popular, socialista y bolivariana”.

El rostro de la lucha de clases

Douglas Bolívar, autor del libro biográfico La incontrolable, dice que “Lina tuvo una función definida, un rol: el de intérprete del proyecto chavista para un estrato social que ella misma denominó, con mucha puntería, ‘los vuelto-mierda’”.

Según el periodista y escritor –quien tomó el título del libro de una frase del Comandante Chávez–, se trata del mismo segmento del pueblo al que Jorge Giordani, un poco más delicadamente, llamó la borra de la borra, “los más desamparados de una sociedad que aun en un país boyante, como el que llegó a dirigir Chávez, seguía teniendo ese estatus por condición natural”.

En opinión de Bolívar, tras la partida de Ron, nadie en el chavismo ha podido cumplir ese mismo rol, aunque varios lo han intentado. “Con otro formato y con malas ejecutorias procuró hacerlo, por ejemplo, Juan Barreto, con su movimiento Redes”.

Añadió que Ron, con sus clásicas intemperancias verbales (“Con Chávez todo, sin Chávez plomo”, era una de sus consignas) fue la figura con la que el adversario ideológico se planteó la brecha social. “Era el rostro de esa división que procuró remarcar la oligarquía porque creyó que hacerlo le favorecía, pero que resultó ser contraproducente porque Chávez utilizó ese abismo de manera hábil hasta que fue políticamente correcto hacerlo. Lina encarnó la lucha de clases que está implícita en este proceso político”, asegura.

Ciudad Ccs / Clodovaldo Hernández