TRINCHERA DE IDEAS | Los prolegómenos de Carabobo (II)

Sergio Rodríguez Gelfenstein

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La semana pasada explicábamos que tras la situación creada por la incorporación de Maracaibo a Colombia, Bolívar, que en dos meses había reorganizado el ejército dislocando las tropas en preparación de la batalla decisiva, dio órdenes a Páez para que avanzara hacia el norte cruzando el río Apure a fin de reunirse con las tropas bajo el mando directo del Libertador al este de Barinas; a Urdaneta, tomar Coro, continuar a Barquisimeto donde debía encontrarse con Bolívar y Páez; a Bermúdez, atacar desde Oriente haciendo maniobras de distracción que simularan que su misión era ocupar Caracas; igual encomienda tuvieron Zaraza en los valles del Tuy, Arismendi en Barlovento y Cruz Carrillo desde Barquisimeto en dirección a Puerto Cabello.

Pero mientras estas operaciones se desarrollaban, otras preocupaciones llenaban la mente del Libertador, entre ellas, el desarrollo de los acontecimientos en el sur. En carta dirigida a Santander el 21 de diciembre desde Cúcuta lo había reprendido con severidad por haber olvidado sus instrucciones al respecto.

Bolívar consideraba las dificultades que se presentaban en estos territorios habida cuenta el desconocimiento de la situación de Guayaquil, su reconocimiento o no del gobierno de Colombia y su aceptación de ser parte de ella. Por otro lado, toda vez que Quito había quedado en una especie de limbo en los tratados de Trujillo se preguntaba si sería acertado o no suspender las operaciones militares en su contra, con el riesgo que los españoles actuaran desde ahí para atacar Guayaquil, por lo que decide dirigirse hacia esa región a fin de hacerse cargo personalmente de las acciones.

Le ordena a Santander que instruya al general Valdés, jefe de las fuerzas republicanas en el sur en el sentido de que el armisticio no tiene validez en ese territorio, por lo que debe continuar la guerra. Sin embargo, los acontecimientos en Maracaibo le obligan a reestructurar sus planes, regresando a Venezuela de inmediato sabedor de que este hecho iba a significar un cambio trascendental en la dinámica de la guerra. Al mismo tiempo al constatar que Valdés se había mostrado flemático y dubitativo en el cumplimiento de la misión, por instrucciones del Libertador, el 21 de enero es sustituido por el general Antonio José de Sucre como jefe del Ejército del Sur.

Como se observa, el pensamiento estratégico de Bolívar y su capacidad militar le permitía conducir la guerra simultáneamente en dos escenarios distintos y distantes: Venezuela y Ecuador. De la misma manera en el cumplimiento de sus funciones de Estado y visualizando que muy pronto sería necesario reunir los ejércitos del norte a su mando y los del sur subordinados al General José de San Martín dedica parte importante de su tiempo a establecer comunicaciones más permanentes con los gobernantes, jefes militares y líderes de otros territorios de la geografía suramericana. Así, le escribe a San Martín el 10 de enero desde Bogotá y al Director Supremo de las Provincias del Río de la Plata el 4 de febrero desde Tunja. A San Martín le anuncia su deseo de reunirse “después de haber pasado por sobre los trofeos de los tiranos del mundo americano”.

De la misma manera envía misiva al rey Fernando VII instándolo a reconocer a Colombia que pronto será totalmente independiente, ofreciéndole a España la amistad de la nueva nación “pero erguida, […] no abrumada de cadenas”.

Igualmente, en medio de los aprestos organizativos de las operaciones militares que se planean, el Libertador se ve también impelido a hacerse cargo de sus responsabilidades al frente del Estado, sobre todo cuando se produce el infausto fallecimiento del Dr. Juan Germán Roscio que lo privó a él de un colaborador leal y a Colombia de su vicepresidente. De inmediato gira instrucciones al general Luis Eduardo Azuola para que asuma tal función con el encargo expreso de que instale el Congreso lo más pronto posible a fin de elegir un presidente y un vicepresidente para Colombia, rechazando a priori su nombramiento en la más alta magistratura del Estado y proponiendo elegir entre Nariño, Urdaneta y Santander.

Continuará

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