RETINA | La vanguardia

Freddy Fernández

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En una entrevista en la que, entre otros temas, se habló de ética y política, preguntaron a Julio Anguita, histórico dirigente del Partido Comunista de España, por una recomendación para los dirigentes políticos de izquierda. Anguita recomendó que cenaran más en su propia casa.

Aunque parece sencilla, la recomendación de Anguita me suscitó la imagen de un freno impuesto al menos a dos conductas que resultan reprochables.

La primera, que quizá no se pueda remediar con no salir de casa, es la de los guisos acordados entre caña y comida. Quién sabe cuántas conductas baratas, con comisiones y concesiones, se han rubricado con caras bebidas, pero repito que no sé si esto se pueda prevenir con sólo cenar en casa.

La segunda es el tema de la ostentación. El consumismo es una droga que sólo hace efecto cuando se tiene público. El exhibicionista siente plenitud por su despliegue, pero los demás saben que quiere enrostrar su supuesta valía a través de la ostentación de subordinaciones y consumos.

Es ésta una imagen que resulta de inmediato contrarrevolucionaria, no importa si la ostentación se hace sin haber robado nunca un centavo. Es clasista, discriminatoria, establece diferencias odiosas y desdibuja las responsabilidades políticas al crearle la apariencia de ser posiciones de privilegio.

Quien recomendó, Anguita, fue uno de los más destacados comunistas de la historia de España. Fue un dirigente tenazmente cuidadoso de su propia conducta. Vivió con intensidad la máxima de predicar con el ejemplo.

En otra entrevista intentaron acorralarlo con la pregunta de si no tenía críticas contra Maduro. Anguita respondió que sí, que tenía varias y que se las haría en cuanto se reuniera con él. Contó que así había ocurrido con Fidel, con quien se reunió y le presentó sus críticas. Agregó que, en ambos casos, sabía que se trataba de críticas a compañeros de trinchera, que el enemigo era otro y que no iba a contribuir con la guerra contra Maduro que libraban las empresas de noticias.

Cito estos datos de Anguita para recordar el tema de “la vanguardia”, uno de los conceptos más fascinantes y necesarios de toda teoría revolucionaria. Su comprensión y el compromiso permanente que requiere no puede agotarse con la sentencia “la vanguardia es el proletariado”. Lo es, sin duda, como clase social es indiscutible, pero una persona no es la clase y las revolucionarias y los revolucionarios somos personas y ojalá, como reta siempre Roberto Malaver, que lleguemos al menos a ser gente.

Decía el Che que todos tenemos derecho a cansarnos, pero que quien se canse no puede estar en la vanguardia.

En este momento, en medio de las dificultades que nos ha impuesto la guerra que libra la élite de Estados Unidos contra nuestra Revolución Bolivariana, la discusión sobre las características de nuestra vanguardia y la conformación de su espíritu cobran un valor especial. Nuestra resistencia es heroica, reforcemos nuestra moral, seamos ejemplo de estoicismo, de desprendimiento, de entrega, de honestidad y de perseverancia.

Freddy Fernández | @filoyborde