Dibujo escrito de María Centeno

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« ¿Si no tenemos una utopía, hacia dónde vamos a caminar?”, se pregunta María Centeno, parafraseando a Eduardo Galeano y mostrando de dónde salen las siempre profundas pero sencillas reflexiones de Waika, su hija intelectual y gráfica.

Ella se describe como caricaturista, pintora, escultora y –como si no fuera tan importante– arquitecta egresada de la Universidad Central de Venezuela con máster en Diseño Urbano por la Architectural Association, además de profesora de Diseño.

Tal vez el orden en que menciona sus oficios tiene que ver con la manera como se formó en ellos y con la jerarquía que han tenido en su vida. En una entrevista con Liliam Lee para la revista cultural cubana La Jiribilla, hizo la siguiente confidencia: “Desde niña siempre me gustó dibujar, hacía historietas en los márgenes del cuaderno. Más tarde, en el bachillerato, me escapaba para ir a pintar. Durante un tiempo pensé dedicarme exclusivamente a la pintura, pero el mandato familiar de que tenía que seguir una carrera universitaria me obligó a estudiar Arquitectura, lo cual me gustó mucho también. La ejerzo, pero como una de mis grandes obsesiones en la vida es cambiar el mundo, pienso que a través del humor gráfico se pueden comunicar ideas y tratar de influir en las demás personas, mucho más que por medio de la arquitectura, de la pintura o del arte puro”.

Lo cierto es que ha brillado en todas estas actividades. Dibujos, pinturas, murales o instalaciones se han expuesto tanto en Venezuela como en otros países. También se han publicado en medios extranjeros, como Nueva Sociedad, la legendaria revista feminista FEM, Wendekreis, Portugal Socialista y el periódico La Opinión (Bolivia). En el patio sobresale, naturalmente, su labor como caricaturista en Ciudad CCS, donde ya se cuentan por miles sus entregas de Waika. La tira cómica fue un éxito desde sus primeros tiempos.

Muestra de ello es que en el año 2012 ganó el Premio de Periodismo Aníbal Nazoa, mención caricatura.

No es su única experiencia en el campo comunicacional, pues ha sido editora de la revista Mujer Tenía que Ser y es cofundadora de la red de colectivos Araña Feminista, con intensa actividad en los órganos de difusión masiva.

¿Qué tanto tiene Waika de María o María de Waika? La artista responde que “Waika es una activista feminista, pero intuitiva, no teórica. Su feminismo se lo ha dado la vida. Al igual que yo, tiene una hija, vive en esta ciudad, cuenta con una pareja y tiene amigas y amigos. Waika protesta, a veces pone el dedo en la llaga. Pone en evidencia alguna contradicción, o algo que nos parece normal pero que en el fondo no debería serlo: todo el machismo desnaturalizado que tenemos dentro es como un aire envenenado, lo respiramos y no nos damos cuenta de todo el daño que nos hace. Eso lo dijo Waika en realidad, yo la estoy parafraseando”.

La también ilustradora Lorena Almarza resalta la importancia que ha tenido Centeno en el campo de la opinión gráfica. “De María conocí primero su trabajo. Recuerdo ya hace muchos años sus caricaturas. Valoro su capacidad como creadora y crítica de la realidad, para mostrar en ‘trazo sencillo’ su posición contra el capitalismo, el imperialismo, la corrupción y más. Lo otro, y no menos importante, ser prácticamente la única mujer dedicada al trabajo de opinión gráfica en medio de muchos hombres también talentosos”.

Almarza subraya que “como ilustradora y mujer, María Centeno es para mí un referente, pues hizo de su vida y de su capacidad de creación un acto de militancia permanente. En Waika, María logra reunir todas las luchas de la humanidad, pues la defensa de los derechos de la mujer es, en mi opinión, la piedra angular para lograr una sociedad justa y más humana, es una lucha que ataca de manera transversal al sistema capitalista, por naturaleza patriarcal. En Waika con ingenio, humor y a veces con mucha acidez, María nos expone de manera clara y, desde lo cotidiano, temas coyunturales de nuestra política nacional, y también los grandes temas de luchas por la igualdad. Sin duda, Waika es genial, perdón María es genial”.

La directora de Ciudad CCS, Mercedes Chacín, agrega trazos a este dibujo escrito: “María es una mujer de convicciones, es amorosa, es solidaria, es buena amiga, es respondona como Waika, es superelegante, es sensible, es defensora de sus congéneres, feminista irreductible, es abuela orgullosa, es una artista”.

La versatilidad artística de Centeno es un aspecto que Chacín resalta: “Hay varias esculturas de ella hechas con armas de fuego destruidas, con la figura de una paloma. Una está en la plaza Candelaria y otra en La Guaira. Estoy muy orgullosa de ser su amiga y de que esté en el equipo de Ciudad CCS. Siempre presta para comunicar, para decir y hacer.

Crea unas ilustraciones hermosas y sabe cómo decir a través de las imágenes. Es talentosa, solidaria, inteligente y chavista”, puntualiza.

Otra aguerrida luchadora del ámbito feminista, Alejandra Laprea, afirma que “María Centeno es una artista visual que ha sabido conjugar de forma magistral su activismo político, sus percepciones como mujer y como militante feminista. Para el movimiento por los derechos de la mujer, ella es una voz que siempre atina con sus comentarios que a veces son verbales, pero mayormente son hechos con un lápiz, un pincel o las herramientas nuevas de la computación gráfica”.

Laprea aporta otro elemento central que le da a Centeno rango de ejemplo no solo para mujeres: “María siempre está en renovación, no se queda en el pasado, siempre está con nosotras en el presente. María siempre es presente”.

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A veces, destruir es un arte

Entre las obras de arte menos conocidas de María Centeno está un acto de destrucción. ¿Cómo es eso? Pues se encontraba ella paseando por una plaza de Guanta y vio una valla gigantesca, como de ocho metros, de Jonathan Marín, exalcalde de esa localidad de Anzoátegui, acusado de corrupción, que renunció al cargo y al chavismo y se fue a Miami en calidad de exiliado.
“Me dio una tremenda rabia y rompí la valla ahí mismo, en plena plaza y por eso me detuvieron de inmediato, junto a mi compañero, Miguel, que no hizo nada, que más bien trató de pararme”, relata Centeno.
“Lo peor es que la mujer policía que me interrogó defendía a Marín. Decía que él había hecho mucho por Guanta y además me advertía que yo iba a tener que pagar la valla porque era propiedad pública –cuenta–. Mientras tanto, otro agente me recomendó que dijera que lo había hecho sin querer, que declarara que me iba a caer y tratando de agarrarme, rompí la valla. Yo le dije que no iba a decir eso, que yo lo había hecho a propósito, con toda la intención porque no quería que pasara un niño o una niña de ese pueblo y terminara creyendo que ser ladrón es un modelo a seguir”.
Al final, la artista de la valla rota fue dejada en libertad. Y, por cierto, el año pasado la Contraloría General de la República inhabilitó a Marín por quince años, por delitos contra el patrimonio público. Justicia poética o, mejor dicho, plástica.

Clodovaldo Hernández