LA CARAQUEÑIDAD | Mujeres con soluciones de altura

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Caracas ha sido tradicional cuna de destacadas mujeres; también ha servido como escenario para su desarrollo personal, de formación académica e intelectual, con lo cual –aunque suene a lugar común–, elevan y dejan bien alto el gentilicio ¡Y vaya que lo han logrado!

Por eso, en el marco del Día Internacional de la Mujer, en rechazo al tan de moda femicidio, honramos –tapaboca mediante–, el logro de dos legendarias damas criollas que, a pesar de su corta edad, son las primeras venezolanas en plantar el pabellón nacional en la principal agencia de estudios espaciales de Estados Unidos: la NASA.

Se trata de Evelyn Miralles y Jasna Vellovic. Tan caraqueña como Conny Méndez, la primera, que inició su ascendente carrera en la Universidad Católica Andrés Bello ¿Y la segunda? Con ese nombre, claro que es maracuchísima, aunque con desarrollo académico en la cuna de Simón Bolívar, porque le dio forma a su pasión por la química en la universidad de Sartenejas epónima del Libertador.

Claro que es un orgullo tricolor esa exportación de cerebros –porque acá, tristemente no hay dónde ponerlas– cuyas dendritas producen en aquellas altitudes pero llevan intrínseco el ADN de la venezolanidad que las hace añorar el queso llanero con plátano frito, las arepas, la música criolla y otras costumbres made in Venezuela.

En cada decisión de la reputada agencia inherente a la vía láctea, el futuro interplanetario, la búsqueda de vida en otras dimensiones y los guiones finales para sus respectivas historias –que a muchos les resultarían más apegadas a la ciencia ficción– está la acción de Evelyn y Jasna en roles protagónicos, que bien reseñan varios portales y redes sociales.

Realidad, aunque virtual

“Nunca he sentido limitaciones por ser hispana o por ser mujer. Al contrario, siento que el ser mujer me da ciertas ventajas”, dijo en una intervención la caraqueña Evelyn, que se inició en todo esto por su apego a la arquitectura con el sueño de crear algo importante, sin sospechar jamás que terminaría como autora de estaciones y vehículos interespaciales, gracias a su manejo de la realidad virtual que permite el entrenamiento de los astronautas, para su seguridad cuando pisan esos mundos desconocidos. Hoy, a sus 54 años, es considerada entre las 20 hispanas más influyentes del mundo.

Se sabe además que debutó entrenando a los técnicos que repararon el telescopio Hubblet en medio de la vía láctea.

Destaca que la creatividad del venezolano es única y necesaria para aprovechar el potencial en ciencia y tecnología, porque tiene la materia prima y la capacidad, aunque falta la estructura.

“Las latinas y las mujeres necesitamos ser parte de los avances y tener una voz. Todas tenemos que aportar nuestras mejores ideas”, afirma mientras confiesa su añoranza por su Cerro Ávila y las playas de La Guaira.

Considera esta científica acreedora de infinidad de premios a la excelencia, que aproximarse al futuro con niveles saludables de “escepticismo, conocimiento e imaginación” ayuda para que la previsión pueda funcionar como herramienta para imaginar lo que las tendencias señalan para el futuro de la especie y del planeta.

El aire que respiramos

Por su parte, Jasna, quien se sintió cautivada desde niña por el tema de los agujeros negros que alimentó con la lectura de La historia del tiempo, de Stephen Hawkings –por recomendación de la monja Vecino en su bachillerato–, con sus 43 añitos a cuestas, es una químico a carta cabal y su mayor aporte es el estudio de la composición de las capas atmosféricas a gran altura, para análisis, pronósticos y previsiones con respecto al presente y futuro que depara la naturaleza y sus inexorables fenómenos.

Esta especialista en Ciencias Atmosféricas y de la Tierra deja un mensaje claro a la humanidad desde su perspectiva: “Lo mejor que podemos hacer como ciudadanos, sin importar en qué país vivimos, es ser responsables y estar conscientes de la huella que dejamos en el ambiente, sobre todo en cuanto a nuestro uso de energía a diario. La disponibilidad de energía para la población global es uno de los retos más grandes de nuestro tiempo”, indicó.

Insiste en que cada quien puede conservar energía en sus hogares, en las escuelas, en nuestros lugares de trabajo, diversificando nuestras fuentes de energía, reduciendo nuestra producción de desechos, entre otros. “El problema de energía mundial requiere creatividad, diversificación y compromiso en todos los niveles”, aseveró.

Está consciente acerca de la preocupación mundial por el cambio climático, aunque asegura que solo en los últimos 10 años se han sumado esfuerzos tangibles de manera multilateral.

No descarta la posibilidad de habitar otros planetas en un futuro debido a la naturaleza de exploración que tiene el humano.

Expone que su función desde la NASA está enfocada a evaluar la representación de procesos físicos y químicos en modelos de clima global utilizados para pronosticar climas futuros.

“Nuestro planeta es un tesoro que debemos valorar, compartir y proteger para que generaciones futuras también tengan el honor de ser parte de este lugar tan especial en el que vivimos”, concluyó.

Misterios de la ciencia

Dice Pablo Pueblo, al enterarse de estas talentosas damas, que así como sus conocimientos están al servicio de una mejor vida en el planeta, para la conservación del clima, flora y fauna, de recursos como el agua y, así como repararon un telescopio en plena galaxia, la cosa permee y aparezca alguien que repare las escaleras y el aire acondicionado del Metro, que merme la burocracia y su ineficiencia y que viaje sin retorno a confines desconocidos una nave sellada con un solo tripulante: coronavirus.

Por Luis Martín / Ciudad CCS