Tres en 1 | Gladys Arroyo: La historia que escribimos ahora viene a hacer justicia

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Historiadora. El miércoles 17 de este mes, a las 11 am, estará dando una conferencia en la sala de redacción de Ciudad CCS, en el foro, Esperando la batalla: La presencia de la mujer en la Batalla de Carabobo.

Si es cierto que la historia la escriben los vencedores, entonces, ¿tenemos que sospechar de toda la historia?

—La historia la escriben y la escribirán los vencedores. Durante la IV República (1830-1998), la historia fue escrita por los llamados intelectuales orgánicos al servicio de los gobiernos de la oligarquía conservadora o liberal y su contenido estaba dirigido a la defensa de las élites, de los grupos dueños del poder, y allí jugaron papel fundamental los historiadores positivistas. Esa historiografía es excluyente, invisibiliza al pueblo, les niega a las grandes mayorías la condición de fuerza colectiva de primera línea en la defensa de la Independencia y constructora de República. ¡Esa historia siempre será sospechosa! La historia que escribimos, desde la entrada de la Revolución Bolivariana al poder, viene a hacer justicia. Llegamos para construir y reescribir la historia de Venezuela, a rescatar y reivindicar la participación del pueblo en el relato histórico, por eso debe contribuir a elevar la conciencia política y de clase para que las grandes mayorías nacionales se asuman como fuerza política real, de vanguardia, en la refundación de la República y de la conquista de la Independencia definitiva, el más grande sueño de nuestro Comandante Chávez, a partir del cual estamos escribiendo otra historia.

Ahora que se conmemoran los 200 años de la Batalla de Carabobo, ¿cuál es el verdadero sentido de la conmemoración?

—Conmemoramos la victoria de la Batalla de Carabobo porque para comprender nuestro presente es necesario conocer el pasado, pero no basta saber del pasado, hay que entender el presente y proyectar el futuro. Necesitamos construir una nueva espiritualidad, fundada en el legado de los libertadores y libertadoras; una espiritualidad sin traiciones, que rescate la armonía del ser humano con la naturaleza, que estimule la autogestión y la autodeterminación en el seno de las comunidades, con base en el respeto y reconocimiento del otro; una espiritualidad que tenga como principios de vida y de lo cotidiano: la unidad, la solidaridad, la ética, la moral. Recordar Carabobo es construir la unidad para la defensa de la patria y de la Revolución Bolivariana. Carabobo es sinónimo de esa unidad Ejército-pueblo (blancos, negros, indios, pardos) y de inclusión. Traer Carabobo a la memoria colectiva del pueblo bolivariano hoy es un llamado a unión, al reencuentro, al diálogo fraterno y la reconciliación, entre las distintas fuerzas políticas del país en torno a la defensa de la soberanía, la autodeterminación e Independencia de la patria venezolana, latinoamericana y caribeña. ¡Que levantemos siempre la bandera de la paz y nunca más la guerra!

En la Batalla de Carabobo, ¿cómo fue la presencia de la mujer?

—Durante el siglo XIX la mujer estaba excluida de participar en los asuntos políticos y en la guerra que era el oficio principal en la Venezuela decimonónica. Pero ella nunca se mantuvo al margen de las luchas libertarias y por la Independencia, aunque también hubo quienes salieron en defensa de la Monarquía española, como es el caso de María Antonia Bolívar. De la Guerra de Independencia existen testimonios de cómo mujeres pardas, negras, indias, se fueron a combatir junto a los hombres, tanto del lado del bando patriota o del bando realista, como troperas, enfermeras o acompañantes; mujeres que colaboraron como espías; de mujeres blancas, pertenecientes a familias acomodadas o vinculadas a jefes militares, que aportaron sus bienes y dinero para financiar la guerra; no obstante, también hubo cientos de mujeres que permanecen en el anonimato, pese a formar parte de la fuerza colectiva del pueblo que se movilizó por la Independencia y a construir patria.

¿Conocemos los venezolanos nuestra historia?

—No la conocemos, y las venezolanas y venezolanos que entraron al siglo XX y quienes venimos de los últimos 40 años de la IV República fuimos formados con una concepción de la historia eurocéntrica (hasta nuestros días) y que va desde la invasión europea a estos territorios y saqueo de nuestros recursos hasta la pérdida de nuestra identidad como pueblo. Es una historia que justifica y celebra la invasión y colonización, que agradece la imposición de una cultura, una lengua, una religión, que ha ocultado los genocidios cometidos contra nuestros pueblos aborígenes, y que durante los gobiernos representativos de AD y Copei ha justificado las masacres contra el pueblo y sus liderazgos, así como la entrega de nuestros recursos al imperialismo norteamericano. Es tarea impostergable avanzar en la descolonización de nuestra memoria colectiva, de nuestra historia, y a eso estamos llamados quienes militamos en la Historia Insurgente, la cual debe estar al servicio del pueblo para reconstruir la propia.

Ahora que el país está siendo acosado, bloqueado y sancionado, ¿quién terminará escribiendo esa historia?

—El nuevo sujeto social de la historia venezolana. Nosotras y nosotros, las vencedoras y los vencedores de la Revolución Bolivariana que derrotaremos a ese tigre de papel llamado imperio norteamericano, que somos las cocineras de la patria, los comuneros y las comuneras, los misioneros y las misioneras, el pueblo mujer, la Generación de Oro, los cultores y cultoras, la juventud, los intelectuales orgánicos de la Revolución, la soldada y el soldado, la Milicia Bolivariana como fuente de apalancamiento de la defensa de la patria, con el legado de nuestros antepasados, de Guaicaipuro, Apacuana, Urquía; con el ideario de Miranda, Simón Rodríguez, Bolívar, Zamora, Josefa Camejo, Luisa Cáceres, Ana María Campos, y con el legado y la prédica de nuestro Comandante y Líder Eterno HUGO CHÁVEZ FRÍAS.

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Retrato Hablado 

“La música es tu propia experiencia, tus propios pensamientos, tu sabiduría. Si no la vives no va a salir de tu cuerno”. Lo decía ese músico, saxofonista y compositor, Charlie Parker. El jazz tuvo en él a su máximo representante.

Tanto que Miles Davis dijo: “Si tuviera que explicar la historia del jazz en cuatro palabras, diría: Louis Armstrong-Charlie Parker”. Antes, un músico argentino, Hugo Pierre, había afirmado: “Si la historia de Occidente se divide en ‘antes y después de Cristo’, la del jazz se divide en ‘antes y después de Charlie Parker’. Lo llamaron el pájaro, Bird. Y Julio Cortázar, uno de sus más fieles admiradores, lo homenajeó en uno de sus cuentos, El perseguidor, donde Johnny, el personaje central, lo representaba. Se entregó a la droga, y sin embargo les decía a los jóvenes: “Los jóvenes que creen que hay que estar reventado para tocar bien están totalmente locos. Eso no es verdad. Yo lo sé. Créanme”. Fue una de las figuras claves en la evolución del jazz. “A través de su fraseo veloz e incomparable, llevó a la música, a la improvisación y al saxo a lugares insospechados, a lugares a los que jamás se había llegado”. Nació el 29 de agosto de 1920, en Kansas City, y murió el 12 de marzo de 1955, en Nueva York.

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El Viernes de Lira 

Roberto Malaver