ASÍ DE SENCILLO | Las comadres

Maritza Cabello

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La muerte baila con la vida entre nosotros como un gato sigiloso. La muerte tiene una gran agilidad, es trapecista, hace malabares y maromas. La vida sigue sus pasos, atenta y divertida.

Les encanta jugar a las escondidas. No sabemos dónde vamos a encontrar la vida ni la muerte. Se divierten al observar cómo tropezamos con una y otra al mismo tiempo.

A veces van de la mano y llegan a abrazarse profundamente. Se quieren tanto que hasta se intercambian la ropa, en consecuencia mucha gente camina viva sin saber que está muerta y viceversa.

Les gusta dar sorpresas, cuando nadie espera, ¡zas!, aparece una vida y todo se torna multicolor, perfumado y alegre, pero si hay un, ¡craf!, llega la muerte. A veces lenta, otras como rayo fulminante, devastadora e implacable.

Cuando la muerte baila sola, desprende un olor a tristeza envolvente, contagioso. Mueve su gran falda ondulante entre todos. Toca suavemente mejillas, brazos, ojos o los arropa totalmente en un nudo tipo Houdini, difícil de salir. Algunos logran desatarlo, ¡se vuelven escapistas! Otros caminan atados eternamente, hasta que la muerte decide que es el momento para compartir un pedacito de su reino con él o ella.

La vida y la muerte no paran de bailar, jugar y susurrar entre nosotros. Se cuentan todo como buenas comadres.

¡Sí, son comadres! Cuando nace un Ser, la muerte lo bautiza, no importa cuál sea la religión, así es, y punto.

Nosotros creemos que la muerte no se entera cuando comemos en exceso, tomamos en exceso, arriesgamos en exceso o pasamos los límites que el cuerpo humano resiste, porque siempre queremos más, más, ¡más!

Pues, lo sabe, porque estas comadres se lo cuentan todo, con lujo y detalles.

¿Qué hacer? Sencillo, bailar con ellas al son que nos toque hasta que la muerte y la vida decidan separarnos.

Fin.

Maritza Cabello