Rebelde e inconforme ante la injusticia

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La poesía joven venezolana transita diversidad de derroteros. El lenguaje como expresión humana alcanza en las diversas voces el registro de múltiples estéticas que testimonian un tiempo de lenguaje vivo que rompe con los estereotipos y esquemas academicistas.

Luis Alejandro Indriago, “El Tuky Ilustrado”, es un poeta nacido en Caracas en 1995 y criado entre Propatria, Catia y el 23 de Enero, es estudiante de Filosofía en la UCV, ha recorrido la calle de la ciudad adentrándose en los suburbios más movidos de este tiempo.

Desde su propuesta “Poética Tuky: aproximaciones a una estética del malandreo” apuesta a una poética underground. Este poeta, suerte de juglar, rapsoda, cronista de la calle, galardonado recientemente con el Premio Joven Aquiles Nazoa, se caracteriza por una sencillez que trastoca las expectativas de quien lo escucha.

—¿De dónde nace el Tuky Ilustrado y cuál consideras tu ars poética?

—El proyecto Tuky Ilustrado nace en los callejones, en la esquina, en la plaza, en la cancha, nace en la calle y se justifica en el vacío y carencia, en la falta de interés por mostrar el arte venezolano y marginal juvenil que se hace actualmente en el país. No considero tener un ars poética, eso se lo dejo a los críticos.

—¿A quiénes cantas y celebras?

—Le canto a la calle, al barrio y a las cosas en derrumbe que se niegan a morir. El barrio es rico en cantidad de imágenes que ofrece y nos invita a estar más conscientes; estamos inmersos en el tiempo y mi poesía no escapa de ello.

—¿Cuál es tu valoración del lenguaje del país en este tiempo?

—Es un lenguaje único y particular desde su léxico y dialecto, sin embargo, actualmente en el mundo siento el lenguaje como en una especie de degradación con todo esto de las nuevas tecnologías y el uso de stickers o emoticones, haciendo silenciar aún más el lenguaje. Siento que el lenguaje del país no es más que un reflejo de la política actual, por eso capaz sea un lenguaje que ronde entre lo hamponil y visceral.

—¿Cuál es el aporte que el poeta debe dar a la transformación o desarrollo del lenguaje?

—Ninguno. La poesía no tiene por qué dar ningún aporte a la sociedad, el arte en general no debe ser una moral, o un manual dónde se eduque a la sociedad. Sería muy ególatra eso.

—¿A dónde espera llegar el Tuky Ilustrado?

—El Tuky Ilustrado sólo espera llegar a su choza después de cada faena en su encuentro con las palabras, no espero más ni menos.

—¿Qué alcance tiene el movimiento poético del país hoy?

—Casi que nulo y demasiado panfletario. Cada quien está en lo suyo.

Algunos poetas plantean un encuentro hacia ellos mismos desde su profesión, desde su oficio. Entre los jóvenes que pudiera nombrar en este momento, están Carlos Egaña, Juan Lebrum, David Olave, ellos apuestan a una poesía más introspectiva, intimista.

Otros que también valoro y están en frecuencia con lo que trato de hacer, son Robert Abraham, Slam, Elio Expósito.

—¿Consideras que el lenguaje y la poesía contribuyen al desarrollo y transformación de la sociedad?

—Sí, pueden transformar la sociedad, pero es algo que lleva tiempo y que no se ve al momento, es algo que solo el tiempo dirá. Sin embargo hay ejemplos palpables en la historia que demuestran cómo la poesía puede comenzar con la transformación de una sociedad.

—¿Cuál es el rol del poeta hoy?

—El mismo de siempre, cantar las desigualdades del hombre, ser un rebelde e inconforme constante contra todo acto de injusticia e insensibilidad. Aparte del combate con las letras y ahora con las herramientas tecnológicas que hacen que el poeta contemporáneo se la deba pensar más y pueda jugar desde un espacio multi-dinámico y trans-narrativo.

—¿Qué significado tiene el Premio Aquiles Nazoa para ti?

—Uno muy especial. Se siente bonito que reconozcan el trabajo de hormiguita que uno viene haciendo y eso tan solo da impulso para seguir con esta labor. Mi experiencia crece y sigue cercana a los barrios y a la cotidianidad para plantear cómo a través de las letras y las palabras se transforma la sociedad.

José Javier Sánchez / Ciudad CCS / Foto Jacobo Méndez