El péndulo de la memoria | ¿Se puede escribir guasap?

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La lengua es una construcción social que se caracteriza, entre otras cosas, por su dinamismo y adaptabilidad a los cambios socioculturales de sus usuarios o hablantes. No es estática y está en permanente evolución y creación como bien lo expresaba Andrés Bello: “… para la prudente libertad que las lenguas necesitan para seguir la marcha del tiempo y no convertirse en viviente anacronismo”. De no ser así, estaríamos hablando (¿o fablando?) el español que nos trajeron los españoles en sus gargantas, mezcla a su vez, de numerosas lenguas a través de los siglos y erigido en su principal arma de conquista, colonización y dominación.

La elasticidad, plasticidad y hasta tolerancia de la lengua que hablamos se evidencia en la adaptación a nuestro acervo léxico de numerosas palabras y frases como préstamos de otras lenguas y que revelan momentos precisos de nuestra historia, como por ejemplo la etapa que se inicia con la explotación petrolera. Las sucesivas oleadas de inmigrantes europeos, árabes, latinoamericanos, caribeños y asiáticos durante el siglo XX; la iniciación de la práctica deportiva; el inicio del proceso de industrialización hecho con maquinaria importada; la importación de diversos productos de consumo en general; y la instalación de sistemas y aparatos de comunicación cuya fonética la hemos adecuado a la fonética nuestra –como suenan– y de allí la hemos pasado a la escritura y ortografía. Si usted quiere comprobar esta afirmación dígale a un mecánico de autos que le nombre uno a uno los componentes del motor.

En la actualidad, las tecnologías de la información y la comunicación han invadido nuestra cotidianidad con sus numerosos términos; otros han quedado para la jerga de los especialistas y con ellos ha ocurrido lo que es obligado que suceda por causa de la imperiosa necesidad de comunicarse: su adaptación, no solo a nuestra forma de decir sino, también, de sentir. Suena ridículo, pues, cuando dices “gemail” y alguien te corrige con lastimosa severidad: “se dice yimail” que suena así, con y, fonema que no es utilizado en nuestra lengua como sustituto de la g: nadie dice yimnasio, yimoteo, yinebra o yigante. O cuando alguien tuerce la mandíbula para decir “tuirer” creyendo que la fonética anglo es unívoca o universal. Ponga usted a un gringo a decir “Chichiriviche” y verá lo que sucede. Entonces ¿se puede escribir guasap? Sí: además el gua es un fonema o prefijo muy extendido en Venezuela y el guá caraqueño es una adaptación del what’s inglés, como lo es aló de hello (jelou). Y se puede escribir, también –ya lo verá en un futuro– feisbu, jadwuer, guaifai y pare de contar, como sucedió con guaya, macundales, muchinga, béisbol, güisqui, musiú, coroto, alcalde, mamarracho, ¡la pinga! y un larguísimo etcétera.

Ciudad Ccs / Francisco Aguana Martínez