HORIZONTE DE SUCESOS | La eternidad del momento

Heathcliff Cedeño

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huyó lo que era firme, y solamente
lo fugitivo permanece y dura.
Quevedo

El título de esta entrega podría indicar una contradicción. Sobre todo porque la idea de eternidad abarca mucho y de entrada nadie pensaría que un momento podría contenerlo todo.

Dice Saer, en una novela, que se vive más en los últimos minutos que anteceden a la muerte. Y puede que tenga razón si se toma en cuenta la carga de realidad que tenga el momento y el poder que le conferimos al mismo. Acaso no nos pasa que un momento de la realidad tiene el peso de la existencia entera.

Esto es frecuente, sobre todo, con los enamorados y los que se encuentran con un momento de descubrimiento que deslumbra y es capaz de jugar con el tiempo y otorgarle un matiz distinto al espacio. Es como si la realidad entera se concentrara en ese punto.

Entonces sucede que los que se enfrentan a una situación similar sienten que el mundo y el universo entero se organizó para que ese evento ocurriera. “La tierra giró para acercarnos, /giró sobre sí misma y en nosotros, / hasta juntarnos por fin en este sueño, (…)”, dice un poeta venezolano. ¿Quién puede cuestionar al que se encuentra frente a este momento de deslumbramiento puro?

Y es que así parece que opera la conciencia. Algo similar a la teoría sobre la existencia de este mundo material, pero que también parece que puro pensamiento es lo que lo sostiene. Según esa lógica todo empieza así: un momento de mayor intensidad y luego sobreviene el reconocimiento y existencia de otros elementos.

Todavía no queda claro si todo se corresponde a una naturaleza pensamental que es muy parecida a la realidad o viceversa. Lo cierto es que no es mala idea pensar en las causalidades, hay un misterio que subyace.

Entonces se puede afirmar que una mirada puede sostener el peso de este mundo, y un instante, por más breve que este sea, puede valer por una vida y existencia entera. Lo que le da más peso y realidad a una situación no es el tiempo y la solidez de estos, sino la intensidad que decidimos otorgarle.

¿Quién le puede quitar la razón a aquel que escribió que para que un encuentro fortuito entre dos personas debían ocurrir casualidades como el big bang y todo lo que ya sabemos?

Heathcliff Cedeño