BASTANTE HISTORIA HAY AQUÍ | Historia y Comunas: aportes para el debate

Pedro Calzadilla

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Arrancó el debate sobre la muy importante ley de Ciudades Comunales. !Enhorabuena¡ Sin demora el ejército de militantes de la historia insurgente agrupado en la Red de Historia, Memoria y Patrimonio dio un paso al frente y apenas hace unos días atrás cumplió -de manera exitosa- una primera jornada nacional de consulta. Es una discusión que apenas comienza por lo que vale la pena traer a colación algunas de las experiencias acumuladas durante las últimas décadas en nuestros “combates por la historia”.

Más allá del estudio y análisis de las experiencias históricas referidas a las comunas en la historia de la humanidad -por demás valiosas y pertinentes en este tiempo- interesa poner de relieve la importancia de los saberes y la memoria histórica en el desafío de la construcción del poder comunal a todos sus niveles. ¿Qué tiene que ver la historia con la construcción de las ciudades comunales? En un interesante coloquio titulado Comuna e Historia, realizado en 2016 en el Centro Nacional de Historia, se ensayaron respuestas a esta pregunta. Tres focos temáticos de enorme actualidad y vigencia descollaron entonces, veamos:

1. La historia y el espíritu de las comunas. Fue éste uno de los primeros asuntos que concitó el interés de los participantes en el mencionado coloquio. Si damos por cierta la afirmación de nuestro comandante Chávez acerca de la relevancia de la dimensión “espiritual”, léase “cultural”, para cumplir exitosamente la faena de edificar “comunas”, entonces la historia y el sentido común de la memoria deben ir adelante. La identidad pasa como siempre a decidir la suerte de un esfuerzo colectivo. Si llegamos hasta aquí hilvanados por determinadas fibras, entonces debemos reconocer esos “tejidos”, esa materia cohesionadora, estudiarla y ponerla a dialogar con los nuevos desafíos. El “espíritu del capital” es esa fuerza invisible y poderosa que opone la mayor resistencia. Contra los valores del “capital” opongamos los de la “comuna”. He allí cuando recobrar las huellas y la pervivencia de una ancestralidad “común” pasa a ser crucial. En el tuétano de las identidades encontramos la materia que da sentido a todo lo demás: el pasado compartido en un territorio determinado por un grupo de seres humanos se hace “memoria histórica” y luego -convertida en razón- se rehace como conciencia histórica. La posibilidad y perdurabilidad de la comuna pende entonces de la posibilidad de traer al corazón de los comuneros la trama sensible originada en los tiempos pretéritos y recobrados en el presente. El “espíritu de las comunas” surgirá de la disputa dialéctica entre memoria y olvido, entre la historia que oprime, disuelve y separa y otra que libera, cohesiona, une. “Comuna o nada”, “historia insurgente o nada”.

2. La (geo) historia (insurgente) y la comuna. ¿Cuál es la morfología de la comuna (ciudad comunal), cuál es la dimensión de su territorio, cuál la composición de su población, cuál la relación con los recursos y la producción, cuál la presencia del Estado y otras instancias del poder? La comuna, su dimensión territorial, más que un concepto político administrativo es (debe ser) el resultado dialéctico de las dinámicas históricas. Cuando se trata del examen de procesos históricos ocurridos en la micro escala, las miradas se amplían y cobran renovados sentidos. Desde la aproximación geohistórica la acción humana se muestra en toda su complejidad. Si es cierto que el socialismo es solo posible como resultado de un riguroso proceso de planificación, no lo es menos la comuna. El metabolismo del capital contraría las dinámicas geohistóricas comunales, por ello se impone organizar, inventariar, cuantificar y planificar la transición. Proyectar el camino hacia el “lugar” de los comunes exige darle paso al poderío que emana de la “geohistoria insurgente”, desde allí se tiene un buen trecho ganado en la ardua tarea de alzar comunas. Solo así, con esos anteojos, es posible dotar a la criatura de las mejores condiciones para una vida perdurable.

3. El pueblo cuenta su historia. El otro asunto relevante tiene que ver con la necesidad de organizar la tarea de la reconstrucción de la historia de la comuna. ¿Cuál es el recorrido histórico de ese nuevo ámbito? Urge entonces, una vez iniciado el proceso de su creación, escribir su historia, sistematizar la memoria del colectivo, escribir la crónica de lo acontecido y quizás lo más importante, comenzar a historiar el tiempo coetáneo. Con la conciencia histórica necesaria es imperativo que el novedoso y exigente esfuerzo de darle nacimiento a la vida comunal quede inventariado. Hay por lo tanto que crear las instancias para dejar registrada la historia de ese tiempo presente donde el protagonismo popular colectivo signa el acontecer. El pueblo convertido en poder popular protagoniza una hazaña “micro” templada en gran formato. “El pueblo cuenta su historia”, desafío político y epistemológico de subvertir las convenciones culturales de un “academicismo” todavía sobreviviente en las disciplinas históricas; urge reconocer el poder científico del conocimiento del “común”. Un pueblo toma por asalto el centro de la escena, reconoce su protagonismo al tiempo que encarna en historiador de su propia historia. Pueblo-historiador, pueblo-cronista, pueblo guardián de su propia memoria recobrada, archivos y museos comunales…. memoria viva encarnando en un pueblo dueño de su proyecto histórico, el Proyecto Nacional Simón Bolívar.

Geo-historia Insurgente, El Pueblo Cuenta su Historia, Historia y Comuna. Buen tiempo está soplando para avanzar en esta tarea. Hoy cuando somos de nuevo centro de los ataques y agresiones de todos los imperialismos y neocolonialismos, vayamos a la ofensiva. Tiemblan las oligarquías, la ley de las “ciudades comunales”, propuesta por el presidente Nicolás Maduro, pone a prueba otra vez la conciencia histórica. Nos alistamos para librar esta batalla, el “espíritu de las comunas” nos sigue convocando. Sopla tempestad que aquí habrá comuna para enfrentarte.

Pedro Calzadilla