BAJO LA LUPA | ¿Misericordia, señor?

Eduardo Rothe

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“Sólo se acuerdan de Santa Bárbara cuando truena”, de la pobre Santa Bárbara expulsada del santoral católico en 1969 porque con San Cristóbal y Santa Cecilia eran deidades paganas, arquetipos de la antigüedad, y reenganchada en 2002 quizás después de su apelación a la Inspectoría del Trabajo celestial y porque es la patrona de los artilleros y de los marinos italianos que, pobrecitos, no conocen a la margariteña Virgen del Valle.

En el terremoto de Caracas de 1967 todavía había algunos que pedían “¡Misericordia, Señor!” como si Dios fuera el sismólogo mayor, y ahora con la pandemia lo graduaron de epidemiólogo y le claman por una protección más poderosa que la de la Sputnik V.

Proliferan las supersticiones y recetas religiosas, mágicas, y pseudo-científicas, oraciones, dietas, imanes, plantas, infusiones, auto-convencimiento… Todas con algo de bueno por aquello de que “la verdad es un momento de lo falso”, pero que ocultan lo principal: esta pandemia es culpa por omisión de nosotros y nosotras (aunque los autores materiales son los grandes criminales que manejan el planeta) por no terminar de entender que ésta y otras catástrofes de nuestra ignorancia, conformidad y pasividad con el sistema en que vivimos, donde los humanos no somos sino un recurso –desechable- para la gloria del Capital. Tal como el calentamiento global (eufemísticamente llamado “cambio climático”) que las empresas petroleras niegan sin por eso dejar de pedir subsidios para cuando el derretimiento de los polos suba e nivel del mar y afecte sus refinerías en la costa del Golfo de México…

Meten a Dios en su miedo cuando el mundo se les derrumba y le piden misericordia como si Él fuera causa o remedio de los males producto de la locura humana a todos los niveles.

Y el Oscar de la locura va a… los negacionistas que dicen que no hay pandemia, comenzando con Trump que debería responder por medio millón de muertos (más que todos los soldados estadounidenses caídos la Segunda Guerra Mundial) y el genocida Bolsonaro (sus días están contados), seguidos por otros bichitos menores, sacerdotes y pastores enemigos de la mascarilla que en muchos casos han muerto de Covid-19 (¿karma, justicia inmanente o “bien hecho plátano jecho”?).

En Venezuela, país de mayoría católica no practicante, las oraciones e invocaciones proliferan en las redes sociales mientras los actos de altruismo y caridad cristiana brillan por su ausencia, como en el caso de Monseñor Moronta que protesta airado por el cierre de las iglesias caraqueñas en Semana Santa, seguramente prefiriendo que los fieles se contagien y mueran antes que perder los únicos días al año en que los templos católicos se llenan hasta el tope.

Eduardo Rothe

Periodista y marino. Lleva más de medio siglo de experiencia en guerras y revoluciones, siempre comprometido con la Buena y Vieja causa de la humanidad. Desde hace una década trabaja en Telesur.