HISTORIA VIVA | Carabobo camino al sur

Aldemaro Barrios R.

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Todavía no se habían apagado los carbones encendidos en las sabanas de Carabobo, provocados en la batalla final para liberar a Venezuela, cuando Simón Bolívar volvía las riendas de sus caballos para retornar al sur, rumbo a San Fe de Bogotá y de allí al pecho hondo de Suramérica. Las puertas de Nueva Granada, Quito, Guayaquil, Lima y La Paz se abrieron en Carabobo, pero había que cruzarlas y asegurar el continente en el destino que había escrito en la Carta de Jamaica en 1816 y confirmado en el Congreso de Angostura de 1819.

Bolívar nunca dejó de pensar en grande, sabía que las amenazas eran igual de grandes, los jacobinos americanos eran seguidos y vigilados por los agentes, espías y confidentes de Estados Unidos, Inglaterra, Portugal, Francia y por toda la Santa Alianza que ahora tenía de miembro pobre a la España Borbona.

El Libertador como pocos de su generación no tenía ideas pequeñas como la de los “propietarios” que estaban en el Congreso de Cúcuta asando la brasa para sus sartenes, haciendo “baypass” a las propuestas de Bolívar, entre otras la abolición de la esclavitud prometida a los soldados negros e indios que pelearon en las batallas y al mismo Petión que desde Haití apoyó los titánicos esfuerzos del ejército libertador en el continente suramericano.

Ni Santander ni Páez, tuvieron la comprensión geopolítica internacional y la capacidad de moverse con destreza en el tablero internacional que tuvo Bolívar, sabía que solo la misma unión que procuró en Venezuela con los “diversionistas” orientales debía ser aplicada a lo largo del territorio continental cuya gente hablaba un mismo idioma pero también otras lenguas, la plataforma liberadora para que tuviera éxito debía ser diversa y para ello correspondía demostrarlo personalmente y en el campo de batalla con sus mejores comandantes allá fue Sucre y parte del ejército libertador. Cruzaron esa primera puerta y lo hicieron con certeza matemática.

La campaña del sur era problematizada por la diversidad de caracteres de una población multicultural con una poderosa carga ancestral originaria, heredera de milenios que se dibujaba en el rostro de incas, aymaras, quechuas, distintos vientos que habían perdido su orientación encontrándose ante la espada del invasor y la biblia de los catequizadores. Entonces fueron las lanzas del norte a generar una ansiedad de incertidumbres ante una guerra liberadora con la cual no sabían si se perdería lo que quedaba de aquella heredad dominada por los inquisidores realistas a punta de fuego, gritos culturales y de fe religiosa en un dios extraño, pero que se pintó en sus casas y en sus mentes luego de 300 años, solo les quedaba lo escondido y remoto que aquellas lenguas guardaban con celo.

Una carta de Bolívar a Santander, describe como el Libertador no podía dormir ante el desvelo de la suerte de la guerra que no solo era de pólvora y plomo a lomo de caballo sino también estratagemas diplomáticas donde él operó con destreza y con dominio del tiempo-espacio.

El Libertador ordenó que se escribieran cuatro pliegos, coordinados por Revenga, su nombrado hombre de asuntos internacionales, para que los jefes realistas del sur lo conocieran y se desmoralizaran. En esa carta a Santander de enero de 1822 señaló:

El primer pliego debe contener uno del secretario de Estado en que me participe haber recibido notas oficiales de Revenga, de tal o tal fecha, que Vds. pondrán allá, tan recientes cuanto puedan ser, en las cuales él hable como de una cosa positiva, pero muy secreta, comunicada por un agente extranjero, cuyo nombre oculten para no comprometerlo, de un tratado entre Portugal, Francia e Inglaterra, en que estas naciones se comprometen a una mediación armada, entre la América y la España, para impedir la continuación del curso de las calamidades y de las revoluciones que tienen agitado el mundo; que la mediación se reduce a obligar a la América a que pague todos los gastos de guerra, y a la España a que reconozca la independencia de los nuevos Gobiernos, concediendo a los españoles regalías y privilegios por diez años, para que se indemnicen de la pérdida que ahora hacen… (1)

Paradójicamente esa mentira se hizo realidad con Páez y Soublette en el Tratado de Paz con España de1845, pero entonces las creaciones de estas estratagemas de Bolívar buscaban la derrota moral de jefes realistas como el general Melchor Aymerich a quien escribió en febrero de 1822 para seguir montando su obra:

S.E. el Señor General Páez me comunica que el Señor General La Torre le ha pedido salvo conducto y pasaporte para los señores Marqués de Casa León y Coronel Don José María Herrera, con el objeto de venir cerca del Gobierno de Colombia a tratar de la paz. Añadiendo además que tiene órdenes expresas de su Gobierno para cesar toda hostilidad. Parece pues, que esta guerra destructora a tener un término, y que la Europa entera se interesa en el reposo de ambos hemisferios. (2)

Aymerich, capituló dos meses después ante Sucre luego de la batalla de Pichincha y se convirtió en el último presidente, capitán general, y cabeza político superior de Quito.

Bolívar le señaló a Santander que daría pelea con 2000 hombres ante un ejército opositor de 4000, pero que daría combate y decía: Voy a darlo de rabia y de despecho, con ánimo de triunfar o de no volver. Tal era la voluntad y el ímpetu del jefe de un ejército unido con veteranos de 10 años de guerra y un líder labrado de inteligencia política que mostró la versatilidad de una dualidad bien administrada entre discreción y el arrojo diplomático

En el segundo pliego Bolívar escribe un “guión cinematográfico” para que Francisco Zea, colocado en Francia, simule con lujo de detalles la posición mediadora y el carácter de la diplomacia francesa y le dice que: debe ser gálico, circunspecto, aristocrático y fuertemente adicto a los principios de legitimidad, o por lo menos, a los de Monarquía constitucional(..) Para que llegue a América un supuesto escrito en el que los franceses y la diplomacia europea se desplomaron ante los independentistas.

Todo apuntaba a engañar y sorprender a los españoles en el sur, pero igual las armas unitarias y el empuje del ejército libertador fue arrollador. Bolívar tenía conciencia diplomática y juicio prospectivo a tal punto que un año más tarde el primer ministro inglés George Canning, escribió un memorándum al Duque Jules de Polignac Embajador de Francia en Inglaterra donde expuso la advertencia que Bolívar dibujó en aquella treta contra a los jefes españoles en tierra americana y sugería de manera elegante una retirada honrosa de España y Francia de los asuntos americanos:

“Que este gobierno (Inglaterra) considera que es absolutamente imposible para España recuperar sus colonias y que estas vuelvan a sus anteriores relaciones con aquella. Que Francia negaba, por su parte, cualquier intención o deseo de la situación de Francia con respecto a España para apropiarse de ninguna parte de las posesiones…” (3)

Las estratagemas diplomáticas de Bolívar contra los españoles eran parte de una guerra de posiciones en el plano geopolítico de la diplomacia internacional, el Libertador consideraba las amenazas reales, no tanto de España, que ya estaba en franca ruina, sino lo que vendrían luego por parte de las grandes potencias, voraces por territorios y recursos, como efectivamente ocurrió con Inglaterra y sus posicionamientos armados en los magnos ríos de América del Sur y luego las agresiones de Estados Unidos. Gustavo Pereira compiló en “Simón Bolívar, escritos anticolonialistas” documentos pétreos como la carta de Bolívar a Fernando del Toro, fechada en Cuenca el 23 de septiembre de 1822 donde señala un testimonio del cual hoy somos testigos:

Yo imagino que Venezuela es nuestra vanguardia, Cundinamarca nuestro puerto de batalla y Quito nuestra reserva. La filosofía de la guerra dicta que la vanguardia sufra, pero que exija refuerzos de los otros cuerpos; que el centro auxilie a la vanguardia con todo su poder, y que la reserva, cuidando de su espalda, deposite en sí la salud y las esperanzas del ejército.

Por ello, como lo señaló el historiador venezolano Amílcar Figueroa recientemente, la guerra múltiple por la que transitamos tiene referentes épicos en la independencia y para remontarla será necesaria la unidad americana, son pertinencias para vencer hoy.

Aldemaro Barrios R. | venezuelared@gmail.com

(1) Simón Bolívar, Escritos anticolonialistas. Compilación y comentarios Gustavo Pereira. Fundación Editorial El perro y la rana, Caracas, Venezuela. 2015. Disponible en: http://www.elperroylarana.gob.ve/wp-content/uploads/2016/12/simon_bolivar_escritos_anticolonialistas.pdf
(2) Documento 6653. Nota oficial del Libertador al general Melchor Aymerich, fechada el 18 de febrero de 1822. Archivo del Libertador. Archivo General de la Nación. Caracas, Venezuela Disponible en: http://www.archivodellibertador.gob.ve/escritos/buscador/spip.php?article5767
(3) Líevano Aguirre, Indalecio. Bolivarianismo y Monroismo. Universidad Nacional de Colombia, Vicerrectoría Académica, Bogotá, Colombia. 2012