MONTE Y CULEBRA | La gestión comunal de los sueños

José Roberto Duque

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Entre varias otras cosas, la Revolución me ha enseñado que aquella vieja conseja de tener la mente en el cielo y los pies en la tierra no es solo un juego de palabras bonito y más o menos poético, sino además una necesidad, un requisito, una actitud de urgente puesta en práctica. Las miras del soñador de oficio siempre están allá lejos y allá arriba, pero la realidad es esta cosa que ocurre (y que por lo general es fea, imperfecta, llena de asuntos por corregir o eliminar) y que no es bueno dejar de lado para aplicarse de lleno a la soñadera.

En plena discusión de la Ley de Ciudades Comunales, y rumbo a la construcción de formas de organización social distintas a las que tenemos, he tenido (personalmente) que lidiar duro con las ganas de dejar volar el artefacto de soñar hacia temas o perspectivas inalcanzables, o alcanzables a muy largo plazo. La culpa de que me asalten esos impulsos la tienen, además de mi origen y mi temperamento, la andanza de unos pocos años al lado de esos bichos que llaman Los Cayapos, gente y concepto que merecerán líneas aparte, para después.

Apenas se puso en la mesa el tema de la Ley, me vino a la mente el concepto Cayapo “Poblados integrales”, comunidad anticapitalista que propone una concepción y práctica de la vida en sociedad distintas al modelo capitalista imperante en todo el planeta. La propuesta es un vuelco pleno de toda la armazón comunitaria, que en el fondo resulta en eliminación de la ciudad capitalista industrial: gestión local de la energía sin dependencia de fuentes corporativas o estatales, producción endógena de alimentos, diseño y construcción de la vivienda y el poblado en armonía con el entorno natural; proceso formativo, de la cultura y el entretenimiento, sin intermediación del canon académico eurocentrista vigente; vuelta a prácticas productivas y culturales en desuso desde la instalación de la ciudad capitalista industrial.

Todo esto, rescatando de la sociedad actual las herramientas tecnológicas capaces de universalizar lo que el cosmopolita o liberal considera anticuado, retrógrado o extinguido: la propuesta de un socialismo defensor de los recursos de la tierra, en lugar de su depredador o explotador sin límites.

Esa es la visión Cayapo.

En la Ciudad Comunal que está en el centro de la propuesta o discusión actual en el país:

• No está planteada la destrucción física de las ciudades capitalistas industriales, construidas sobre la piel de las ciudades coloniales;
• No está planteado el exterminio de las personas que se oponen a la evolución de nuestra sociedad hacia un Estado Comunal;
• No está planteado el éxodo masivo desde las ciudades actuales hacia nuevos territorios;
• No está planteado experimentar un nuevo tipo de ciudad en territorios despoblados;
• No está planteada la sustitución de los procesos vitales de la ciudad capitalista actual (familia, escuela, fábrica, iglesia, ejército, policía, cárcel, hospital).

En síntesis, en la propuesta de Ciudad Comunal no está planteada la demolición violenta del tipo de ciudad producto de la guerra, la segregación, la explotación y el saqueo de recursos. No estamos partiendo del criterio de destrucción originaria: queremos fundar lo nuevo y lo sano, pero sin destruir o extirpar de manera traumática lo enfermo. Encima de un cuerpo enfermo queremos construir el nuevo cuerpo, el del futuro.

Estamos promoviendo un nuevo tipo de convivencia, y los llamados a ejercer y organizar la Ciudad Comunal, que no debe parecerse a la sociedad capitalista, somos nosotros, sujetos y grupos formados en capitalismo.

Para el debate: ¿estamos planteando entonces la demolición del sistema capitalista, el perfeccionamiento de sus procesos (del capitalismo) o el lento y gradual reacomodo de la sociedad, dentro de las ruinas de una sociedad que todavía no muere?

José Roberto Duque