DATE CON LA CIENCIA | Héroes de Carabobo

Nerliny Carucí y Guillermo Barreto

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¡La historia está viva! No solo es pasado

“—¿Carabobo? ¿Qué dice a mí ese nombre?
—¡Quiere decir, muchacho, que tendrás un pan tuyo!
Y un cielo siempre tuyo. ¡Propias serán tus manos
y tu voz y tu gesto! ¡Y propias tierras
ayer recién nacidas! ¡Tuya será la luz
de sus piedras remotas! ¡Tuya el agua violenta
de sus violentos mares! ¡El grito de su selva!”.
César Rengifo, en Esa espiga sembrada en Carabobo

En Carora, nació uno de los héroes de la Batalla de Carabobo: Francisco Torres. Bautizado por la pluma del cronista Tulio Febres-Cordero como uno de “los siete infantes de Lara” que participaron en la Independencia de Venezuela. La literatura indica que desde 1813 Francisco acompañó la campaña libertadora de nuestro país, bajo las órdenes de Simón Bolívar. Participó en los desembarcos de Juangriego, Carúpano y Ocumare, así como en la recuperación de Guayana, liderada por Manuel Carlos Piar. Hizo la Campaña del Centro y, en 1819, la de Apure.

Francisco José fue el único de los siete hermanos Torres que sobrevivió a la guerra de Independencia. Él y sus hermanos (Juan Asisclo, Bruno del Rosario, Pedro León, Miguel María, Juan Bautista, Bernardino) son protagonistas entrañables de nuestra historia. Sobre ellos, Febres-Cordero escribió una vez:

“¡Oh, mujer afortunada,
la madre de los Torres!
Bien hubiera podido decir,
como aquella espartana a quien
preguntaron, después de las
Termópilas, qué sabía de sus hijos:
‘Que han cambiado de madre
—contestó, llena de lágrimas—:
son ya hijos de la gloria”.

En la batalla del 24 de junio de 1821, Francisco José combatió a la cabeza del batallón Bravos de Apure, perteneciente a la primera división que estaba bajo la dirección de José Antonio Páez. En Carabobo, este caroreño probó una vez más su amor por la patria.

Sobre el brillante desenlace de la ruta libertadora escenificada en la sabana de Carabobo, el historiador venezolano Héctor Bencomo Barrios ofrece una relación biográfica de algunos de los líderes de la lucha social que acompañaron a Bolívar en esta misión.

En su libro Los héroes de Carabobo, se presenta una animada galería de próceres, algunos incluidos por primera vez. Es significativo que la única mujer biografiada es Josefa Camejo (no porque no haya habido más féminas en la batalla, sino que en el momento del ensayo levantado por Bencomo Barrios no se consiguió información rigurosa de otras mujeres en los registros historiográficos). Una alerta que pone sobre la mesa la necesidad de recuperar las voces de las mujeres en la historia de nuestra patria, en una historia que también ha sido borrada. Voces, como las de las hermanas de “los siete macabeos de la Independencia” que también apoyaron al ejército en combate por la libertad nuestramericana.

Josefa Camejo es una de las guerreras incorporadas a las fuerzas del Libertador, que tiene extraordinarios méritos. A los 16 años de edad, se ofreció como voluntaria, junto a otras mujeres, para defender el territorio de Apure que en ese momento estaba amenazado. Esta hija de Curaidebo, pequeño pueblo del estado Falcón, dejó la tranquilidad del campo para ir a luchar por la libertad del pueblo venezolano. En mayo de 1821, a la cabeza de unos 15 hombres armados, irrumpió en el pintoresco poblado Baraived. Atacó y venció. Dicen que, después de proferir su grito de guerra, pasó a Pueblo Nuevo. Sus acciones aseguraron el triunfo de la revolución en la península de Paraguaná. Al siguiente día, la provincia de Coro fue declarada libre: la misión encomendada a Rafael Urdaneta la cumplió Josefa. Fue una de las bravas mujeres que prestó el juramento de fidelidad a la República y contribuyó a la liberación de Venezuela.

La narrativa de Bencomo Barrios, quien fue curador del Archivo del Libertador y miembro correspondiente de la Academia Nacional de la Historia, contabiliza (aunque no los presenta) a más de 8700 autores de la hazaña de Carabobo que habría que homenajear. El digno elogio incluiría no solo a quienes participaron en el campo de Carabobo, sino también a todas aquellas personas protagonistas de las operaciones y las estrategias que hicieron posible la victoria del 24 de junio de 1821.

En el ensayo de este historiador comprometido —además de las figuras reconocidas de Bolívar, Páez, Bermúdez, Arismendi, Mariño—, se visibilizan quijotes casi ignorados por la historiografía moderna/colonial y que, con la historia insurgente, son vueltos a poner en el corazón de la nación. Entre los criollos, aparecen Juan José Rondón, Julián Mellado, Antonio Gravete, José Gabriel Pérez y, al lado de ellos, algunos extranjeros que se sumaron a nuestra causa independentista: George Woodberry (inglés), Rafael de las Heras (cubano), Ignacio Abreu de Lima (brasileño), Juan Uslar (alemán), Felipe Martí (polaco), Carlos Castelli (italiano), Carlos Eloy Demarquet (canadiense).

De las páginas de Los héroes de Carabobo, emerge una maravillosa semblanza del merideño Antonio Rangel. Un joven formado en el antiguo seminario de Mérida de cuya gallardía e inteligencia el Libertador dejó constancia. Una vez, ante algunas quejas comunicadas por el colombiano Francisco de Paula Santander contra este andino, Bolívar dijo: “Sin el valor de Rangel y de sus compañeros, no vivirían muchos ilustres patriotas”; igual aprecio se registra en el parte de guerra de Carabobo: “… hizo siempre prodigios…”.

El texto al que hacemos referencia hoy, publicado en 2004, constituye un ejercicio de historia orientada a que figuren en el relato histórico nacional todas aquellas personas que han construido la historia de nuestro país. Hasta hace unos años, se visibilizaban solo unos pocos. Las grandes mayorías: los aborígenes, los pardos, los zambos, los negros… las mujeres no figuraban, y si lo hacían, solo aparecían como rémora; incluso algunos hablaban de blanquear la población, para una mayor prosperidad. Hay expresiones registradas en la historiografía, como estas: “Un país tan bonito, pero con un pueblo tan salvaje”; “Gente con modales burdos”. Toda una economía política del desprecio a lo que somos.

Investigaciones sobre los protagonistas que tomaron parte activa en las operaciones de la campaña libertadora cuya historia nos permite recuperar una línea que nos trae 500 años de lucha de un pueblo triturado por puños imperiales. Un pueblo que aún continúa una dura batalla por la soberanía, la justicia y la independencia plenas.

Nerliny Carucí y Guillermo Barreto