Caracas ciudadcaribe | Bloqueo y medidas coercitivas: dos caras de la misma moneda

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Bloqueo económico y medidas coercitivas, son dos expresiones que aun cuando son distintas en su aspecto etimológico y jurídico[1], son aplicables, sin embargo, para constreñir a una economía en particular o a una parte de ella, con los efectos negativos que derivan de tal aplicación. He aquí entonces, en lo práctico, donde a ambos términos se los puede considerar en cierta igualdad. Generalmente, se tiene por bloqueo aquel en el cual se interrumpe el comercio marítimo, con la utilización de fuerzas navales contra las costas y puertos del país agredido, por ejemplo el caso de Cuba, sometida inmisericordemente por Estados Unidos (EEUU) a lo largo de sesenta años. El bloqueo también es verificable por vía terrestre o aérea.

Las medidas coercitivas, a las cuales se les suele llamar sanciones, constituyen actos unilaterales, a los cuales se les pretende dar estatuto legal sobre la base de ejercer castigo sobre una persona o personas en particular que no se someten a los criterios o dictados emanados del país agresor. Sin embargo, tales medidas –al igual que las impuestas por vía de un bloqueo– no sólo afectan a esas personas, sino que sus efectos nefastos recaen sobre la sociedad toda, con el consecuente saldo de hambre por escasez de alimentos, falta de medicinas y repuestos y tecnología o servicios. De este modo se pretende generar descontento en la población, con el solo objeto de exacerbar la inestabilidad política y social que lleve a la caída del gobierno, en este caso no afecto a EEUU, y en lo puntual Venezuela hoy.

1902-1903: “La planta insolente”

Aun antes del bloqueo de 1902-1903, Venezuela fue herida en su soberanía. Las medidas de bloqueos contra el país se llevaron adelante por el llamado bloqueo holandés de 1856 y por el franco-británico de 1858, siendo que el primero de estos países pretendió derechos sobre la isla de Aves, y en el segundo caso todo se suscitó por un incidente diplomático (asilo de José Tadeo Monagas en la legación francesa), por cuya medida hubo fuertes protestas ante la representación de ese país, por lo cual Francia e Inglaterra se sintieron agredidos y procedieron a bloquear con sus naves el puerto de La Guaira. En adelante, estas acciones de sometimiento por la fuerza abiertamente, otras solapadas, serán la tónica de las relaciones entre estas potencias y Venezuela.

De mucha trascendencia y resonancia resultó el bloqueo de 1902-1903, que las armadas inglesa y alemana, con el auxilio de la italiana, practicaron en La Guaira, Puerto Cabello, Carenero, Guanta, Cumaná y Carúpano. La excusa para proceder de esta manera era la de que Venezuela se negaba a pagar la deuda contraída con esas naciones, a la cual agregan otras obligaciones provenientes –según los agresores– de daños causados a sus connacionales.

Para Cipriano Castro era casi que imposible el pago de esa deuda, que por lo demás se consideraba abultada por los acreedores, a lo que añadía que el cuadro de crisis económica existente no permitía honrar esos compromisos.

Federico Brito Figueroa[2] anota que …“las reclamaciones superaban con creces el monto real de las deudas”… las cuales sumaban, según los reclamantes, un total de Bs. 161.267.032, en tanto el Estado venezolano reconocía un monto de Bs. 19.405.689, ¡menuda diferencia!

Políticamente, Cipriano Castro hizo gala de nacionalismo y resguardo de la soberanía nacional y, pese a la superioridad evidente de los invasores, llamó a la unidad nacional para enfrentar la transgresión. Muchos salieron por este llamado, y entre los personajes más relevantes se cuenta al doctor José Gregorio Hernández. De poco, o casi poco, valió este esfuerzo, pues en 1908 su compadre Juan V. Gómez le dio un golpe de Estado en coyunda con el Gobierno de EEUU y las transnacionales de ese país.

2015-2020: “Venezuela , amenaza inusual y extraordinaria”

La guerra multimodal y no convencional que se ha aplicado a Venezuela en estos últimos veinte años ha alcanzado, en el lustro 2015-2020, expresiones de la más aberrante intromisión de EEUU en los asuntos internos de Venezuela. Y esto no es un decir, sino una realidad concreta que se manifiesta de manera cotidiana. En su esencia, nada diferente a lo ocurrido a Cipriano Castro a inicios del siglo XX. Es una práctica constante del imperio, solo que ahora con la Orden Ejecutiva 13.692 de Barack Obama, de 9 de marzo de 2015, EEUU se presenta sin máscaras, ni tapujos, ante la fortaleza de un pueblo y un gobierno venezolanos que resisten con fuerza. Una fuerza que además debe enfrentar a Leopoldo López, Juan Guaidó, María Corina Machado, Henrique Capriles Radonski, Julio Borges, Antonio Ledezma y otros tantos –dentro y fuera del país–, que dejaron de ser políticos para convertirse en delincuentes de la política, con claro daño para el país en su economía y su gente.

El objetivo: ahogar la economía con estas medidas, crear desestabilidad a lo interno del país, generar caos y procurar el derrumbe del gobierno de Nicolás Maduro. Esto lo han intentado a través de acciones concretas, apoyados por una oposición apátrida, pero han ido de fracaso en fracaso. Tales actos, entre otros: atentado fallido con drones contra Nicolás Maduro (5 de agosto de 2018); autoproclamación de Juan Guaidó (23 de enero de 2019); apagón eléctrico a escala nacional (7 de marzo de 2019); golpe de Estado fallido, Base Aérea La Carlota (30 de abril de 2019); Batalla de Los Puentes (23 de febrero de 2020), y Operación Gedeón, invasión paramilitar por Macuto (3 de mayo de 2020), además de la constante propaganda contrarrevolucionaria, vertida por la prensa, televisión y redes sociales, llena de odio y mentira contra el pueblo venezolano y bolivariano.

El capitalismo decadente, con sus medidas neoliberales, no ha tenido compasión con nadie –aun dentro de un momento de tensión y desespero ocasionado por la covid-19– y su atropello se repite con insistencia en diversos países, grandes y pequeños, por lo cual reparten su dosis de maldad en Rusia, China, Irán, Cuba, Venezuela, Nicaragua. Al día de hoy, el presidente de EEUU aplaude y apoya sin cortapisas el bombardeo que en estas horas sufre el pueblo palestino. Sin embargo, ha llegado la hora de los pueblos, de arreciar las luchas, y en Venezuela seguiremos resistiendo, y en Colombia la conciencia llama a un mayor despertar de las masas, contra el narcoestado que desgobierna en ese país.

Al celebrar el Bicentenario de la Batalla de Carabobo, no solo asumimos el regocijo propio que implica la efeméride, sino que lo debemos hacer aupando cada día la lucha con mayor vigor y empuje. Tenemos por delante un imperio que debemos vencer. ¡Venceremos!

Antonio J. González Antías
Lic. en Historia – Paleógrafo,
asesor de la Oficina del Cronista de Caracas