Un Ejército experto en hacer de tripas corazón

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El Ejército Bolivariano está marcando ciertas pautas para el país en general. Lo hace a través de las misiones que ha debido desarrollar en el estado Apure, con un alto costo en vidas humanas y grandes riesgos para sus integrantes. Pero, más allá de esa actividad tan propia de sus funciones, está dando un ejemplo para civiles y militares en tiempos de bloqueo y represalias imperiales: hacer de tripas corazón.

Si los logros de este componente de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana en materia de recuperación de activos echados al abandono se replicaran en el resto de la nación, los resultados sobre la calidad de vida de la población y el uso eficiente de los escasos recursos disponibles se harían sentir en breve plazo.

La cruzada de rescate emprendida conduce a grandes paradojas: el Ejército de Venezuela ha mostrado en estos días de guerra en la zona fronteriza y de conmemoración del Bicentenario de la Batalla de Carabobo una variedad en el equipamiento que deja a más de un experto con la boca abierta.

La panoplia de la fuerza terrestre venezolana es de lo más ecléctica, para decirlo en términos artísticos o gastronómicos: en operaciones reales, en maniobras y ejercicios, y en el referido desfile, se han podido ver los más avanzados carros de combate, camiones y otros vehículos rusos, bielorrusos y chinos arropados con la misma bandera que los equipos estadounidenses, franceses, alemanes, italianos, austríacos, japoneses e ingleses.

Es una paradoja porque se supone que el país tal como está, bloqueado y sometido a medidas coercitivas unilaterales de parte de Estados Unidos y sus aliados de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, solo podría tener activos –a duras penas– los armamentos y vehículos del otro lado del espectro geopolítico. Sin embargo, una sorprendente campaña de restauración –en algunos casos, de reconstrucción– de material rodante y armas ha permitido este extraño fenómeno.

La diferencia entre unos y otros equipamientos es una cuestión de años de servicio. Los rusos son de una generación muy reciente; los “occidentales” son de la tercera edad. No obstante, dado lo reciente de los trabajos de refacción, algunos hasta lucen mejor que cuando fueron traídos al país, hace hasta medio siglo.

El portal infodefensa.com especifica que “…El plan no sólo ha comprendido la recuperación de cientos de tanques y vehículos blindados –algunos de los cuales se encontraban en los patios de chatarra o como piezas estáticas exhibidas en plazas públicas–, sino que también ha incluido obuses de campaña, vehículos tácticos, administrativos e innumerables equipos militares”.

Para quienes vivieron los tiempos de la IV República tiene mucho significado el hecho de que entre los tanques recuperados estén los medianos AMX-30V, los ligeros AMX-13C 90 y los blindados AMX-13M56VTT. Todos estos vehículos de combate, bajo la denominación genérica de AMX, protagonizaron uno de los muy comunes escándalos de corrupción con compras militares en los años 80 y 90. Los aparatos requerían de una repotenciación, que se contrató mediante procedimientos oscuros, tras lo cual solo terminaron repotenciados los bolsillos de varios generales, políticos y empresarios.

Otros tanques recuperados que traen recuerdos notables son los Dragoon 300, que tuvieron su momento estelar durante la insurrección del 4 de febrero de 1992.

El Ejército parece haber asumido para sí el lema robinsoniano de “inventamos o erramos”, porque además de las restauraciones propiamente dichas se han hecho conversiones, es decir, que algunos equipos han sido adaptados para propósitos distintos a los que tenían cuando fueron fabricados. Entre estos destacan los barreminas que han sido empleados en un teatro real de operaciones en Apure, construidos sobre la base de vehículos AMX.

Trascendiendo los interesantes detalles técnicos, es clave lo que este programa le dice al país en general, e incluso a cada familia y cada persona individualmente: es necesario revisar todo lo que se tiene, incluso lo que está ya abandonado y arrumado en algún rincón, para repararlo, restaurarlo o reutilizarlo.

El ministro de la Defensa, general en jefe Vladimir Padrino López, destacó este esfuerzo llevado a cabo por el Ejército, bajo el comando del mayor general Domingo Hernández Lárez: “El Ejército Bolivariano está en efervescencia. Anda en todas partes del territorio no solo defendiendo la soberanía, sino también preservando la paz. El comandante general ha logrado convertirlo en una inmensa maquinaria industrial para recuperar todos estos equipos que ya estaban destinados a ser desincorporados. Agradezco su desprendimiento.

Vamos por más, por la flota de la Armada y por los equipos de todos los otros componentes. Vamos a recuperar todo nuestro apresto operacional con nuestras propias manos”, dijo.

Es un ejercicio emocionante imaginar lo que podría lograrse si algo similar se hiciera en esos organismos civiles que tienen grandes depósitos de equipos apenas utilizados o estacionamientos llenos de vehículos relativamente nuevos pero destartalados y canibalizados. ¿Cuántas de las industrias en manos del Estado o del poder popular podrían resucitar tal como lo han hecho estos tanques y cañones? ¿Cuántos corazones podrían hacerse de todas esas tripas?

El general Hernández Lárez ha destacado la importancia de la unión de los saberes de civiles y militares para que este tipo de procesos y todos se hagan realidad en otros ámbitos. “El llamado es siempre al pueblo venezolano para que se una con su Fuerza Armada Nacional Bolivariana. Nosotros somos un Ejército del pueblo. Si no participa el pueblo la defensa y la seguridad de la patria no existen”.

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Herencia libertadora

Un conocedor a fondo del Ejército Bolivariano de hoy es el periodista Boris Castellano. Y con ese conocimiento reivindica la influencia del pasado en este componente de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana.

“El futuro viene del presente y este a su vez del pasado. Una línea del tiempo que conecta todos los hechos del universo por más distantes que estén uno del otro. Lo vemos en estos días con la Campaña de Carabobo, un evento de profunda trascendencia histórica, que nos recuerda el papel que en el pasado y el presente nos ha tocado vivir a los venezolanos como pueblo y nación”, dice.

“La Campaña de Carabobo fue hace 200 años, el punto de inflexión que demostró la probada vanguardia que Venezuela tuvo en la liberación del continente del imperio español –añade Castellano–. Una liberación de los imperios vigente, si recordamos los acontecimientos que vivimos en nuestro tiempo, ya que a nuestra nación desde 1999, con el Comandante Hugo Chávez, nuevamente la ha tocado la Providencia para encender la chispa de la liberación de nuestros pueblos ante el imperio estadounidense”.

A su juicio, el Ejército venezolano de nuestro tiempo tiene un rol estelar en este proceso de emancipación que ha desbordado nuestras fronteras para convertirse en un proceso regional y global. “Tras 200 años, hoy la llama de Carabobo está más vigente que nunca”, afirma.

Clodovaldo Hernández