ASÍ DE SENCILLO | Sí

Maritza Cabello

0

-Nos vamos para la ciudad mañana.

-Sí. Dijo entre dientes la abuela. Ella no quería ir, pero calló, como siempre.

Como siempre, así aprendió. Sin hacer preguntas, sin opinar. Asentar. Sí, porque sí. No hay discusión. Es una decisión tomada.

El que manda es el hombre de la casa. Si tiene dinero, más. Si tiene poder, se le rinde pleitesía. Si es blanco o más perfilado, todas quieren darle un hijo.

Así lo aprendió, así lo internalizó.

Ella se lo enseñó a sus hijas y se lo talló en la frente a los machos que crió.

Las mujeres de su familia cuidan que se cumpla, unas a otras se critican si alguna intenta saltarse la regla.

Si alguna de las mujeres tiene más de un marido en su historia, es prostituta. Por eso callan y ocultan la procedencia del hijo rubio, del hijo negro. Eso, sí, todos llevan el mismo apellido.

Llegaron a la ciudad.

Bajaron del avión. “Foto, abuela”.

Pose de bienestar, también aprendida.

Plaza principal. “Foto, abuela”.

Cara de felicidad. La tiene siempre a mano.

Ya en casa, con la familia que solo conoce a través de WhatsApp. “Foto, abuela”.

Máscara de amor. Esa sí le sale fácil.

Todos quieren fotos con la abuela. Ya las tomaron, ahora para las redes. Listo.

Se les olvidó que ella está. Que va a dormir en cama desconocida, que se perderá los capítulos de la novela, que no tendrá su bacinilla. Que no come jamón ni huevo frito.

-Buenas noches, abuela ¿La pasaste bien, verdad?

-Sí. Buenas noches. Respondió, al mismo tiempo que rozaba los pies de la bisnieta con la compartía la cama.

Le tocó dormir con la niña tremenda. La respondona. La que le saca canas verdes a los padres. Nadie sabe porqué esa muchacha salió distinta. Ella puede sentir la resignación de la abuela. Ella pregunta y pide razones. Ella dice, no cuando lo siente.

“¡Muchacha pa’ rara!”- Dicen.

La abuela, siente una alegría tímida en su pecho y duerme en paz a su lado. Esa noche soñó.

Entre sueños dijo a todos: ¡No!

Maritza Cabello