PARABIÉN | “Uno de nosotros ‘cometió’ un delito” (III)

Rubén Wisotzki

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1.

No somos tan tontos para suponer que cuando se habla de la responsabilidad colectiva, tanto con relación al Bien, pero especialmente con relación al Mal que ejecuta el Otro, no es un tema de fácil digestión. Entre nosotros no hay, hasta donde se sepa, seres alados, celestiales, puros y, mucho menos fundadores de una nueva escuela ni de moral ni de moralinas. No hay aquí ni la menor intención en crear nuevas divinidades, nuevas creencias, nuevas iglesias, nuevos dogmas. Es nuestro interés algo más terrenal.

2.

Al hablar de un nosotros, que incluya a todos, requerimos de un empeño algo denodado, o al menos delicado, sin que pierda este es el intento un ápice de intensidad. El lenguaje, nos recuerda Humboldt, no es un ergon, es decir un trabajo, y por ende un resultado, sino que es una energueia, una energía, una fuerza, lo más descriptivo de una potencia. Que es, en definitiva, lo que cada uno de nosotros es, aunque no lo crea o se niegue a representar: la capacidad de función o acción.

3.

(Debemos reconocer, antes de continuar, que los de este rincón de párrafos estamos desarrollando una impetuosa animadversión -¿será por la explosión de redes sociales? ¿Es que siempre fue así?- por aquellos que santifican, desde su púlpito narcisista, todo acerca de la cosa, qué es la cosa, qué cosa está bien y qué cosa está mal, por dónde debe ir la cosa, quién es cosa y quién no, cómo se llega a cosa y cómo se deja de ser cosa; ay, sabio de escasa savia, deja la cosa en paz).

4.

Sin lugar a dudas, el proceder de la comunidad tojolabal nos interpela. Fuera del “Yo”, más lejos del “Tú” o “Él”, un robusto y decisivo “Nosotros” sería la conjunción a buscar entre el uno, la persona, el sujeto, el ente, y el bien común de todos. Por eso hemos recurrido, desde la pertinaz insistencia, en la experiencia de la comunidad tojolabal, desde el registro de Carlos Lenkersdorf. Veamos, a manera de concreción del tema por estos lados, en la espera de haber servido de abreboca para una nueva concepción del convivir para vivir (tal como se define una de las iniciativas rectoras de la Fundación Caracas, de nuestra querida Gradillas) y que habría de ser nutrido por cada quien en su experiencia personal, el ejemplo en lo educativo. Escribe Lenkersdorf:

(…) “Los tojolabales no aprecian ser los primeros, los mejores, los ganadores, porque el Nosotros es el gran nivelador de equidad y justicia que no distingue a los de arriba de los de abajo. La educación es el mecanismo procesual de nosotrificación, en el cual todos aprenden, todos comparten sus conocimientos y aportan su sabiduría. Al ser examinados en la escuela, los alumnos se reúnen para resolverlo todos juntos, porque la solución del problema se alcanza por consenso y por la intervención de todos, lo que supone que todos entendieron el problema. El buen consenso es más importante que uno solo se luzca y los demás queden superados, vencidos, atrasados”.

Y por último:

“Se resume en el nosotros con sus ramificaciones múltiples: la intersubjetividad, la nosotrificación, el antisolipsismo, el saber escuchar, el hecho de que todo vive y no somos más que un tipo de seres vivientes entre muchos otros. Nos conviene ser modestos y respetuosos de los demás. Formamos parte de una democracia activa y participativa de extensión cósmica, dicen, por eso insisten en su autonomía dentro del contexto nacional e internacional, y hasta cósmico en el que viven. La autonomía es nosótrica, porque no se subordina ni debe obedecer a nadie, sino que está interrelacionada intersubjetivamente con el estado y el cosmos en que se encuentra”.

5.

Am Ende hängen, doch wir ab / Von Creaturen* die wir machten”, escribió Goethe, quien por cierto no era filósofo: “Siempre terminamos dependiendo de los fantasmas que nosotros mismos hemos creado”.

Por lo tanto, y junto a Goethe, nada cambia si no cambia uno. Podemos empezar por controlar a los fantasmas que nos creamos y que, juguetonamente, se nos aparecen en los espejos para amargarnos el día. Nada cambia si no cambia uno. Y menos cambia si nos cambian los demás, de acuerdo a sus perspectivas o intereses. Más bien nos deforman o nos destrozan.

Todo lo dicho hasta ahora podría ser una pinta, un grafiti: Seamos, desde el Yo, un Nosotros. Para bien.

Rubén Wisotzki


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(*Hay quien traduce ‘criaturas’, o ‘monstruos’, pero nosotros hemos preferido la expresión ‘fantasma’ por considerarla más poderosa, más contundente, además de crear una atmósfera lacaniana que nos reconforta).
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Tomamos de un filósofo una de sus verdades a partir de algo tan simple, y tan complejo, como una escalera: un peldaño se apoya en el anterior y anuncia el próximo, un peldaño es, también, paso y también sostén, un peldaño, el que sea, es la certeza de que vas, pero dentro de la doble posibilidad de subir o bajar. Pensemos en la relación que a partir de esa idea pueda plantearse con el hombre, con la mujer, con la humanidad toda.