CUENTOS PARA LEER EN CASA | Chen Tsai-jeng (1517 c)

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El venerable maestro Chen Tsai-jeng, mi paisano, era un sexagenario espiritual y afable. Una noche, mientras atravesaba solo un campo desierto, vio a dos hombres que marchaban en la misma dirección con un farol en la mano. Apuró el paso y pidió fuego para encender su pipa. Pero esta tardó mucho tiempo en prender con ese fuego.

—¿Su muerte no data, pues, de más de siete días? –se sorprendió uno de los viajeros.

—Aún no –respondió el maestro Chen, que se esforzó en disimular la sorpresa que le  provocaron esas palabras absurdas.

—¡Ah! ¡Esa es la razón! –exclamó el otro, satisfecho de su sabiduría–. El soplo del mundo de los vivientes aún no ha salido enteramente de su pecho, y por eso el fuego de los muertos no llega a encender su pipa.

Sabiendo entonces de qué se trataba, el viviente simuló curiosidad y preguntó:

—¿Es verdad lo que se cuenta de que los hombres temen a los aparecidos?

—No es cierto. En realidad son los fantasmas quienes tienen miedo a los vivientes.

—¿Y qué debemos temer de los vivientes?

—Que nos escupan encima.

Al escuchar estas palabras, el anciano infló su pecho de aire y escupió sobre los dos fantasmas, que retrocedieron tres pasos.

—¿Usted no está muerto? –Se indignaron los dos fantasmas, con los ojos desorbitados.

Chen rió al responder:

—Pues bien, para no mentir debo decirles que soy un viviente que no tardaré en juntarme con vosotros.

Y sin otra explicación escupió sobre esos dos compinches.

Al primer salivazo se encogieron a la mitad, y con el segundo se disiparon como una humareda.

De Siete escritos de la jarra de oro por Juang Chün-tsai, dinastía Ching. Tomado de No temer a los fantasmas. Relatos. Instituto de la Academia de Ciencias Sociales de China. Ediciones en Lenguas Extranjeras. Pekín. República Popular China. Primera edición 1979.