BAJO LA LUPA | Asaltos a la historia

Eduardo Rothe

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El 26 de julio se conmemora el asalto al Cuartel Moncada de Santiago de Cuba en 1953: 165 hombres y mujeres dirigidos por Fidel Castro tratan de tomar una instalación militar, fracasan, y muchos de los revolucionarios, heridos y rendidos, son asesinados por los esbirros del dictador Batista. Esa acción marcó un antes y un después en la historia de la isla e inició la revolución cubana que dura hasta nuestros días. Cuando, en el juicio que lo condenó, le preguntaron a Fidel sobre el autor intelectual del ataque, respondió que era José Martí.

Este 25 de julio murió en Lisboa Otelo Saraiva de Carvalho, comandante de los “capitanes de abril” que el 25 de abril 1974 hicieron la Revolución de los Claveles que puso fin a 40 años de dictadura fascista en Portugal, y concedió la independencia a Angola, Mozambique, Cabo Verde y Guinea después de 13 años de guerra colonial.

El 4 de febrero de 1992, el comandante Hugo Chávez dirigió el levantamiento militar que intentó derrocar al gobierno corrupto de Carlos Andrés Pérez. Aunque derrotado militarmente, el levantamiento fue una victoria política de los rebeldes, que llevó al triunfo electoral de Chávez en 1999 y al inicio de la revolución bolivariana que transformaría a Venezuela para siempre. Los insurgentes se identificaban como seguidores del pensamiento de Simón Bolívar, el Libertador.

Los ejemplos anteriores ilustran asaltos a la historia por hombres y mujeres de grandes convicciones que, como rayos en un día claro, crean situaciones que impiden todo regreso al pasado. Todo lo arriesgan porque la victoria nunca está garantizada, y porque sus motivaciones van más allá de la escala mediocre de una inquietud privada y se inspiran en el ejemplo de los grandes hombres del pasado. Sólo mueren los olvidados.

El filósofo Hegel definía la acción como “esa herida abierta en la tierra quieta, esa zanja que, regada por la sangre, invoca a los espíritus desaparecidos quienes, deseosos de vida, la encuentran en el obrar de la autoconciencia”…

En Venezuela, antes de Chávez, el culto a Bolívar era un recordar amortajado, una sucesión interminable de honores vacíos y saludos a la bandera donde el pensamiento del Libertador brillaba por su ausencia. La revolución bolivariana revivió el pensamiento del héroe sobre la Patria Grande, su espíritu libertario, su antiimperialismo práctico.

Y esto explica los más de 20 años de fracasos de la contrarrevolución opositora, que no tiene convicciones sino intereses, que propone regresar al pasado para recuperar sus obscenos privilegios de parásitos enquistados en la renta petrolera, que se han puesto al servicio del imperio y sus sanciones, han conspirado contra las grandes mayorías, contra el pueblo que desprecian. Y sus “líderes” en el exilio se muestran rodeados de lujos, ya sea por ser ricos de cuna o por aprovecharse de los dineros del Estado venezolano cuyo control EEUU ha puesto en manos de un autoproclamado “presidente”.

La oposición venezolana, incapaz de lanzarse al asalto de la historia, se lanza al asalto y rebatiña de las 30 monedas de plata que le arroja la Casa Blanca y de las cuentas corrientes donde reposa un dinero que no les pertenece. Ricos o nuevos ricos, en política seguirán siendo unos pobres diablos…

Eduardo Rothe