EstoyAlmado | Pagar en digital

Manuel Palma

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Llegó agosto con el anuncio de un Bolívar Digital. Por reconversiones nuestra moneda ha sumado varios apellidos. Con la suma de todos, hoy podría llamarse Bolívar-Fuerte- Soberano-Digital. Sin duda, este último está enfilado a transitar la economía digital, tan viable y necesaria en las complejas circunstancias actuales que vivimos. Yo soy fiel partidario de que en algún momento ese escenario se consolide, por más que las condiciones luzcan adversas, bien sea por efecto metabólico de la crisis económica o por consecuencia del demencial bloqueo.

A primera vista, se suele despachar el asunto facilito: todos los comercios deben tener un punto de venta. Y listo, problema resuelto. Nada que los grandes pensadores de Twitter no hayan podido resolver en un par de trinos virales. Sin embargo, la cruda realidad siempre supera la ficción y, con más frecuencia, las entelequias. Si el problema fueran los puntos de venta, hace rato se hubiese resuelto.

En pandemia sacarse una plástico bancario puede ser tortuoso por diversos motivos que conspiran para que no lo logres: desde escasez de plásticos para elaborar las tarjetas, pasando por engorrosos trámites terrenales y virtuales, hasta los tiempos disponibles (solo en semanas flexibles) para cumplir la misión. Quienes tienen plásticos activos deben cuidarlos con el mismo celo que la cédula o licencia de conducir. Una pérdida o extravío puede llegar a ser una calamidad.

Eso sí, el plástico tampoco es una garantía. Por la lamentable desvalorización del Bolívar, no es usual tener altas sumas de bolívares en las cuentas bancarias. Cuando esto sucede, se suele cambiar rápidamente, comprar dólares en efectivo. Es un círculo vicioso que se repite a diario con mucha frecuencia. Un avance incipiente es que ya en algunos bancos se puede comprar divisas con los bolívares depositados en tu cuenta. Pero hasta ahora no se ha popularizado la iniciativa de pagar el menudeo con las divisas disponibles en el plástico. Al menos no he recibido esa oferta del primer comerciante y tampoco veo que en la banca abunde ese mecanismo.

Del otro lado están los nuevos comerciantes o pequeños negocios informales. Cuando arrancan no siempre tienen el capital disponible para comprar un punto de venta. Aunque existen planes para obtener uno a crédito, les desagrada comenzar el negocio endeudado. Entonces, el pago móvil parece la salvación. Pero como es bolívares, lo consideran una moneda desvalorizante.

Es ahí cuando sucumben al fetiche de los dólares físicos. Y aplican cualquier artilugio para engatusarte para que le pagues en la moneda gringa: te venden 13 plátanos a cambio de un dólar; o cinco manzanas o seis aguacates por ese mismo precio. La inventiva no tiene límites y está dirigida a aquellos que guardan sus billeticos en la cartera. Es una señal: más allá de la digitalización, tanto en comerciantes y consumidores, priva la veneración hacia los verdes en físico. Eso a pesar de la falta de sencillos para los vueltos. Se trata de un obstáculo para cualquier plan de pago digital.

Por otro lado, está la propuesta que Fedecámaras logró se convirtiera en política pública: el hasta ahora poco conocido P2C. Hoy está en ciernes, pero la idea es que el pago sea ágil y práctico. Ojalá se sume como punto positivo al plan de digitalizar la economía. Aunque la verdad no sé qué tanto efecto tendrá, pues parece igual que un pago móvil. Solo que en vez del cliente, el comerciante es quien efectuará la transacción con un código que el consumidor debe darle.

Fuera de la esfera pública, y más en el mundo virtual, hay empresas (la mayoría extranjeras y al margen de la ley) con aplicaciones financieras que invitan a pagar los menudeos diarios. Solo bajas la app y puedes depositar dinero en tu cuenta personal y cambiarlo a dólares virtuales, a un precio generalmente por debajo de la tasa del BCV. La verdad, es una modalidad para nichos de público reducidos.

En lo particular para la cotidianidad económica me inclino por el biopago, el sistema para pagar con la huella dactilar. Consumidor y vendedor se ahorran por igual el uso de tarjetas y datos de conexión de celulares inteligentes. Hoy los biopagos ofrecen la opción de pagar mediante bancos públicos o privados, por lo que no solo se usa para gastar el saldo de los bonos del monedero patria. Con tu dedo pulgar y tu cédula es suficiente. ¿Hay algo más práctico que eso? Lástima que no esté en cada comercio por pequeño o grande que sea. No sé qué razón impide que todos los comercios puedan tener acceso a este medio de pago. Con el biopago un punto de venta luce arcaico. Claro, la conectividad permanente es algo en lo que hay que trabajar. Y mucho, no hay que negarlo.

También está el VePOs. Es un punto de venta incipiente del monedero Patria. A pesar de que aún no se ha activado, resulta prometedor. ¿La razón? Hasta enero el sistema Patria tenía registrados 21 millones de usuarios. Imaginen el alcance que eso puede tener en el país.

Esta tecnología tiene una particularidad: con el celular inteligente se puede usar como punto de venta. Cualquier negocio puede usarlo hoy mismo si así lo requiere. Se trata, pues, de una herramienta que sería de mucho provecho para el plan del Bolívar Digital.

¿Algo que mejorar? Sí, dos cosas puntuales: al momento del cobro exige teléfono certificado del usuario de la plataforma Patria. Ese paso echa a la basura toda la magia de la herramienta. Sería interesante que solo se solicite el número celular con el cual se hizo el registro básico. También debe considerarse que una vez que el saldo sea depositado en el monedero, pueda transferirse rápidamente a una cuenta bancaria, preferiblemente a una donde puedas comprar digitalmente dólares a la tasa del BCV.

Incorporados esos dos detalles, no habría excusa para que el VePOS sea usado por cualquiera que tenga un celular inteligente, ni siquiera por los belicosos dueños del transporte colectivo privado (porque público no es).

Manuel Palma | @mpalmac