Benito Irady: La gestión cultural es un trabajo creativo

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Los Santos Inocentes, de Caucagua, van a ser evaluados por la Unesco.

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Benito Irady no solo es conocido por ser el presidente del Centro de la Diversidad Cultural (que este 16 de agosto cumple 15 años de creado) y por representar a Venezuela ante la Convención de la Unesco para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial. Ahora se llevó el Premio Nacional de Literatura Stefania Mosca, Mención Crónica, con El Libro de Cruz Quinal, que recoge las historias de este famoso músico y artesano de la población de San Lorenzo Mártir de Caranapuey.

Irady lleva más de 50 años trabajando por la cultura y hace 40 ya había empezado a escribir este texto.

—¿Por qué usó el seudónimo Óscar Lynch para El Libro de Cruz Quinal?

—Óscar Lynch responde a un personaje que no tiene nada que ver con el mundo de las tradiciones populares de Venezuela. Es un personaje que he creado que nace en la capital de Irlanda y en similitud a un personaje que conocí hace muchos años, que se viene a trabajar en el mundo del petróleo. Es geólogo y buscador del oro negro en las rocas madres. Ese personaje me permitió escribir una historia de otra Venezuela, no de las costumbres tradicionales.

—¿Qué le impulsó a escribir este último libro?

—En los años 70 y 80, cuando escribía relatos muy breves, recogidos en muchas antologías venezolanas y latinoamericanas, conocí a Cruz Quinal. Encontrarlo a él me llevó a iniciar otro tránsito en la literatura, a escribir esas historias de vida y el gran personaje con el que me inicié fue con él. Quería escribir ese libro a partir de lo que él me narró, lo que desde su mirada y alma pudo confiarme. Era una deuda porque ese libro debió aparecer antes de julio de 1987, cuando él fallece. Después dediqué un espacio para que su familia me narrara lo que él no me narró. Entrevisté al padre, a la madre, a los hermanos, a la esposa y oí mucho más de Cruz Quinal. Guardé por mucho tiempo ese libro. Este año, el 20 de junio, me percato que murió el último hermano de Cruz. Ese día busqué esos papeles y pensé que debía hacer un epílogo. Me senté a recordarlo a él, José Cheo Quinal, que era el más emblemático cantador de joropo de San Lorenzo Mártir, y con ese epílogo, que no alcanza ni las tres páginas, decidí enviarlo al concurso.

—¿Por qué prefirió concursar en este premio?

—Ese libro que no había terminado de escribir y esos testimonios en más de una ocasión acompañaron catálogos de una exposición de un fotógrafo que compartió conmigo esa experiencia cercana a Cruz Quinal: Rafael Salvatore. En un viaje con María Rodríguez visitamos Inglaterra y después fuimos a Portugal, y, entre las cosas de Venezuela para ilustrar la tradición musical del oriente venezolano, nos llevamos una exposición de fotografía de Salvatore. La idea era juntar las fotos y textos para una publicación que teníamos en mente desde hace un par de años, que fue producto de la buena voluntad que nace de un amigo común, Cristóbal Soto, hijo de Jesús Soto, extraordinario bandolinista. En eso andábamos cuando surgió este tema del epílogo y de la voluntad de mandar los textos a Fundarte, pero ese proyecto de juntar las fotos y textos no está cerrado.

—¿Por qué ese título?

—Ese título lo decidimos porque le pertenece más a Cruz Quinal. Yo he sido un intermediario de esa intimidad, de esa memoria y alma de Cruz Quinal; de lo que me ha narrado y de las circunstancias de transformarlo en un género literario que se puede entender como una crónica o testimonio.

—¿Tiene otro libro en mente?

—Muchos. Lo que ocurre es que este trabajo al que nos hemos dedicado, que es la gestión de la cultura, como trabajador cultural, promotor cultural o gerente cultural, siempre lo hemos visto como un trabajo creativo. No lo entiendo de otra manera. No es un trabajo burocrático. Y en ese mundo de la cultura marqué una ruta, una forma de vida y no es otra cosa que ir al fondo, ir a la raíz de un pueblo; ir a las culturas, así, en plural. No hay un solo estado de Venezuela, y creo que muy pocos municipios, donde yo no haya podido tocar de cerca el alma de los hombres y mujeres venezolanos; constatar la grandeza de lo que llamamos el patrimonio inmaterial cultural. Por supuesto, tengo muchos libros desde esa perspectiva, de esos testimonios, de las historias de vida. Estoy justamente trabajando en un segundo libro, después de este, dedicado a una mujer, también del estado Sucre, con una maravillosa historia que me narró. Hay tantas historias que tengo narradas en los pueblos indígenas, en los pueblos afrodescendientes. Es un mundo maravilloso por el que lucho. Ahí esta la revolución cultural.

—Este año se postula a San Juan Bautista y para 2022 las Parrandas del Día de los Santos Inocentes de Caucagua para la Lista de Buenas Prácticas del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. ¿Lo lograremos?

—Ya son ocho expedientes con el Culto a San Juan Bautista. Ese expediente se entregó en diciembre del año pasado y el Comité Intergubernamental de la Convención para la Salvaguarda del Patrimonio Inmaterial Cultural para el 15 de diciembre debe estar evaluándolo entre 62 expedientes del mundo.

El documento de los Santos Inocentes es el noveno que va a ser evaluado en diciembre de 2022. Yo estoy seguro que vamos a lograr que puedan ser consideradas en el registro de buenas prácticas y también estoy seguro que la Unesco los va a citar como ejemplos para otras latitudes del mundo.

Rocío Cazal
rociocazal@gmail.com
Foto Jacobo Méndez