BAJO LA LUPA | La China vecina

Eduardo Rothe

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En 1960, si la memoria no me falla, se celebró en la Asociación Venezolana de Periodistas (AVP) un acto presidido por Argimiro Gabaldón, donde el poeta Rafael Alberti contó anécdotas y recitó poemas sobre su reciente viaje a China. Al finalizar, se fundó la «Asociación Amigos de China» y yo firmé el acta con el número 13, y el número 12 le tocó a mi amigo Remigio Herrero, hijo del célebre miliciano de la defensa de Madrid, Remigio Herrero, “que para la guerra es un prodigio” como lo llamaba en burla el asesino Queipo del Llano cuando hablaba, borracho, por Radio Sevilla, incitando a sus soldados a violar a las mujeres republicanas.

Con mis 15 años, la República Popular China, fundada el primero de octubre de 1949, era más joven que yo. Y aunque era el tercer país en territorio, el primero en población, y estaba entre los fundadores de las Naciones Unidas, Estados Unidos y los beneficiarios europeos de su Plan Marshall solo reconocían entonces a la minúscula “República de China” de Taiwán, una especie de Guaidó de las naciones, totalmente sometida a Washington. Esta farsa duró hasta 1971, en que la República Popular China desplazó a Taiwán y pasó a ocupar el lugar que le corresponde.

China es una realidad que viene de lejos: el nombre aparece por primera vez en sánscrito, en el Mahahbarata hindú, en el Siglo V a.C., y el primer idioma occidental que lo registra es el portugués en 1516. A lo largo de la historia sus dinastías e imperios han crecido y han caído en medio de guerras y revoluciones. Pero una vez estabilizada, China superó sus problemas ancestrales, se crece y para fines del siglo XX tenía trabajando más maquinaria de construcción civil que todo el resto del planeta. Y mientras el capitalismo occidental hoy solo invierte en algunos pocos sectores privilegiados y en especulación financiera, el gigante asiático que produce desde cortaúñas hasta portaviones y trenes de alta velocidad, se desarrolla con unas tasas increíbles: en lo que va de 2021, con todo y pandemia, el crecimiento económico fue de 18%.

China es actualmente el primer exportador y el tercer importador y –digan lo que digan– la mayor economía del planeta. Sus relaciones financieras y comerciales con el resto del mundo, y en particular con los países en desarrollo de Asia, África y la América Latino Caribeña no imponen condiciones políticas ni paquetes de medidas neoliberales como el destructivo Fondo Monetario Internacional (FMI).

Se entiende que Washington sienta como una amenaza la creciente presencia China en el mundo y tenga como prioridad estratégica cercar, presionar y amenazar a China con la ayuda de sus aliados de Europa y el Pacífico. Y se entiende también que países como Venezuela vean en ella un socio comercial confiable para sortear las sanciones impuestas por el Gobierno de Estados Unidos y la UE.

Los avances del transporte y las telecomunicaciones hacen que China ya no sea un país misterioso y lejano, sino una presencia cercana. Para nosotros, ahora, China es vecina.

Eduardo Rothe