AHORA LOS PUEBLOS | Carta de Jamaica y resistencia nuestramericana

Anabel Díaz Aché

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…insaciables de sangre y de crímenes, rivalizan con los primeros
monstruos que hicieron desaparecer de la América a su raza primitiva

Simón Bolívar (1)

El pasado 6 de septiembre, se cumplieron 206 años, desde que Bolívar escribiera la Carta de Jamaica. Muchas investigaciones, y desde diversas perspectivas, la muestran como uno de los documentos fundamentales de la doctrina bolivariana. Su valor histórico se centra en la caracterización de Latinoamérica, como territorio en disputa con los poderes hegemónicos de su época. El análisis de las tensiones geopolíticas y los posibles escenarios en ella descritos muestran una visión histórica de largo alcance, cargada hoy de plena vigencia.

Uno de los elementos menos estudiados de este importante documento, lo constituye el reconocimiento que hiciese el Libertador, por primera vez, de la causa indígena, presentándolos como los legítimos dueños de estos territorios: “Nosotros somos un pequeño género humano; poseemos un mundo aparte… no somos indios, ni europeos, sino una especie media entre los legítimos propietarios del país, y los usurpadores españoles” (2). Asimismo, reconoce el mestizaje generalizado de la población de las colonias españolas, colocando en entredicho la supuesta “limpieza de sangre”, en la que se sustenta la sociedad de casta, a la que pertenecía, como miembro de la cúspide de la pirámide social.

Bolívar se reconoce mestizo y con sus ideas descolonizadoras demuele el mito fundamental del colonialismo español en estas tierras. Enfrenta directamente la inferiorización étnica a la que eran sometidas las poblaciones indígenas, como principal instrumento de ideologización colonial. Desde la iglesia católica, se sostuvo y justificó el racismo contra los pueblos originarios, como señala Luis Felipe Pellicer, en su artículo Un Oprimido Americano Meridional, en las obras de los cronistas de Indias, “quedó reflejada esa clase dominante, cuya mentalidad excluyente y fundamentalmente racista, concibió a nuestros indígenas como gente ‘ociosa e viciosa, e de poco trabajo e melancólicos e cobardes, viles y mal inclinados, mentirosos e de poca memoria, e de ninguna constancia’ … los califica de ‘holgazanes, vanagloriosos, vengativos y traidores’. Esa percepción inicial se proyecta y permanece hasta principios del siglo XIX (continúa siendo una de las matrices del racismo actual). Se discriminaba a los indígenas a pesar de ser legalmente iguales a los blancos” (3).

En el análisis exhaustivo sobre la coyuntura mundial, realizado por Bolívar en la Carta de Jamaica, compara la abismal diferencia en el trato a los monarcas depuestos en la “culta Europa” y el trato recibido por los líderes de los pueblos originarios, por parte de los conquistadores europeos, sin otra relación de causalidad que el racismo: “Existe tal diferencia entre la suerte de los reyes españoles y los reyes americanos, que no admiten comparación; los primeros son tratados con dignidad, conservados, y al fin recobran su libertad y trono; mientras que los últimos sufren tormentos inauditos y los vilipendios más vergonzosos. Si a Quauhtemotzin sucesor de Moteuczoma, se le trata como emperador, y le ponen la corona, fue por irrisión y no por respeto, para que experimentase este escarnio antes que las torturas. Iguales a la suerte de este monarca fueron las del rey de Michoacán, Catzontzin el Zipa de Bogotá, y cuantos Toquis, Incas, Zipas, Ulmenes, Caciques y demás dignidades indianas sucumbieron al poder español. El suceso de Fernando VII es más semejante al que tuvo lugar en Chile en 1535 con el Ulmén de Copiapó, entonces reinante en aquella comarca. El español Almagro pretextó, como Bonaparte, tomar partido por la causa del legítimo soberano, y en consecuencia llama al usurpador como Fernando lo era en España; aparenta restituir al legítimo a sus estados y termina por encadenar y echar a las llamas al infeliz Ulmén, sin querer ni aun oír su defensa. Este es el ejemplo de Fernando VII con su usurpador; los reyes europeos sólo padecen destierros, el Ulmén de Chile termina su vida de un modo atroz” (4).

Conoce el Libertador, de primera mano, el terror y odio que desde la metrópolis han inculcado entre las castas por los sublevados y la causa independentista, ha sufrido destierro, traiciones, llegando incluso a correr el riesgo de perder la vida. Conoció la saña española en contra sus compañeros y las graves consecuencias que la guerra intestina ocasionó al pueblo llano, por ello ya para 1815, año en que escribe esta misiva, reconoce ante su destinatario, la necesidad de establecer en los nacientes Estados americanos “gobiernos paternales que curen las llagas y las heridas del despotismo y la guerra” (5).

Bolívar, bajo la responsabilidad de dirigir como estadista las nacientes repúblicas, desarrolla su pensamiento con leyes y acciones de gobierno que permiten establecer la igualdad, como hilo conductor en su relación con los pueblos originarios. Es así como diez años después, en 1825, como Presidente de la República de Colombia y Encargado del Supremo Mando en la República del Perú, promulga el Decreto en Protección a los naturales de Cundinamarca, donde expresa que: “Deseando corregir los abusos introducidos en Cundinamarca en la mayor parte de los pueblos de naturales, así contra sus personas como contra sus resguardos y aun contra sus libertades, y considerando que esta parte de la población de la República merece las más paternales atenciones del gobierno por haber sido la más vejada, oprimida y degradada durante el despotismo español…” (6). Les devuelve sus legítimas tierras, les garantiza los medios para su subsistencia, la educación, y prohíbe a los curas, jueces, políticos, o a cualquier otra persona servirse de los naturales sin pagarles el salario que antes estipulen en contrato formal.

Para la segunda década del siglo XXI, los pueblos originarios de América, ocupan la escena política de la región, desde Canadá hasta Chile, con grandes avances en sus procesos organizativos, de acumulación de fuerza y de nuevos liderazgos, resaltan las luchas en México, Guatemala, Honduras, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Brasil y Chile… Bolívar camina junto a ellos.

Anabel Díaz Aché

Fuentes consultadas:

(1) (2) (4) y (5) Bolívar, Simón. Contestación de un americano meridional a un caballero de esta isla. (Carta de Jamaica) Kingston-Jamaica, 6 de septiembre de 1815. Disponible en: www.archivodellibertador.gob.ve
(3) Pellicer, Luis Felipe. Un Oprimido Americano Meridional, publicado en Revista Memorias de Venezuela, julio-agosto 2015. Disponible en: https://albaciudad.org/wp-content/uploads/2015/09/Memorias-de-Venezuela-33-en-BAJA-R.pdf
(6) Simón Bolívar. Decreto mediante el cual se devuelven a los naturales de Cundinamarca, como propietarios legítimos según sus títulos, todas las tierras que formaban los resguardos, y se estatuye lo pertinente, fechado en la Villa de El Rosa­rio el 20 de mayo de 1820. Disponible en: http://www.archivodellibertador.gob.ve/escritos/buscador/spip.php?article7952