HABLEMOS DE ESO | Raza

Humberto González Silva

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“¡Yambambó, yambambé! / Repica el congo solongo, / repica el negro bien negro; / congo solongo del Songo / baila yambó sobre un pie”. Así comienza el canto negro de Nicolás Guillén, en el Sóngoro cosongo, en cuyo prólogo nos dice que sabe “desde luego, que estos versos les repugnan a muchas personas, porque ellos tratan asuntos de los negros del pueblo”. Dice que no le importa, sino que más bien le alegra: “Eso quiere decir que espíritus tan puntiagudos no están incluidos en mi temario lírico. Son gentes buenas, además. Han arribado penosamente a la aristocracia desde la cocina, y tiemblan en cuanto ven un caldero”.

Algo del racismo venezolano está por ahí, como en esa vergüenza aprendida a fuerza de látigo y de glorificación del amo blanco. “Las reliquias de la Dominación Española permanecerán largo tiempo antes de que lleguemos a anonadarlas: el contagio del Despotismo ha impregnado nuestra atmósfera, y ni el fuego de la guerra, ni el específico de nuestras saludables Leyes, han purificado el aire que respiramos. Nuestras manos ya están libres, y todavía nuestros corazones padecen de las dolencias de la servidumbre”, dijo Simón Bolívar en el discurso de apertura del Congreso de Angostura.

Racismo venezolano, dije, y hay quien lo negará, pero para muestra un botón: “El peligro negro es el más grave y su solución es más difícil. Ya Venezuela tiene una población negra considerable, que no es conveniente tratar como de raza inferior (…) Por muchas razones el negro ha sido, en los países americanos, un factor de deterioración cuando las razas se han mezclado o de desorden cuando han permanecido separadas”, escribía Alberto Adriani (el mismo que da su nombre a un municipio de Mérida y a un instituto universitario privado) allá por los años treinta, expresando la opinión de una oligarquía que se suponía a sí misma como blanca.

Buena parte de la descolonización (desaparición de las reliquias de la dominación) se adelanta si empezamos por reconocer y valorar con orgullo todo ese inmenso caudal que como hijos de África tenemos. “Tengamos presentes que nuestro pueblo no es el europeo, ni el americano del norte; que más bien es un compuesto de África y de América, que una emanación de la Europa; que hasta la España misma, deja de ser europea por su sangre africana, por sus instituciones, por su carácter”, dijo también Bolívar.

Humberto González Silva*

*Profesor universitario e investigador. Presidente del Centro Internacional de Estudios para la Descolonización “Luis Antonio Bigott”.