HORIZONTE DE SUCESOS | El black metal llegó al llano XIX

Heathcliff Cedeño

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El malestar hizo que me moviera con lentitud decrépita por el resto de ese día y el siguiente. Los días pasaron lento y no dejé de hacer lo que siempre hacía siempre: nada. Vivir la juventud esquinera siendo un vago a tiempo completo.

Sin embargo, el pensamiento de cómo sería ese día no dejó de martillar mi mente. Pensaba en los posibles azares, errores, incluso en la falla general de la fiesta. Una imagen recurrente era verme a mí mismo entrar en la casa de Carlos y saludar al resto de los invitados. En esos pensamientos podía controlar la situación, el saludo de los otro y, obviamente, mis respuestas redondas y sin fisura ante posibles bromas sucias o ataques. Lo único que en realidad podemos controlar, pero la realidad aún era frágil. Lo cierto es que nunca sabemos a ciencia cierta cuando ocurre, solo llega y pasa sin darnos cuenta y nos sorprende.

Pero también volvía el recuerdo de los discos siendo superpuestos con rapidez por Rafa, o Daniel, no importa, para que no pudiéramos detallarlos. La imagen recurrente era la de los jinetes monstruosos montando unos caballos igual de horripilantes sobre un fondo púrpura y una luna llena pálida. También llegó el recuerdo de un perro deforme en un fondo oscuro, como si saliera de una oscuridad insondable. En una de las esquinas superiores del disco pude leer con dificultad, Dark Funeral, cuyo fondo era un pentagrama invertido y la cabeza de un chivo en perfecta armonía con la figura geometría.

Ahora que han pasado los años me doy cuenta de que el impacto de esas imágenes y el resto era proporcional a la Juventud y niñez cristianizadas por el entorno familiar y medio esotérico en el que crecimos. Un universo igual de oscuro y sombrío, de rostros petreos y miradas languidas, imágenes que tenían movimiento debido a la luz nerviosa que las alumbraba penosamente. Particularmente recuerdo una suerte de rosario compuesto por partes humanas de acuerdo al milagro pedido y, según la tía religiosa, concedidos. Esas medallitas tenían forma de tetas, pie, manos, ojos y otras partes del cuerpo. Todo muy coherente según esa tía y la abuela.

Heathcliff Cedeño