HISTORIA VIVA | La contraofensiva de Piar

Aldemaro Barrios Romero

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Para desarrollar el tema histórico-militar y comprender cómo fue que el General en Jefe Manuel Piar obtuvo tantas victorias en su carrera militar y que al morir estaba invicto en los combates en los que participó como oficial o comandante de tropas, sería recomendable leer o escuchar voces especializadas. Como las del historiador y coordinador de la maestría de historia militar del Instituto de Altos Estudios de Defensa de la Nación en Venezuela, Dr. Henry Navas, o al Comandante, exdecano de la UNEFA en Guayana y TCnel (r) Antonio Valdez Mederico, quienes el próximo 27 de septiembre alternarán con el profesor Alexander Torres Iriarte en la Casa de la Historia Insurgente en Caracas, donde se realizará un homenaje a Manuel Piar a propósito de los 205 años de la Batalla de El Juncal de 1816.

Sin embargo para una aproximación al tema sería conveniente empezar por el análisis de la personalidad de este notable oficial patriota que fue Piar, quien luego de la batalla mencionada fue jerarquizado con el título de General en Jefe.

Lo primero: las características personales de Piar, quien comenzó su carrera como Alférez de Fragata en 1811 y ya era un militar experimentado en 1816, al momento de dirigir la Batalla de El Juncal tenía 38 años y había cruzado el umbral del conocimiento táctico especializado en lo militar. Se dice que era muy temperamental, y pecando de subjetivo me atrevo a comparar las características de un taurino nacido el 28 de abril de 1774, como impetuoso y muy agresivo cuando se enojaba, pero con significativas virtudes como práctico, ordenado, serio y pragmático en los asuntos militares.

Ser hijo de un marinero como Fernando Piar y de una mulata rebelde como María Gómez le dio los elementos sustanciales “para desarrollar una sensibilidad social” que luego como adulto guerrero del mar primero y como diestro táctico desplegó con prestancia marcial.

Piar, cuatro días después de su matrimonio con María Martha Boom el 8 de abril de 1798, observó desde las costas de Curazao y frente a la bahía de Santa Ana los combates navales entre barcos ingleses y franceses disputándose el control de la isla, “los curazoleños presenciaron el espectáculo bélico mientras nueve barcos de guerra holandeses permanecían anclados en la rada ante la destrucción de sus aliados franceses e indiferentes en el socorro de los heridos galos” (1).

Francia había invadido a Holanda, pero en Curazao no querían ni a los franceses ni a los ingleses y allí estaba Piar un joven aprendiz de 24 años de edad, observando las tácticas de guerra emprendidas por dos doctrinas y métodos tácticos diferenciados, además de haber participado en algunas acciones militares de curazoleños contra la invasión inglesa.

Manuel Piar aprovechó una visita a Curazao de la diplomacia revolucionaria de la Junta Suprema de Caracas, encabezada por Mariano Montilla y Vicente Salías, para regresar a La Guaira; recordemos que vivió de niño a adolescente en esa ciudad portuaria. En medio del fervor rebelde de Caracas ingresó al cuerpo militar y lo hace al ser nombrado por el Supremo Poder Ejecutivo como Alférez de Fragata.

El año siguiente navegaba desde Puerto Cabello con buques cañoneros patriotas que patrullaban las costas del oriente y las entradas del río Orinoco. Toda esta experiencia lo familiarizó con el entorno geográfico de donde obtuvo una compresión marítima y territorial que luego le sirvió para calcular topográficamente los espacios donde desarrolló sus principales batallas usando su cartografía y cálculos militares.

En el ámbito marítimo de entonces, la armada española y los corsarios bajo cédula de la Monarquía fustigaban a las fuerzas marítimas y terrestres patriotas desde el mismo momento de la Declaración de Independencia. De Puerto Rico llegaron corsarios que hostigaban el comercio de la incipiente república así lo señaló el historiador español Manuel Díaz Ordónez cuando citó lo que la gaceta de Caracas informó entonces:

“Puerto Rico se significó como una base avanzada de buques corsarios que patrullaban las costas de Venezuela para impedir el comercio, el transporte y la actividad pesquera. El impacto de estas actividades fue muy notable para Venezuela. Desde la gaceta de Caracas, instrumento principal de propaganda del nuevo gobierno, se clamaba contra los corsarios españoles con una furia inusitada: «aquel gobierno intruso y amañado ha querido alucinar las Américas, justificando con esta conducta pérfida y atroz nuestra resolución de no depender jamás de ellos y sus Reyes, ni de otra nación extranjera»” (2).

Piar sabía que sin capacidad naval no se podía forjar una guerra de las dimensiones que se aproximaban, fue ciertamente uno de los eslabones de la cadena que el Libertador logró armar, cuando ordenó al almirante Luis Brión activar las patentes de corso disponibles a favor de los patriotas desde 1819.

Ya se había instalado el Congreso de Angostura y se dictaron las normativas para las patentes de corso, pero durante el tiempo de Piar, todavía no se había consolidado una armada fortalecida como lo fue después de 1819. Sin embargo los oficiales como Piar, para 1816 ya habían acumulado suficientes elementos de experticia táctica para plantear batallas con éxito asegurado y la batalla de El Juncal fue una demostración palpable de ello.

¿Cuál era la destreza táctica de Manuel Piar? ¿Cómo fueron posibles las victorias en tantas batallas? El Comandante y Teniente coronel (r) Antonio Valdez Mederico lo describió en un conversatorio público de la Red de Historia Memoria y Patrimonio realizado recientemente:

“Piar tenía preparación artesanal en su natal Curazao, con su padre navegante, hablaba cuatro idiomas, vivió en medio de la guerra entre franceses, ingleses, holandeses. Estudio y se graduó de Alférez de Fragata en una escuela y la República lo empleó como militar… se hizo formando ejércitos, reclutando gente y enseñando el arte de la guerra, la táctica, la estrategia. Se afirma por ejemplo, que en la batalla de Altos de los Godos (3) contra Monteverde utilizó la estrategia del ‘Vuelvan Caras’, lo hizo también en el Juncal”. Una táctica usada también por José Antonio Páez en sus contraataques.

Coincide Valdez Mederico con Asdrúbal González, en la práctica de Piar de ordenar y colocar los elementos ofensivos en el plano previo, para no descuidar ningún detalle mucho antes de la batalla y mantener la disciplina en el cuadro de combate. El Libertador del Sur de Venezuela como suele llamarlo Fernando Soto Rojas, conocía muy bien los componentes tácticos de los españoles de entonces:

“La formación de ataque utilizada fue el llamado orden mixto: un batallón en línea al frente, seguido de dos batallones en columna por los flancos. Frente al ataque en columna, los británicos preferían, en cambio, la formación lineal. La táctica francesa utilizaba a los tiradores o voltigeurs, que actuaban en parejas. Otros factores decisivos eran su superioridad numérica y el empleo de la artillería (piezas sistema Gribeauval, de fácil recambio) que apoyaba el avance de la Infantería, y una Caballería superior en número y preparación” (4).

Piar se apoyaba en todos los órdenes, especialmente en las tácticas de guerrilla, reserva, resistencia y contraofensiva. Una vez que el enemigo gastaba sus recursos, contraatacaba con fuerza usando los flancos para debilitar la retaguardia del enemigo. Sobre todo reunificando fuerzas como en la batalla de El Juncal, donde obtuvo la ventaja por un titánico trabajo previo de unificación de fuerzas guerrilleras dispersas, sumando las tropas de las divisiones del Centro y Oriente con un liderazgo brillante en el que despuntaba su lucidez en la maniobra para incorporar a los blancos, negros, indios, mulatos, pardos y mujeres en la lucha contra un enemigo común: el imperio español.

Más allá de lo táctico contraofensivo con la Batalla del Juncal, el 27 de septiembre de 1816, Manuel Piar abrió el camino hacia Angostura y con la Batalla de San Félix, dejó libre la ruta para que el Libertador y su estado mayor sentaran las bases para el Estado Nación que luego vino con la Colombia continental.

Aldemaro Barrios Romero | venezuelared@gmail.com

(1) González, Asdrúbal, Manuel Piar. Vadell Hermanos Editores, Valencia, Carabobo 1979, p.25.
(2) Díaz Ordóñez Manuel. La Real Armada y el control del Orinoco en la primera parte de la independencia venezolana: La Batalla de Sorondo, Cita La Gaceta de Caracas. Caracas, 16 de julio de 1811. Disponible en: https://idus.us.es/bitstream/handle/11441/84075/1/ARTICULO.
(3) Maturín, 25 de mayo de 1813.
(4) La Guerra de la Independencia (Española) a través de los fondos del Archivo Histórico Nacional. Ministerio de Cultura y Deporte. Gobierno de España. Disponible en: http://pares.mcu.es/GuerraIndependencia/portal/viaje/estrategia/tacticas.html