Segunda clase… El bolero, género de todos los tiempos

Humberto Márquez

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El bolero no morirá jamás, para hacerlo tendría que morir el amor que es su esencia y conciencia. ¿Cómo puede morir un género que le canta al amor?… El bolero, más que un género musical, es un crossover de versiones musicales del amor y el despecho, del dolor de amar, es la historia sentimental del Caribe, contada desde las entrañas de la pasión de los enamorados y despechados, que somos nosotros mismos. Valdría la pena contar su desarrollo natural durante el siglo XX, sus picos populares durante las décadas del 30, 40 y 50 y hasta la 60 misma, pero exceden los parámetros de esta nota incluir por supuesto sus caídas y recaídas, sus repuntes y sobre todo su perenne permanencia en el corazón y alma de quienes vivimos de este lado del mundo, e –incluso– de otros lares tan sorprendentes como Japón. Adonde quiero llegar es que el bolero es otra historia apuntalada por la radio y las rocolas, medios comunicantes de esos sentimientos caribeños, multiplicadores de esa poética especial de sus compositores.

Gonzalo Roig, Sindo Garay, Eusebio Delfín, Manuel Corona, Ernesto y Ernestina Lecuona, Miguel Matamoros, Orlando de La Rosa, Agustín Lara, Guty Cárdenas, Rafael Hernández, Pedro Flores, María Grever, Consuelo Velásquez, César Portillo de La Luz, José Antonio Méndez, Álvaro Carrillo, Bobby Capó, Benito de Jesús, Roberto Cantoral, Oswaldo Farrés, y hasta Armando Manzanero, para no decir tantos que se me escapan. Y sin olvidar jamás a los venezolanos Aldemaro Romero, María Luisa Escobar, Chelique Sarabia, Jhony Quiroz, el de “Tú Sabes” de Estelita del Llano y unos cuantos, tantos otros. Como diría el investigador colombiano César Pagano: “En el fondo de cada latinoamericano hay un bolerista dormido que en cualquier momento puede despertar a regalarse una serenata”.

Sin embargo, creo que si se tratara de buscar la clave de la perdurabilidad del bolero, la encontramos en un delicioso ensayo de José Balza, en su versión original, conferencia dictada en las “Conferrumbas” del 95, pero que llegó a mis manos en su edición 2002, colección letras de las ediciones de la Biblioteca de la UCV, El bolero: canto de cuna y cama.

Ciudad CCS / Humberto Márquez