EstoyAlmado | Niños con celulares (y II)

Manuel Palma

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Si hoy los menores de 12 años están más expuestos a los celulares, es obviamente por entera responsabilidad de nosotros, los adultos. Sin hablarlo ni debatirlo en profundidad, somos promotores activos para que los niños usen celulares superinteligentes.

Lo hacemos por varias razones, una más endeble que la otra. Repasemos algunas de esas ideas:

Modernidad. Por alguna razón fatalista, en el siglo XXI creemos que los niños son más avanzados si usan celulares, aunque no sean educados para tal fin. Las madres/padres regalan celulares a sus niños, convencidos que sus hijos son más modernos. No hacerlo es condenarlos al “retraso”.

Ahora, la pregunta es: ¿qué hacen cuando lo tienen?, ¿de verdad son más modernos cuando tienen un celular en sus manos? Una vez le pregunté a un “niño moderno” con celular si sabía enviar un correo a la maestra; o si podía buscar alguna información en Google. El niño me miró feo. No tenía por qué saberlo. Desorientado y lleno de la adrenalina de cargar un juguete nuevo el niño apenas improvisaba con el celular. Jugaba azarosamente.

Pronto ese niño “moderno” con celular consumirá a diario los mismos memes, reels y materiales lúdicos que promueven abiertamente el racismo, la xenofobia, la discriminación política y la justificación a la violencia de género y psicológica. Y si sentimos que esa sobreexposición es inofensiva es porque muchos de nosotros, cuando éramos niños, sobrevivimos (creo) a los mensajes nocivos de la televisión de los años 70, 80 y 90.

Por otro lado, esa idea sobre que los niños son más modernos con celulares viene con algunas consecuencias precoces. El concepto de bien arregladas y coquetas ahora se confunde sutilmente con la hipersexualización infantil. Es un comportamiento naturalizado que muestra a las niñas haciendo poses sexys de adultos, e incluye mordeduras de labios y muecas de boquitas de pato. Hay madres/padres que no lo ven así; creen que sus niñas son modernas por mostrarse hipersexualizadas en redes y estados de wasap. Son los visos del postmodernismo virtual que borra fronteras de toda índole.

Seguridad. Esta teoría indica que los niños están más seguros si utilizan un smartphone para comunicarse con los adultos, sobre todo si están fuera de casa o distanciados de sus padres. Pudiera tener sentido para aquellos niños con sus padres fuera del país. Pero para aquellos que viven juntos, no sé por qué un perolito (celular con llamadas y sms) no cumpliría el fin de comunicarse en la calle.

Esa misma idea de seguridad hace que le entreguemos a los niños un celular, sin mayor orientación que la exploración. Así los convertimos en presas fáciles de adultos depredadores y hater en la red, mimetizados en niños o adolescentes para fines oscuros. Los niños no lo saben, y cuando algo les pasa no suelen comunicarlo a sus padres por temor a que les quiten el celular o les restrinjan su uso.

Interacción. Los celulares pueden ser vistos como medio de socialización para los niños. Al principio de la pandemia esta creencia se afianzó debido al encierro y al obligado distanciamiento con los compañeros de clases, como parte de la fracasada educación a distancia implementada en primaria y preescolar.

A más de un año y medio sin clases presenciales, el balance no es alentador. Dudo que sean más sociales: algunos tal vez tengan mayores destrezas digitales, pero sin duda sus habilidades sociales están limitadas por la falta del contacto presencial irreemplazable. Emocionalmente son un experimento en ciernes.

Alguien me preguntaba si toda esta cháchara era para no comprarle celulares a mis hijos. Le contesté que no, que era inevitable. Incluso, uno de ellos, el más grande (11 años), en este momento ya tiene un celular inteligente en sus manos. Fue un regalo inesperado de su padrino, que sin saberlo actuó impulsado por la mezcla de la primera y última de las razones antes mencionadas.

Estas líneas apuntan más a exponer un problema derivado de la hiperconexión consumista que justifica todo a su paso, sin cuestionar si los niños deberían o no usar un celular inteligente.

Por supuesto, hay también quienes lo consideran una solución. Con el celular inteligente los padres reemplazaron la vieja niñera de la televisión de nuestra época. No lo dicen, pero para muchos padres/madres el celular inteligente sirve para hipnotizar a los niños y mantenerlos en un solo sitio, tranquilos, en calma. “Busca tu celular y déjanos tranquilos un rato”, es la frase frecuente.

También funciona como castigo. Inmunes a los regaños y llamados de atención, el celular puede ser retirado temporalmente o decomisado por tiempo indefinido si los niños no hicieron sus deberes o cometieron una falta grave. Cumplida la pena, luego el celular vuelve con mayor adicción a las manos de los pequeños.

Destetarlos del celular es casi imposible. A estas alturas, ese aparato forma parte de su desarrollo. A corto plazo, no habrá forma ni manera de separar el futuro de esta nueva generación con el uso del celular inteligente.

Supongo que es el comienzo del llamado homo cellularis, esa nueva especie de la que hablaba el escritor, semiólogo y filósofo, Umberto Eco, en su texto El teléfono móvil y la verdad. “El móvil se convierte en un gran constructor de realidad social (…) ¿Acaso es la culminación de la modernidad? en cierto sentido, sí, pero sólo hasta cierto punto”, escribió.

Basado en Eco, yo albergo una hipótesis. Igual como ocurre ahora con el celular, antes los contenidos televisivos eran para todos por igual, niños o no. Luego fueron clasificados según el horario y edad escolar hasta llegar a los controles parentales y a los contenidos por grupo etario. Se fijaron límites, tal vez tras comprobarse la advertencia del Homo Videns que hizo en su libro Giovanni Sartori. Con el celular inteligente seguramente es cuestión de algunas vueltas al sol.

Confío que el círculo se repetirá.

Manuel Palma | @mpalmac