HORIZONTE DE SUCESOS | El black metal llegó al llano X

Heathcliff Cedeño

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Ese viernes fui uno de los primeros en llegar. La maniobra para recolectar el monto de la botella de Palmita fue eficaz. Con orgullo esperé el momento justo para sacarla del bolso y ponerla sobre una mesa redonda de plástico. -Valoren el esfuerzo, dije, justo cuando todos los que estaban presentes me veían.

Tardé en darme cuenta que el anfitrión de la fiesta no estaba. Los ausentes a veces no se notan hasta que aparecen. Pasaba siempre cuando alguien en la escuela dejaba de ir y uno lo notaba cuando se lo conseguía un tiempo después, en la calle, y caía en cuenta que había desertado hace tiempo. En ese momento supe que Carlos no estaba cuando salió del cuarto apartando una cortina hecha con discos. La imagen fue impactante. El cuerpo imberbe y lampiño y el pelo suelto le daban a «Metralleta» un matiz más decrépito de lo habitual.

-¿Otra vez Palmita?, preguntó con tono de reprobación. Se tranquilizó cuando supo que otros llevarían una caja de cervezas. Pero lo que terminó de desviar su atención fue la instalación del equipo de sonido, el alma de la fiesta, pues sin eso nada tenía sentido. La verdad es que no era un equipo como tal sino una especie de Frankenstein del sonido. Una planta sacada de un equipo viejo de discos de acetato, unas cornetas de un equipo más moderno y un disckman componían eso que le causaba estrés a Carlos y al resto. Finalmente resolvieron con otro cable auxiliar y empezamos a poner música.

En la medida en que fue bajando el sol aparecieron los menos fiebrudos. En realidad era una especie de código tácito que se estableció donde cada quien se sentía más importante de acuerdo al orden de llegada. Primero llegaban los nuevos y después los que tenían, según no sé quién, más antigüedad, los que seguro esperaban que los demás le hicieran un pasillo para rendirle honores.

Algo así sabíamos que iba a pasar con Rafa y Daniel, justificable en ese caso, porque el motivo de esa reunión era precisamente que llevaban algo que nos interesaba a todos.

Después de varias horas de música, alcohol y chapeos de los que más sabían aparecieron los carajos que desde temprano estábamos esperando.

Heathcliff Cedeño