RETINA | La comunidad y el planeta

Freddy Fernández

0

Al estudiar la sociedad estadounidense de los años 80, el antropólogo marxista Marvin Harris, decide explicar por qué no funcionan las cosas, es decir, cómo se llegó a ese momento de pérdida de la calidad de los bienes y los servicios de Estados Unidos.

Justo en ese momento Japón había hecho el camino inverso. Partiendo de un punto, en los años 50 y 60, cuando las exportaciones japonesas eran consideradas como imitaciones baratas de pésima calidad, los productos japoneses de los años 80 se habían colocado a la vanguardia de la innovación y de la calidad.

En Estados Unidos y en Europa se comenzaron a estudiar las teorías gerenciales japonesas. Su aplicación, sin embargo, resultaba difícil en una escala que pudiera alcanzar ámbitos nacionales. Las doctrinas económicas de los gobiernos, prendados del neoliberalismo, no eran compatibles con la experiencia del despegue que se aplicó a las empresas japonesas.

Con su especial capacidad para ayudarnos a ver lo obvio, Marvin Harris nos cuenta que se había producido en Estados Unidos un acelerado proceso de concentración de la propiedad que condujo a la aparición de megaoligopolios.

El resultado de este proceso no sólo separó de manera definitiva a los productores de bienes de los consumidores, también burocratizó la propia relación laboral. Los trabajadores terminaron por no saber quiénes eran los propietarios y los propietarios dejaron de saber quiénes trabajaban para ellos.

También se fragmentó y burocratizó la elaboración misma del producto. Empresas distintas o talleres lejanos asumieron la responsabilidad de producir partes, la mayoría de las veces sin que existiera comunicación de cooperación entre ellas. Normal que, bajo estas condiciones, después resulte que un tornillo no tenía la resistencia adecuada y ocurra un accidente lamentable.

Marvin Harris reflexionaba así en los años 80. Cuarenta años después, no sólo tenía razón en la trayectoria que describía, hoy la situación ha empeorado en una sociedad que ha optado por consumir cosas que son desechables.

Si observamos bien la crítica de Harris, lo realmente importante es la desaparición de la comunidad como espacio natural de la producción y del consumo. No es igual pedir al carpintero de tu barrio que te haga una mesa, que comprarla en una cadena de tiendas que distribuye mesas armables, de una empresa radicada en Europa, que pide a fábricas asiáticas hacer las piezas y los paneles.

Evidentemente que el capitalismo impulsa la separación y la individualización como esquema básico de funcionamiento. Nosotros somos una especie que tiene como forma natural de supervivencia la ayuda mutua, la solidaridad, corresponsabilidad. Somos humanidad cuando somos comunidad. Sin la comunidad como ámbito natural de producción e intercambio resulta sencillo comprender por qué nada funciona y por qué estamos destruyendo el planeta.

Freddy Fernández | @filoyborde