BAJO LA LUPA | Necedad negacionista

Eduardo Rothe

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“El Confiado de sí mismo y la Porfía, al cabo de largo tiempo y de entrañable amor, que el uno al otro se tuvo por inclinación natural amando cada uno a su semejante, se casaron. Deste ayuntamiento tuvieron copia innumerable de hijos. Estos se juntaron unos con otros por dispensación del Tiempo; y no perdiéndolo en el producir, dio este grano ciento por una, a cuya causa vino a ser infinito el número de necios, y sus impertinencias y abusos sin enmienda ni reparo”.
Francisco de Quevedo (1580 – 1645)

Necio es quien no sabe lo que debe y puede saber. Y que además cree y repite lo que le dicen sin molestarse en pensar. De esa calaña son los terraplanistas que niegan la redondez de la Tierra, los que no creen que los humanos han llegado a la Luna, los que creen en los ovnis, y entre los contrarios a la vacuna (que tienen todo el derecho a negarse a ser vacunados) una minoría que insiste en que con la vacuna nos insertan un chip para vigilarnos…O, en estos días, unos tontos españoles (de derecha claro) según los cuales la erupción del volcán Cumbre Vieja de isla de La Palma en Las Canarias es un montaje multimedia o, peor aún, un fenómeno real provocado por el presidente español Pedro Sánchez para distraer a la opinión pública.

Pero el premio Ginness de la necedad lo tiene gran parte de la oposición venezolana, enferma de clasismo, racismo y odio, por sostener durante más de una década que Chávez “quería” ser dictador sin nunca llegar a serlo. Y con Maduro se dejaron de minucias y lo declararon dictador desde su primer día de gobierno, con la misma desfachatez con que aseguran que todas las sopotocientas elecciones han sido un fraude, salvo cuando fueron electos candidatos opositores.

Yo rompí con una ex-esposa, gran amor de los tiempos de la universidad, con quien mantenía una bella amistad, porque me llamó pendejo por no darme cuenta que el golpe del 11 de abril de 2002 era todo “un montaje de Chávez”… Y no fue ni el primero ni el último caso de familiares y amistades que se quedaron por el camino porfiando necedades y negando evidencias. De hecho, esta es la fecha en que los dirigentes opositores todavía se niegan a reconocer los logros sociales de la Revolución Bolivariana en materia de salud, educación, vivienda, cultura, infraestructura y derechos humanos.

No hay peor ciego que el que no quiere ver. Yo, en cambio, junto con otros miles de personas, puedo ver gracias a Misión Milagro. Y tengo que hacer un esfuerzo para no alegrarme por los que han muerto con covid-19 después proclamar por las redes sociales que el virus no existía.

Gran parte de la culpa de tanta necedad regada por el mundo la tienen las redes sociales que sirven de altavoz a los necios, portaestandartes de la estupidez humana. Y para muestra basta un botón, un botón con nombre y apellido: Juan Guaidó y sus creyentes que, afortunadamente, cada vez son menos.

Los hechos, decía un sabio, son tercos. Y la verdad es como el aceite en el agua: por más que se agite, al final el aceite sube a la superficie. Porque la verdad es su propia referencia, y referencia de lo falso. En otras palabras, la historia siempre avanza, lenta pero segura, y termina por desarmar la conjura de los necios y sus necedades negacionistas. Amén.

Eduardo Rothe