La caraqueñidad | De Bolíbar a Bolívar y su apego por Caracas

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Mucho antes de las proezas del Libertador su apellido ya era famoso.

El abuelo en quinta generación del Libertador fue un político astuto

¿Sabe el caraqueño de a pie qué tan íntimamente está ligada su historia a la provincia de Vizcaya, en España?
Allí, en los valles de Ondárroa, existió una localidad denominada, según la división político territorial de entonces –eran los días del siglo X–, la puebla de Bolíbar (así, con b labial). En ella se asentó una prominente familia que a fuerza de trabajo y derechos sucesorales, además de fundar su propia iglesia (Ziortza Bolíbar), adquirir bienes y terrenos, tomar como apellido el nombre de la localidad.

De orígenes se trata

Los registros de los cronistas no explican mucho al respecto, pero de Bolíbar se pasó a Bolívar. Lo cierto es que muchísimos años antes que Simón, el gran caraqueño, fuese Libertador, su apellido ya era famoso y tenía peso específico con el cual dejó huella indeleble en la historia de allá y de acá y quedó para la posteridad.

Debido a tan innegable proyección luce necesaria una revisión, aunque sea somera, de la etimología de tan importante apellido, que además se unió a los Jáuregui (…)y de allí se originó el árbol genealógico que ha parido al más importante ser humano de América Latina y el mundo.

Según los significados que ofrece el euskera –lengua madre de Vizcaya– “Bolu” equivale a “molino” y el sufijo “ibar” se aproxima a “orilla”. Por ello, Bolívar es algo así como “molino de agua”, razón por la cual, explican los historiadores, el escudo de esa región luce sendas piezas aspadas.

Por su parte, Jáuregui representa “demasiado señor”. Así se devela la idea de hidalguía que representaban estos apellidos, que eran los del pionero Miguel Ochoa de la Rementería Bolíbar-Jáuregui, quien fue el padre de don Martín, a su vez padre de Simón Ochoa de Bolíbar, luego renombrado por un proceso de reconocimiento de linaje, Simón de Bolívar y apodado el Vizcaíno por asuntos de orígenes; el Viejo, por asuntos familiares; y el Procurador, por asuntos de oficio. Fue éste el abuelo, en quinta generación, de Simón el Libertador.

Olfato y tino político

Don Simón, el Viejo, dado que su familia perdió fuerza política y social en su natal Vizcaya –aunado a la resistencia que mantenían desde el siglo XIII contra los desmanes imperantes por parte de los poderes de Castilla– se vio socavado y hubo de emprender viaje hacia los territorios recién conquistados en el llamado Nuevo Mundo.

Emprendió su travesía con mucho bagaje político y sapiencia en el manejo de la agricultura y otras mañas de la política, cultura y economía.

Quizá haya influido también el cambio de la realidad comercial en España, donde lo industrial, aunque incipiente, ocupaba nuevos espacios en la realidad comercial.

Llegó a Santo Domingo donde pulió sus saberes y en 1560 –advertimos acerca de la no coincidencia de fechas entre unos cronistas y otros, entre unos historiadores y otros; pero estos son los hechos– llega a Caracas con unos 45 años a cuestas y con su vástago Simón “El Mozo”, precedido de fama de buen administrador. Asume el liderato entre los otros colonos, a quienes convence de cambiar la incierta e insegura búsqueda de oro por el cultivo y la fertilización de la tierra como fuente de producción.

Ese comprobado empeño hizo que el jefe de la Capitanía de Venezuela, el gobernador Osorio, además de reafirmarlo como regidor perpetuo de Caracas lo nombrara procurador ante la Corte de Felipe II, a los fines de conseguir diplomáticamente beneficios autorizados por la Corona para la provincia.

La tarea se acomete y cumple. Incluye autorización para hacer escuelas, construir el seminario –antecedente de la UCV–, garantizar exportaciones hacia la Península con bajas cuotas arancelarias, la confirmación del Escudo de Armas de la ciudad, la licencia para traer esclavos africanos a cambio de la libertad de los indios que eran utilizados como mano de obra en las tierras que les habían sido usurpadas.

Por su innegable experiencia política logró dos avances significativos para Caracas con respecto a su relación con la Corona: independencia de la Real Audiencia de Santo Domingo y la creación de la Federación de Provincias, con la supremacía para Santiago de León de Caracas por encima del resto, porque además le fue conferido el título de Muy Noble Leal Ciudad.

Bolívar aprovechó, a sabiendas de su influencia, averiguar sobre el linaje de su familia y la respuesta fue una afirmación acerca de la nobleza de su sangre, lo que trajo como consecuencia inmediata el cambio de nombre a Simón de Bolívar, como muestra de su alto rango social, según la costumbre heredada de sus ancestros vascos.

Posteriormente fue acusado, dicen que injustamente, por corrupción. Dadas las averiguaciones lo absuelven, aunque ya era tarde, porque presentaba demencia senil el que fuera pionero del nombre Simón, que incluso había nacido 20 años antes que San Simón de Valladolid.
Sin sospecharlo siquiera, el Viejo impulsó y logró la construcción del Convento de los Dominicos de San Jacinto, casualmente, al frente de donde años más tarde nacería Simón el rebelde.

He ahí la relación de la historia caraqueña con Vizcaya.

Don Simón “el Viejo”, ya anciano, fue injustamente humillado por el gobernador Sancho de Alquiza, quien para cobrarle deudas de “penas de cámara”, le embargó bienes y lo llevó a la cárcel.

Ese hombre representa, en la familia Bolívar y en la historia venezolana, el prototipo de un personaje del siglo XVI.

LUIS MARTÍN | CIUDAD CCS