Perfil | El ramillete de ironías de nuestra Alma llanera

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El Alma llanera es un ramillete de ironías. Uno de los emblemas musicales de nuestra venezolanidad nació como parte de una zarzuela, un género tan español como una corrida de toros. Es más, las primeras interpretaciones las hizo la compañía ibérica de Matilde Rueda y Manolo Puértolas en el Teatro Caracas.

Pero eso no es todo en materia de detalles curiosos. Alma llanera ha sido interpretada por muchos cantantes nacionales y extranjeros, como Alfredo Sadel, Simón Díaz, José Luis Rodríguez, Jorge Negrete, Julio Iglesias, Vicente Fernández, Plácido Domingo, Gilberto Santa Rosa y Juan Diego Flórez, pero la letra de este joropo fue pensada para un personaje femenino (debía estar a cargo de una soprano). Por eso el original dice “soy hermana de la espuma, de las garzas, de las rosas y del sol”. Y es todavía más evidente cuando expresa: “…para ornar las rubias crines del potro de mi amador”. Para cantarla desde el lado varonil se han hecho necesarias adaptaciones, como decir “hermano de la espuma” y “…del potro que quiero yo”.

La ironía más curiosa, sin embargo, es esta: el autor de la letra (de la pieza y de la zarzuela entera), Rafael Bolívar Coronado, la consideraba una de sus peores creaciones. Dijo cierta vez que “de todos mis adefesios es la letra de Alma llanera del que más me arrepiento. En efecto, es esta mi página dolorosa, el hijo enclenque de mi espíritu, la cana al aire, la metida de pata”. Sin embargo, ese hijo enclenque es el que le ha dado proyección universal por más de un siglo.

Bolívar Coronado, que era escritor y periodista, le atribuyó a la música la virtud de haber salvado a su creación del ridículo absoluto. “¡El maestro Pedro Elías Gutiérrez me hizo un quite muy a tiempo!”, aseguró. Según él, de ese tema, lo único valioso es la partitura, que –dándole la razón– ha sido interpretada, a lo largo de estos 107 años, por orquestas de todo tipo y jerarquía, desde bandas amateurs en pueblos y estudiantinas de escuelas hasta sinfónicas y filarmónicas, bajo grandes batutas, como la de Gustavo Dudamel.

Estaba tan apenado el libretista que el día del estreno, de acuerdo con un relato del escritor y profesor de literatura Oscar Sambrano Urdaneta, se retiró sigilosamente del teatro unos minutos antes de que terminara la obra. Al finalizar, el público reclamó la presencia del autor para aplaudirlo, pero él ya no estaba presente. Cuando le reclamaron, se justificó diciendo: “Yo creía que me iban a pitar”.

A Pedro Elías Gutiérrez corresponde también el mérito (¿o será la culpa?) de haber consagrado el Alma llanera como una pieza de despedida de toda clase de conciertos y saraos. El legendario director de la Banda Marcial Caracas asumió la costumbre de cerrar las retretas de la Plaza Bolívar capitalina con los acordes de esta pieza. Pronto otras orquestas imitaron esta práctica, y ya en tiempos de las fiestas con picó, que pusieran el Alma llanera era una invitación diplomática a irse pal carrizo, una manera musical de decir “se acabó lo que se daba”.

Todavía hay quien lo hace, aunque los arroceros millennials se hacen los desentendidos ante estas insinuaciones.

Sigamos con los aspectos paradójicos. Según los historiadores de la cultura, fue notable el impulso que la dictadura de Juan Vicente Gómez le dio al símbolo del hombre llanero (y no al andino) como emblema de la nacionalidad. En ese empeño tuvo Pedro Elías Gutiérrez un rol fundamental en la arena musical. Lo más contradictorio en este caso es que la época de Gómez, con el auge de la industria petrolera, fue el inicio de un siglo marcadamente favorable al colonialismo cultural estadounidense.

En conversación con los periodistas Macky Arenas y Manuel Felipe Sierra, una nieta de Gutiérrez, Laura del Corral de Febres, relató que la zarzuela original se iba a llamar Un gallero como pocos. El músico cayó en cuenta de que necesitaba cerrar la obra con un joropo. La inspiración de los primeros acordes le vinieron mientras se encontraba en la cervecería Donzella y allí mismo garabateó las notas que luego habrían de adquirir visos de segundo himno nacional.

Los musicólogos que han estudiado el tema aclaran que Un gallero como pocos fue otra de las zarzuelas de Gutiérrez, quien compuso varias.

En todo caso, la zarzuela de un acto que terminó estrenándose el 19 de septiembre de 1914, al final se llamó Alma llanera, y no tuvo mucho éxito, lo que contribuyó a la sensación de vergüenza de Bolívar Coronado. Sin embargo, Gutiérrez le tuvo fe y montó una versión instrumental para tocarla con la Banda Marcial Caracas en la gala especial del 31 de diciembre de 1914, en la Plaza Bolívar. Ese año fue despedido con el Alma llanera y, según algunos investigadores, allí empezó la tradición de cerrar las fiestas con estos acordes.

Pese a las reservas del escritor de la letra, en los años siguientes se publicó en papel, en un trabajo de la Imprenta Americana de Pepe Valery. Por su lado, la compañía de zarzuelas hizo una gira por Valencia, Barquisimeto y Puerto Cabello.

En 2014, a propósito del centenario del estreno de la zarzuela y del tema Alma llanera, el Instituto de Patrimonio Cultural la declaró Bien de interés cultural de Venezuela no solo por su valor en sí misma, sino también porque “ha servido como elemento de inspiración para la realización de obras literarias, documentales, exposiciones, certámenes y eventos culturales que trascienden la ejecución, interpretación y adaptación musical”.

Y aquí surge otra de las grandes sorpresas de Alma llanera: en unos días inoculados de divisiones y odios, como eran aquellos de 2014, todo el mundo estuvo de acuerdo con esta decisión del Ministerio del Poder Popular para la Cultura.
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Versiones en todos los géneros

Un paseo al vuelo de YouTube demuestra que Alma llanera ha sido arreglada y versionada para variados géneros musicales.
Desde tradicionales intérpretes de la música venezolana, como los chilenos de la Patria Grande, de Inti Illimani, que la interpretan con instrumentos del sur (zampoñas, sikus, charangos y quenas), hasta un joropo-rock de AbNer n’ Rocks aparecen en pantalla cuando se escribe el nombre de nuestro segundo himno.

Si quiere oír una versión en jazz, encontrará la del baterista Tommy Igoe con The Birdland Big Band. Y si lo suyo es la salsa, podrá escoger, entre otras, la del venezolano Porfi Baloa y la de la orquesta La Grande de Puerto Rico. Las orquestas bailables tradicionales, como Billo’s y Los Melódicos no se quedaron atrás.

Juan Carlos la toca en su guitarra española en tono de rumba flamenca y el pianista bonaerense Osvaldo Tarantino la presentó con sabor a tango. Si se desea una muestra centrada en un instrumento no tan tradicional, está la de los Violines románticos de Cuba.

Y si hablamos de estilos más actuales y de fusión, hay varias versiones electrónicas y una de Criollo House.

No puede faltar el picante mexicano con el Mariachi Vargas y otras célebres agrupaciones aztecas. Y como nada se libra de ciertos virus, también hay alguna versión en cumbia y quién sabe si también en reggaeton y trap. Perdón, pero hasta allí no llegamos.

Clodovaldo Hernández