RETINA | Las quiero verdes

Freddy Fernández

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Me alegró ver ese río, vibrante y vivo, de mujeres que en Caracas impulsan la inclusión de la visión de las mujeres en el imaginario político. Es ése el verdadero motivo de la marcha. Es una comprensión política que nos reta y nos transforma.

Cuesta tener esa percepción porque la cultura patriarcal dominante está presente en cualquiera de los géneros. Prácticamente no importa si somos mujeres, hombres o integrantes de la comunidad LGBT, nuestro imaginario, mayoritariamente, está basado en una comprensión patriarcal de la realidad.

Crecimos en un mundo generoso en libertades para los hombres en el que las mujeres, por el contrario, tienen que cuidarse. Es una cultura en la que sólo la mujer puede hacerse responsable de la reproducción de la especie y debe hacerlo desde la desventaja de no poder tomar decisiones sobre su cuerpo.

Por si faltara algo, participamos del debate con un inmenso despliegue de hipocresía, como si el tema del aborto nos fuera lejano y ajeno, como si no lo hubiéramos vivido con nuestras parejas, hermanas y amigas.

Vale tener presente que el aborto existe y ha sido frecuente a pesar de no ser legal. Vale más todavía recordar que hay quienes mueren por malas prácticas facilitadas por esta ilegalidad.

Igualmente es preciso denunciar por imbéciles los argumentos de quienes sostienen que el aborto legal multiplicará las relaciones sexuales (ojalá fuera cierto) o que las mujeres se dedicarán a practicarse reiterados abortos. Quienes se han visto en la necesidad de practicarse uno, saben que es una de las opciones más tristes e incómodas que se pueden tomar en la vida.

Tampoco acepto los argumentos de algunas personas de izquierda que alegan que no es el momento político adecuado o que no es uno de los problemas más importantes. En el mundo nuestro, patriarcal como es, no va a existir nunca el momento adecuado ni va a ser nunca el problema más importante porque es esencialmente un problema de un sector discriminado e invisibilizado a pesar de ser mayoría.

La discriminación de la mujer es tan fuerte que en la vida política se abren camino más fácil quienes asumen un pensamiento político desde lo masculino, cuando la humanidad lo que necesita es una visión más maternal y menos patriarcal. No por casualidad la moral del pensamiento conservador se nutre del modelo de familia de padre severo: el que decide y no pregunta.

La marcha me recordó los versos de García Lorca “Verde que te quiero verde./ Bajo la luna gitana,/ las cosas la están mirando/ y ella no puede mirarlas”. Yo también las quiero verdes.

Freddy Fernández | @filoyborde