Gonzalo de Jesús Martínez: maestro corista que logró su sueño

Prepara dos discos y el proyecto Calle Salsa para posicionar temas sociales

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Destaca el valor de siempre estar estudiando, preparándose.

Con una trayectoria de casi 40 años en el ámbito musical, Gonzalo de Jesús Martínez se ha destacado como corista de música tropical, de la mano de Manuel Guerra y la Billo’s Caracas Boys, sin dejar a un lado que ha sido una de las voces importantes para artistas de la talla de Gilberto Santa Rosa, Celia Cruz, Jerry Rivera, Cheo Feliciano, Maelo Ruiz e Ismael Miranda, por nombrar algunos.

No en vano es considerado “el maestro corista de Venezuela”.

Martínez formó parte del grupo Son Marín, de la parroquia San Agustín del Sur, con el que se catapultó hacia el éxito al cantar el tema “Una noche más”, que ya había popularizado Alfredo Sadel.

Hace 12 años lanzó su primer CD como solista titulado “Mi promesa” y próximamente estrenará su segunda producción discográfica “Valió la pena esperar”, al tiempo que produce otro CD de boleros y concreta el proyecto Calle Salsa, junto a un grupo de músicos, con el que busca posicionar temas sociales.

—¿Cuál fue la experiencia musical que más le dejó huella?

—El haber trabajado con grandes de la salsa. Ha sido una huella bien presente, sobre todo por haber aprendido de la señora Celia Cruz, que siempre llegaba con una sonrisa, palabras amables, brindando motivación a todos.

Con La India de Nueva York igual, siendo la estrella que es, nos decía: “Muchachos, siempre hay que estar aprendiendo, estudiando”. Hay que prepararse. En nuestro campo es importante la técnica vocal, conocer instrumentos. Yo estudié guitarra, he hecho piano complementario, arreglos, armonía, composición.

De Rubén Blades se aprende esa seriedad y respeto hacia las personas. Tiene un trato de gran humildad, amabilidad y lleno de humanismo. Confiaba en nuestro talento.

Asimismo, Gilberto Santa Rosa, como lo han catalogado, es un caballero. Hicimos una gira de 14 presentaciones y tomaba parte de su tiempo para compartir con nosotros, brindar lo mejor de sí. Nos decía: “Muchachos, ustedes son unos caballos, un motor”.

Y el maestro Cheo Feliciano era muy amable, afable, cordial. Era un padre que te daba un abrazo, un estrechón de manos. Era súper humilde, respetuoso.

Por eso no hay que desubicarse. Se aprende que, por más estrella que seas, el trato humano no lo pierdes.

—¿Qué recuerdos le dejó trabajar como solista en la orquesta de Manuel Guerra?

—Trabajar con Manuel Guerra fue una gran escuela. Pude conocer y compartir con grandes y talentosísimos músicos. Son tantas horas de estar juntos, de carretera, de vuelo, de hacer tantos trabajos que formas una familia. El hecho de haber podido hacer dos producciones discográficas que ocuparon, en su momento, parte importante de tu carrera musical; conocer los interines de lo que es el proceso de grabación, de producción, fue una gran experiencia.

—¿Y con la Billo’s?

—La Billo’s Caracas Boys es una tremenda organización. Fue una experiencia hermosísima. Una anécdota importante: estábamos trabajando en Colombia y era mi debut como su cantante. Los compañeros me dijeron: “Gonzalo, ¡es impresionante los seguidores que tiene Billo’s acá! El público va a estar pendiente de tu trabajo”. Fue una hermosa experiencia porque, cuando terminé de cantar, lanzaron a la tarima una ruana, un poncho, un sombrero… Me agarraron desprevenido. Ahí los compañeros me aplaudieron y dijeron que me estaban aceptando.

—¿Qué le dejó su disco “Mi promesa”?

—El haber plasmado mis ideas. En el CD están reflejados años de trabajo. Reuní a un gran equipo: músicos ejecutantes, técnicos en estudios de grabación, arreglistas. Tenemos que luchar, trabajar por nuestros sueños, por esas metas que queremos alcanzar. Yo me había hecho esa promesa de hacer mi trabajo como solista y allí está plasmado mi sueño. Por eso se llama así.

—¿De qué trata su segundo CD?

—Reafirmar el compromiso con lo nuestro, con nuestra música, con el talento venezolano, con los músicos… Debemos seguir construyendo nuestro camino y la mejor manera es creer en el potencial que tenemos, realzar el sentido de pertenencia. El CD va en esa dirección y el título también es personal: “Valió la pena esperar”. Contiene temas originales. Dos temas son míos, con letras que hablan de amor, desamor y también del llamado a la conciencia. Habrá salsa, bolero y una parte instrumental. Esperamos tenerlo listo en 2022.

—¿Cómo es el proyecto Calle Salsa?

—Con mis hermanos de vida y musicales Yuber Luis Ramírez y Jesús Guzmán estábamos reunidos en estudios de grabación escuchando Son Marín y nos vimos con esa inquietud de hacer ese proyecto para darle continuidad. Entonces contactamos a Mauricio Silva, creador de la sonoridad de Son Marín, del primer disco. Él, con todo gusto, nos hizo el arreglo del tema que estamos grabando y que está dedicado a un personaje de nuestra parroquia.

Este proyecto musical recoge la esencia de San Agustín, sobre todo del barrio Marín.

—¿Qué otros planes tiene?

—Estamos en la preproducción de un CD de boleros y tenemos plena confianza de que va a tener buena aceptación. También participaremos en el segundo Festival de Música Cumbe de San Agustín, donde habrá variedad de propuestas musicales.

Rocío Cazal
rociocazal@gmail.com
Foto Bernardo Suárez