MEMORIAS DE UN ESCUÁLIDO EN DECADENCIA | Pandora

Roberto Malaver

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¡A robar que el mundo se va a acabar! Carajo, ahora sí es verdad que no hay para dónde agarrar. Estalla la caja de Pandora y aparecieron unos papeles financieros que dejaron sin palabras a más de uno. Todos aquellos compañeros que nos hablaban de honestidad, paz, y libertad, aparecen ahí como ladrones, como evasores de impuestos y mucho más. Mario Vargas –Vota bien– Llosa, después que estuvo al lado del poeta López llamando a votar bien, se descubrió que también había mandado a robar bien, porque apareció en la primera página de la novela de la vida real, Los papeles de Pandora. Y está acompañado de muchos personajes, entre ellos, César Gaviria, Sebastián Piñera, Andrés Pastrana, y no digo más porque si me leen en voz alta van a tener mal aliento por mucho tiempo. Esta gente que ha venido profesando la paz y el amor a la democracia, ahora sabemos que la única paz y el amor que defienden es la paz y el amor del billete gordo. Y nosotros, siempre como bolsas, apoyándolos con tal de salir de la dictadura, y lo que más arrecha es que el dictador y el del programa la Feria de la alegría, no aparecen por ninguna parte y están gozando una bola y parte de otra con esa investigación que hicieron unos periodistas que nosotros por lo visto no pagamos a tiempo para que se callaran, como hemos hecho con muchos de ellos.

Uno que también está contento, a pesar de que se descubrió el vainero con los papeles de Monómeros, es Manuel –Filósofo– Rosales, dijo que menos mal que aparecieron esos papeles de una tal Pandora para que la gente se olvide de los papeles de Monómeros. Y está escondido diciendo que tiene covid-21 en algún lugar del estado Zulia. Calderón Berti sigue sosteniendo que está vivo de vaina, porque cuando llegó a una reunión de Monómeros vio a Manuel –Filósofo– Rosales sentado en la silla presidencial de Monómeros, y arrecho porque no le habían dado un contrato a uno de sus amigos, ahí el Calderón dio la media vuelta y se fue con el sol cuando moría la tarde en Colombia. Otra vaina que nos molestó mucho fue la caída el 4 de octubre, el día día del cordonazo y de aquel mitin del dictador anterior que llenó siete avenidas de gente aquí en Caracas, ese día se cayeron Wasap, Facebook, e Instagram, y el único que no se cayó fue el dictador, ese día la aldea global se convirtió en un bar atendido por su propio dueño, donde los cuatro pendejos –como decía el filósofo Umberto Eco– quedaron hablando pendejadas por un día sin publicarlas en ninguna parte. A pesar de que pasan tantas vainas, quienes no se descuidaron fueron los compañeros comerciantes y afines, una vez que llegó el nuevo cono monetario salieron a subir de precio hasta del pote de la basura que está en la entrada del negocio. Aquello era el festín de Baltazar, Melchor y Gaspar. El gobierno del dictador sacó a la Sundee a la calle a tratar de parar aquella subida escandalosa de precios, pero nada, nosotros somos buenos especulando y estafando, ahí no nos gana nadie, hasta que no veamos al venezolano tumbando al gobierno del dictador, no vamos a descansar en subir y subir precios. “No es posible que se cayeron un montón de aplicaciones en internet, y el dólar no se cae nunca”, dijo un carajo que estaba comprando una cabuya para decir que de esos cuentos tiene cabuya larguísima.

Y el papá de Margot cuando leyó la lista de los hombres implicados en los Papales de Pandora se llevó las manos a la boca de asombro, y después que se las quitó de ahí, dijo: “Carajo, de qué hablamos cuando hablamos de honestidad, paz, libertad y decencia, de esa gente seguro que no es, y que no venga Sebastián Piñera a decirme a mí que es honesto, porque ya lo sabemos todo”. Y se fue al cuarto y agarró la puerta, se detuvo un momento y dijo: “Cuerda de grandes carajos”, y le metió ese coñazo a la puerta tan duro, que los vecinos gritaron a coro: “Te compramos la puerta, desgraciado”.

-Papeles, tan solo papeles, hay entre nosotros.- me canta Margot.

Roberto Malaver