ASÍ DE SENCILLO | El mejor partido

Maritza Cabello

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Ese día presentó la coreografía que tanto había ensayado con el grupo de baile.
Paso, paso, brinco. Abajo, abajo.
Ritmo, melodía ¡sabor!
Seguridad. Cabeza arriba, pecho afuera. Eso, eso.

Todo bien, todo salió como lo habían planificado. Pero, lo más importante es que él estaba allí. Estaba presente en su verde imponente, verde importante, verde que manda, verde que quiere. El mejor partido.
Aplausos ¡Bravo, bravo! Sudor. Emoción.

“¿Cómo subo a las gradas?” Pensó

“¡Ah!” ¡Quiero agua!

Entonces, subió las escaleras con agilidad y con su shorts diminuto.

“Mírame, mírame”.

Él conversaba con un compañero. Ella levantó el pompi, arqueó la columna, sacó el pecho lo más que pudo. Se desplazaba lentamente sin mirarlo -de reojo, sí, claro.

Se convirtió en una mezcla de gata-serpiente.

¡No la vio!

“Me devuelvo”.

Repitió la misma disposición física. Ahora caminaba más lento. Era serpiente-gata, pero le agregó un tongoneo que dejaba cada nalga en vibración por unos segundos.

¡No la vio!

“Otra vez”.

Esta vez llevaba un vaso con agua sin abandonar su danza seductora.

A tres puestos del militar, estaba una ex compañera del liceo.

“Me cae mal, no importa, la saludaré”.

Esta vez la gata-serpiente en vibración rítmica pasó rozando los pies de las personas que estaban sentadas.

“Permiso, disculpe”.

Cuando llegó cerca de él… “¡Amiga!”

Lo pisó, le echó el agua encima y… “¡Ay! ¡Perdón!” “Te limpio” Sin abandonar su postura, lo tocaba y “¡Ay! ¡Ay”. Risitas, pestañas y uñas postizas, dientes blanquísimos, guiños, complicidad.

Él, la vio.

Maritza Cabello