BAJO LA LUPA | No dejéis que los niños vayan a ellos

Eduardo Rothe

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En el futuro Chucky podría ser un bebé Gerber, a juzgar por las confesiones de la transnacional suiza Nestlé que terminó por admitir que casi 70% de sus productos, y los productos de la Gerber y la Maggi de la cuales es propietaria, son tóxicos para los niños (la Nestlé utiliza el eufemismo “no son saludables”) porque contienen metales pesados que causan daños neurológicos y otros. Los metales pesados (plomo, mercurio, arsénico, estaño, cadmio) que envenenan a infantes y adultos, provienen de la agroindustria que los usa como insecticidas y herbicidas que contaminan las cosechas, la tierra y las aguas tanto superficiales como subterráneas.

La Nestlé nunca estuvo libre de pecado, ni cuando los alimentos no eran venenosos: en la segunda mitad del siglo XX saboteó la industria lechera en muchos países de Latinoamérica vendiendo a los gobiernos leche en polvo a precios de dumping contra los cuales los productores no podían competir. Pero vender productos “no saludables” para la infancia es como demasiado.

A las protestas y denuncias de las mujeres contra las tropelías del patriarcado se suman ahora los crímenes contra los menores de edad que se supone deben ser cuidados y respetados por todos, especialmente en el “Occidente cristiano” que se ufana de sus bondades a favor de los más indefensos de los humanos.

Carlos Marx, famoso entre otras cosas por aquello de que “la religión es el opio del pueblo”, decía que al cristianismo le debemos el haber difundido el amor por los niños y las niñas que antes no merecían más atención que las aves de corral. Creo que es en las «Pragmáticas’de Alfonso El Sabio donde se dicta que si un hijo se sienta a la mesa sin la autorización previa del padre, este tiene derecho a comérselo… (!!!).

El mensaje llegó a la gente, pero la Iglesia de Roma, ya se sabe, es dura de oído. Salvo algunas honrosas y a veces heroicas excepciones, el mundo católico poco hizo por los niños. En el siglo XIII el Papa dio su bendición y luego dejó vender como esclavos a miles de menores de la famosa Cruzada de los Niños, y antes y durante la II Guerra Mundial Pío XII escuchó, pero se hizo el sordo sobre el holocausto en el cual por lo menos un millón de víctimas fueron niños.

Peor aún, hoy se multiplican las denuncias contra la Iglesia católica en el Cono Sur, Estados Unidos, Australia, Irlanda, Bélgica, Alemania y ahora en Francia, por el abuso sexual ejercido por religiosos en menores de edad que tuvieron la mala suerte de caer en sus manos. Solo en Francia, desde 1950 a la fecha se han registrado 216.000 casos de pedofilia entre los 330.000 casos de abuso sexual contra los fieles.

Por eso, ya sean productores de compotas o algunos sacerdotes, muchos conspiran contra la infancia. No dejéis que los niños vayan a ellos.

Eduardo Rothe