ASÍ DE SENCILLO | Maestra

Maritza Cabello

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Para: María Angélica Campos Lizana

Esa mujer vino del Sur. Ella, la bruja blanca, hada mágica, la sabía, de consigna irreverente. Llegó armada de poesía, de historias vividas en carne y hueso, de bibliotecas, autores, anécdotas universitarias, del partido, del compañero y los amantes. Todo hilvanado con hilo y aguja, a través de una sensualidad que deja un halo perfumado al pasar. Solo ves el movimiento ondulante de su larga cabellera y aquel bochinche de colores de su vestimenta que baila al viento cuando se desplaza.

Esa mujer vino del sur y se enamoró del mar, de la cadencia negra y el tikitá del tambor.
Enseñó a dar puntadas en el escenario, con el lápiz y la tela.

Esa mujer, vino del sur y se quedó entre el vocerío caraqueño y el escándalo de Barlovento, dando y vaciando su maleta cultural. Regalando su mundo teatral, literario y artesanal para el que se cruce en su vida. Nadie se va ileso después de conocerla. Por lo menos, se lleva heridas de poemas.

Esa mujer es Angélica. Como su nombre, su voz baja y suave, pero contundente, resuena en la escena de muchos que han seguido sus pasos. Resuena en las manos que ahora hacen muñecos de trapo, resuena en el que escribe poesía guiado por su metáfora.

Esa mujer, Angélica se quedó plasmada en el corazón de muchos venezolanos que siguen su andar delicado y elegante.

Esa mujer, es una maestra de la palabra, la escena y la tela.

Esa mujer vino del sur y se quedó fundida en Venezuela.

Angélica, es nuestra maestra.

Maritza Cabello