HABLEMOS DE ESO | Tres muros

Humberto J. González Silva

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El muro es el signo concreto de la separación entre el adentro y el afuera. Todo muro está hecho para mantener afuera a los que sobran o adentro a quienes se quiere mantener encerrados. Con cercas y muros se ocupan territorios para apropiarnos. Los tres muros de los que hablo son la manifestación en acero y concreto del más puro colonialismo actual y presente.

Uno está en África al occidente, cerca de las Islas Canarias. La República Árabe Saharaui Democrática (RASD) es reconocida por unos ochenta Estados y se registra entre los territorios ocupados en la lista de Naciones Unidas. La región fue colonizada por España al final del siglo XXI. Hacia la muerte de Franco en 1975, España abandona el territorio sin traspasar la soberanía, dejando puerta franca a la invasión marroquí, que es apoyada por Estados Unidos como revelan documentos desclasificados (ecsaharaui.com, 2020). El muro se despliega de norte a sur del territorio Saharaui. De un lado la zona liberada, donde han confrontado las más adversas condiciones del desierto alrededor de 30.000 saharauis en contacto con otros 170 mil en campos de refugiados en Argelia. Del otro lado, los territorios ocupados, más de dos tercios de la RASD, donde se encuentran las minas de fosfato (la mayor riqueza del país) y la única con acceso al océano.

Un “muro” en realidad es un sistema de muros y cercas, con campos minados, sistemas electrónicos de vigilancia, bunkers y el resguardo de unos 100 mil soldados marroquíes. Su construcción contó con asesoría israelí y la condena por parte de la Corte Internacional de Justicia. Su longitud es de 2.720 km.

El muro de la vergüenza también se le llama al sistema de murallas, cercas, trincheras y puestos de vigilancia que atraviesan el territorio palestino y rodean Gaza. La excusa es proteger territorios que han sido ilegalmente ocupados, donde se han instalado colonias israelíes sobre las ruinas de poblaciones palestinas expulsadas. Las murallas seccionan el territorio para hacer inviable la constitución de un Estado Palestino. Los muros separan en algunos lugares a los pobladores de sus tierras que solo pueden trabajar con permisos de las autoridades israelíes. Hacen lejanos y dependientes de la voluntad del ejército de ocupación, el acceso a centros de trabajo, escuelas y centros de salud. Para ir de una aldea a otra (o a la ciudad), las y los palestinos deben pasar por puestos de control. Como en la Suráfrica racista, el muro garantiza el apartheid. Como bajo el régimen nazi, las comunidades palestinas están convertidas en ghettos. También la Corte Internacional de Justicia ha condenado este muro, que sigue en construcción.

La tercera muralla está entre Estados Unidos y México. Entre 1845 y 1848, Estados Unidos se anexó por la fuerza los territorios de lo que hoy son Texas, California, Nuevo México, Arizona, Nevada, Utah y partes de Wyoming, Kansas y Oklahoma. En total fueron dos millones cien mil kilómetros cuadrados, más de la mitad del territorio mexicano. El muro que Trump prometía llevar a las dimensiones de la Gran Muralla China, comenzó a construirse en 1994 y tiene hoy unos mil kilómetros de extensión en distintos trechos. Uno dice el muro, pero no es solo pared, comprende “barreras de contención, iluminación de muy alta intensidad, detectores de movimiento, sensores electrónicos y equipos con visión nocturna conectados a la policía fronteriza estadounidense, así como vigilancia permanente con camionetas todoterreno y helicópteros artillados”, como puede leerse en Wikipedia.

En su momento la nueva frontera dejó del otro lado a miles de mexicanos, hoy se estima que las mexicanas, mexicanos y sus descendientes en Estados Unidos superan los 36 millones, alrededor de la cuarta parte de toda la población mexicana y del 12% de la población de Estados Unidos.

Mientras son un indudable componente de la población del país del norte, su migración a lo que fue su territorio ha sido castigada y perseguida. Durante los años de gobierno de George W. Bush fueron detenidos en la frontera un promedio de 82 mil personas mensuales, durante los gobiernos de Obama el promedio mensual fue de 35 mil y de 40 mil bajo Trump. Como efecto del muro, la migración a través del desierto de Sonora ha dejado más de 10 mil muertos.

Estos muros comenzaron a construirse a finales del siglo XX, pero son fundamentalmente muros del siglo XXI.

Humberto J. González Silva