LETRA DESATADA | Mucho antes, en la Selva del tiempo

Mercedes Chacín

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Mucho antes del secuestro en Cabo Verde, África, de Alex Saab, existía el Derecho Internacional, con todo el legajo correspondiente. También mucho antes del jueves 15 de octubre de 2021 existe la Organización de las Naciones Unidas. La jurisprudencia y la realidad también nos dicen, desde hace tiempo, quiénes son los responsables de las barbaridades cometidas contra Soleimani, Saddam Hussein, Moïse, Zelaya… Por solo mencionar algunos atentados del siglo XXI. No hay acontecimiento político en el planeta Tierra que no tenga que ver con Estados Unidos. El infeliz aceleramiento del ultraje contra Saab excitó su morbo al oír el crujir de los huesos de brazos torcidos.

El Derecho Internacional no es un capricho leguleyo. Antes de la firma de los Convenios de Ginebra, a los prisioneros de guerra se les mataba y no se protegía a la población civil de los conflictos armados. Muchos pactos y acuerdos han sido firmados por la mayoría de los países del mundo para tratar de normar ese horror que siempre es una guerra. Ustedes dirán que en estos momentos tampoco se protege a la población civil, lo cual es cierto. Pero esa certeza a la que le sigue la indignación, son parte de un mismo dolor. La certeza de saber que somos un país que intenta ser sometido por la fuerza, convierte a Alex Saab en muchas más personas. En muchas más razones. En muchos más escenarios. En muchos más intereses. No es solo Alex Saab. También es Kadafi. No es solo Venezuela. También es Irán, Honduras, Haití, Bolivia. También es el pueblo de Venezuela que no está en nuestro territorio. Pueblo que está siendo víctima de la violación de sus derechos humanos en otros países. La muerte reciente de dos niños venezolanos en Colombia así lo demuestra.

Por eso defender la soberanía de Venezuela no puede ser un capricho. No puede depender del apellido de alguien, del oficio de alguien. No es discrecional. Por una simple razón: hay que ser coherentes. La indignación que se siente cuando alguien quema una bandera de Venezuela es del mismo tamaño de la que se siente cuando tus huesos crujen porque unos malandros enviados por el Gobierno de Estados Unidos, defecándose en el Derecho Internacional y en el Derecho Internacional Humanitario, secuestran a un patriota y lo privan de libertad en su territorio. Malandros impresentables e indignos.

Si usted leyó hasta aquí y cree que el Gobierno exagera, que Alex Saab es “el testaferro de Maduro” (y ya) eso no lo hace una mala persona. Pero podría convenir en que hay conceptos discutibles y que los hechos no son moldeables. No son de arcilla. Mucho antes que llegaran las pistolas, y los blancos, y los negros a la Selva del tiempo de mi querido Evio, el amor ya existía por aquí. Y no queremos más malandreo. Por eso el secuestro de Saab es inaceptable. No permitamos que se convierta en un trofeo de guerra. Sigamos.

Mercedes Chacín