VITRINA DE NIMIEDADES | El trabajo de tener trabajo

Rosa Pellegrino

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Experiencias con el mundo del trabajo hay tantas como personas, oficios, ocurrencias y excentricidades puedan encontrarse. Existen quienes han hecho tantas cosas como oportunidades tuvieron, lo que tienen años haciendo lo mismo y aquellos que, luego de sentirse satisfechos con su labor diaria, creen que ya está bueno de eso, ya no es lo mismo. Comienza para ellos el tedio de trabajar para tener trabajo.

Podríamos atribuir ese tedio al descubrimiento, a veces tardío, a veces abrupto, de todas las falacias que nos han dicho sobre la vida laboral: no es verdad que siempre que usted trabaje su vida será una línea ascendente de éxito y prosperidad, tampoco es cierto que si no ocupa un alto cargo gerencial es un fracasado, o si no hizo bastante plata, pues le faltan aspiraciones. Las leyendas laborales también existen, y por supuesto que hacen mella en uno.

Si el tema del trabajo se le está volviendo un pasticho existencial, una duda permanente o un gran peso en la espalda, no le vamos a caer a mentiras: no está solo, y eso no es consuelo, en absoluto. ¿De dónde viene esa sensación que provoca un mohín cada mañana, cuando toca meterle el pecho a la realidad que los asalariados compartimos? ¿Cuántos más irán al lado de uno sintiendo esa obligación mediada por la vieja conseja aquella de “Hay que ganarse la vida”? ¿Cuántos más descubrieron que andar en la lucha por el sueldo o por la locha, como dice la vieja guardia, puede ser más bien una batalla campal?

Esa sensación desvela una de las circunstancias que menos se aborda dentro del mundo laboral: las relaciones de trabajo son profundamente personales. Estar en un puesto, sea por obligación o por elección, está estrechamente vinculado con nuestras necesidades o deseos. Detrás de cada trabajador hay un mundo de aspiraciones, de exigencias y de problemas; también, de decisiones tomadas: con su tiempo, con su familia, con sus expectativas. Ya sea por amor al arte, por inspiración, por apostolado o por estricta necesidad, los trabajadores somos, finalmente, humanos. Así que sentirse inconforme también es un escenario, más común de lo que se cree.

Si llegó hasta este punto y espera la receta para sacudirse ese pesar y hastío por su situación laboral, nuevamente advertimos que no le vamos a mentir: no la tenemos, y dudamos que se pueda conseguir, al menos mientras vivimos este mundo de emociones y de particular construcción de símbolos, donde el éxito o la capacidad no se registra en un currículo de vida sino en las redes sociales. Imagínese sentirse harto o descontento y tener que fingir que se la está pasando de lo lindo con historias en Instagram y videos en Tik Tok… Como que no pega mucho.

Quizás, el tedio no sea más que ansiedad por las transformaciones, los nuevos desafíos y las nuevas posibilidades que plantea el mundo del empleo en general. Pero también, puede ser la urgente necesidad de romper con un esquema de relaciones que, amén de las demandas salariales, la lucha contra la injusticia y la procura de la protección social, normaliza que nos deshumanicen… Cambiar ese esquema debería ser nuestro verdadero trabajo. Al menos, vamos a intentarlo.

Rosa Pellegrino