A la caza del voto

Roberto Malaver

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Más de 70 mil candidatos salen en perfecta formación a buscar el voto. Son 3.082 cargos regionales y municipales los que están disponibles. Son muchos los llamados y pocos los escogidos.

También hay un número muy significativo de observadores. Tanto la Unión Europea como el Centro Carter han enviado parte de su perso- nal para que observen la marcha de lo que siempre se ha llamado la fiesta de la democracia.

Athaulfo Mondragón es una de las personas que está dispuesto a de- positar su voto este 21 de noviembre, día también del estudiante.

—Me siento muy querido en elecciones–, dice Athaulfo.

Está en la puerta de su vivienda. Sacó dos sillas y las colocó afuera, al frente de su casa, y ahí me invitó a tomar asiento.

—Por aquí han pasado varios candidatos, y yo los escucho y les ofrezco un vaso de agua o lo que tenga a mano–, cuenta Athaulfo.

Se le nota feliz y despreocupado.

—Siempre he votado y ahora lo haré con más entusiasmo.

Vive solo en su vivienda porque su familia está en Margarita. Aprove- charon un plan turístico que montó un vecino, y el viaje y la estadía les pareció barato y se fueron. Volverán la semana que viene.

—Lamento no tener muchachos pequeños, para que los candidatos los abracen y los carguen.

Dice eso y se ríe. Sabe que también tiene sentido del humor y aprove- cha para darle rienda suelta.

—En tiempo de elecciones uno se convierte en una persona muy im- portante, porque todos los candidatos quieren que uno vote por ellos.

—¿Y qué prometen?

— Mejorar los servicios públicos. Esa es siempre su promesa. El agua, la luz, el transporte, el gas, todo eso lo vienen mejorando desde las prime- ras elecciones que se hicieron en el país.

Se levanta de la silla y entra a la casa. Fue a buscar un volante que le dejó el último candidato que pasó por la casa. Al rato vuelve con el vo- lante en la mano y dice:

—Si aquí quitamos la foto del candidato y colocamos la de otro, nos da- mos cuenta de que la promesa es la misma.

Y es cierto. Se promete allí mejorar el transporte público y el gas. Y sigue diciendo:

—Uno sabe que ellos lo miran a uno como un voto, para ellos pareciera que uno no es una persona, uno es un voto. Y ellos van a la búsqueda de ese voto. Por eso hacen todo lo posible porque uno termine votando por ellos, por eso le decía que en tiempos de elecciones, cuando los can- didatos salen a la caza del voto, uno es una persona muy importante, y eso le permite a uno, por unos días, sentirse como un millonario cual- quiera, porque tiene un voto, una fortuna.

ROBERTO MALAVER