HORIZONTE DE SUCESOS | El black metal llegó al llano XIII

Heathcliff Cedeño

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Era habitual que en la penumbra todo se poblara de sombras salvajes que iban de un lado a otro del cuarto. Formas incomprensibles que luego tomaban la apariencia de animales que se desplazaban con destreza y que después se transformaban en otro objeto o animal distinto.

Esa noche se incorporaron otras cosas a los sueños o alucinaciones. Siempre es difícil distinguir de qué se trata mientras se dispersa la nube pesada del sueño.

Se quedó sentado en la poceta con la luz del baño apagada. Esa oscuridad era interrumpida por los rayos de luz que se colaban de la sala y cocina. La atmósfera psicodélica alimentada por “people are strange when You ‘re alone/women seem wicked you’re unwanted/Streets are uneven, when you’re down” que llegaba nítida desde la sala donde estaba ella, en el sofá rojo con el movimiento nervioso de los pies. Cada uno parece estar en su propia isla, rodeado por los miedos, dolores e incertidumbres, sentimientos exclusivos de quien los alimenta, y que por más que compartamos la atmósfera taciturna que genera el rectángulo donde vivimos, no podemos, aunque tratemos por compasión o convivencia, compartir.

Por un momento me costó saber en qué realidad me encontraba, y si las voces que retumbaban desde el fondo en realidad venían de afuera.

Cuando volví a esta realidad me di cuenta de que aún no había amanecido. Me quité las botas militares y me acosté para tratar de dormir un poco más. Asumí que ya no iba a dormir y saqué los discos del bolso y empecé a detallar las carátulas. Cómo eran discos originales, traían una especie de librito o desplegable donde se podía ver la letra de las canciones y otras fotos.

Heathcliff Cedeño